El torpe

Mayte Martín Tejeda · Madrid 

Verlo allí plantado, sentado en la silla delante de mí, cuando había tenido su cabeza literalmente entre mis piernas, resultaba incómodo. Mi ginecólogo me miraba directamente a los ojos, una parte de mi cuerpo que él apenas conocía. Una sonrisa cínica en su rostro, de suficiencia, con una complicidad que yo no sentía en absoluto. ¡l era el acusado, yo la magistrada que instruía el caso. Su abogado quería agotar el plazo, yo prefería dictar la resolución con rapidez y hacerlo desaparecer de mi vista. Hasta que lo vi, con horror, tratando de llamar mi atención. Con un gesto que trataba de ser discreto pero no lo conseguía, me saludaba en medio de la sala, con un panfleto publicitario bastante explícito sobre el tratamiento del herpes genital. Iba a disfrutar cuando mi marido, inspector de Hacienda, le revisara por sorpresa sus corruptos impuestos.

 

 

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