La duda

Nadia Iglesias Pastor 

Nunca una resolución había sido tan embarazosa para el juez del Haro. Tras consultar el planfleto de aquella clínica de reproducción, la demandante no dudó en someterse a tratamiento. Después de miles de euros, todos los impuestos pagados y nueve meses de plazo sentó a su ginecólogo en el banquillo de los acusados. No es que el embarazo no hubiera prosperado. Como prueba de su efectividad, un par de mellizos habían alumbrado su hogar. Eran dos niños preciosos, uno claramente rubio y de rasgos occidentales y el otro moreno y asiático. La madre, entre sollozos, pedía daños y perjuicios por una cantidad multimillonaria. Su familia, aristocrática y de la más alta tradición nipona, no aceptaba al vástago del pelo dorado.

 

 

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