O no ser

Antonio Leal ¡µlvarez · Sevilla 

Te conozco bien, y por la forma en que mueves la cucharilla del café sé que no me escuchas. Tin, tin, tin. Claro que recuerdo tus aventuras universitarias, las manifestaciones, los panfletos y las detenciones, pero me temo que la declaración de mañana deja poco margen al romanticismo. Tomaste la resolución de poner en peligro constante una carrera como ginecólogo que desde un planteamiento, digamos, más convencional podría haber sido brillante. Ambos sabíamos que tarde o temprano llamarías a mi puerta. Tin, tin, tin. Pero el plazo se acaba, he dedicado muchas horas a este asunto y no puedo permitir que se vaya al garete por dudas de naturaleza demasiado humana. No me preguntes si realmente existe el derecho a mentir. Si se ha impuesto la obligación del prisionero de guerra de intentar la fuga, mentir no es más que su derivación civil. Tin, tin, tin. Oscar, para ya.

 

 

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