Un mal día

Rosario González Arias · Querétano (México) 

Mientras caminaba rumbo al despacho pensaba que nada de lo sucedido habría pasado si se hubiera hecho ginecólogo como quería su padre. Seguro que ahora era la comidilla del juzgado. Acaba de arriesgar treinta años de carrera profesional como abogado en su pequeña ciudad de provincias. Pero es que hacía ya varios juicios que tenía ganas de decirle cuatro cosas a ese joven juez de aires autoritarios que siempre le quitaba la palabra en las comparecencias. Y de repente esa mañana se oyó a si mismo decirle que era un prepotente, que su sueldo salía de los impuestos de todos, que sus sentencias parecían panfletos moralizantes… Sólo reaccionó cuando el agente judicial ya lo estaba sujetando por la toga. Al ver la cara de su cliente sintió una enorme tristeza. Ahora sólo quedaba esperar el plazo para la resolución y un milagro. Pero qué a gusto se había quedado.

 

 

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