El día propicio

Alfonso Carlos Parra Olmo · Madrid 

Hoy abandonaría todo. Pero Lourdes tiene cita con el ginecólogo y me ha pedido que recoja la resolución del juicio de un cliente en el 23. Se lo debo: el bebé es mío. Encuentro atasco y aparco mal, en minusválidos. Del portal del despacho despego el panfleto de la manifestación antisistema que justifica mi retraso para mostrarlo al jefe, que franquea mi paso. Me espera Narbona, a quien debo gestionar un pago de impuestos fuera de plazo. Cierro y me siento a teclear mi dimisión. “He tenido un sueño…”, es todo mi argumento. Hago dos llamadas sin esperar a que respondan mientras saco un billete aéreo. Salgo y, sin detenerme, entrego a Narbona la carta y al jefe el teléfono de mi amigo de Hacienda, generando confusión. Abandono a su suerte el cientoventisiete por un taxi. Miro feliz la hora sin ver. Y, con esfuerzo, apago finalmente el infernal despertador.

 

 

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