I Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Ilustración: Juan Hervás

Flotador de papel

Francisco Javier Romero Pareja · Melilla 

Los vecinos, alarmados por los aullidos lastimeros del cachorro tras la puerta, llamaron por teléfono a la Policía. El infeliz había fallecido de un infarto, sentado frente al televisor mientras consultaba la página de sorteos del teletexto. Como juez de guardia, me tocó levantar el cadáver, no sin antes retirar con disimulo el papelito que el difunto apretaba en su mano. Una corazonada me impulsó a esta acción, impropia de un magistrado con cuarenta años de carrera y un expediente inmaculado. Pero tres divorcios contenciosos con otras tantas esposas, siete hijos gastosos y mi próxima jubilación me sumían en una situación financiera más que complicada. Tras verificar que el boleto contenía la combinación ganadora de una primitiva con bote, comprobé que el finado no dejaba herederos: entendí enseguida que la Divina Providencia me enviaba este último flotador al que asirme para no ahogarme en la miseria...

 

Relatos seleccionados

  • Aventuras de Rodríguez

    Jose Maria Bento San Roman · Galapagar (Madrid) 

    Julio. Un calor tórrido abrasa el asfalto mientras la ciudad se vacía. Victoria y los niños se han instalado ya en el chalet de la sierra. Por las mañanas, cuando les llama por teléfono, sólo oye sus gritos en la piscina jugando con el cachorro que les regaló. - Javi, ponte el flotado, Pedro, no mojes a tu hermana. Mientras su familia disfruta del verano, él soporta una cómoda tregua forzosa. Día a día las llamadas de teléfono van languideciendo al mismo ritmo que las últimas notificaciones. La ciudad recalentada e inhóspita le retiene pero él casi lo agradece. De repente suena el teléfono. Una voz sedosa y femenina le despierta de su modorra. - Necesito urgentemente un buen abogado y me han dicho que Ud. es el mejor en estos casos; estaremos más cómodos en mi casa, estoy convencida de que mi expediente le va a interesar?

     
  • Juicio Final

    Yasmery Loinaz Rosario · Puerto Plata (República Dominicana) 

    Rodolfo se dio cuenta que había despertado. Sentía su cuerpo como un flotador. Anoche antes de cerrar los ojos, suplicó a su Dios perdón y que no le permitiera llegar a este día. Su cachorro ladraba insistentemente, recordándole la fecha esperada. Hizo su rutina con un solo pensamiento: Hoy era el día del juicio. Entró en el maletín aquel expediente al que le consagró los tres años más sofocantes de su vida. Toda su carrera se dedicó a defender grandes narcotraficantes. Cuando salía el teléfono sonó, decidió continuar, dejándolo gritar. Fofo, como le decían sus pocos amigos, había tomado una que otra providencia para este evento. Cuando llegó al tribunal, los pasillos estaban desiertos, el silencio le raspaba la espalda. Al llegar a la sala donde se iba a celebrar la audiencia, descubrió que ayer había sido su último día de vida. Se le había concedido su deseo.

     
  • Un accidente

    Pilar Talamanca López · Madrid 

    El abogado insistió. Según constaba en el expediente el cachorro mordió el flotador y la mujer se hundió irremediablemente en el agua. No sabía nadar. Fue el acusado - su yerno - quien se preocupó al no responder ella al teléfono y decidió pasarse por su casa. La encontró flotando en el agua mecida por los juegos de su perro. Salvó al animal y lo intentó con la mujer empujándola hacia el borde de la piscina agarrándola del cuello queriendo, sin éxito, sacarla de allí. De ahí esas marcas y arañazos. La providencia del juez contenía informes forenses que demostraban que aquella mujer había tomado sedantes. Lo hacía habitualmente. Calmaba sus nervios automedicándose. Su relación era afable. ¿Por qué matarla? El culpable era el perrito y la muerte un simple accidente veraniego. Que el fuera adiestrador de perros era llevar muy lejos la sospecha. Pidió se le declarase inocente.

     
  • La entrevista sorpresa

    Teresa Arjona Calvo · Benidorm (Alicante) 

    Dejé un cuenco con leche junto al cachorro que me regaló mi novio el último viernes, y me dirigí a la entrevista. -DªIsabel, es la señorita para la pasantía- me presentó la secretaria. -Pasa, pasa.Disculpa que no me levante;los puntos me matan.¡Si no fuera por este flotador en mi trasero...!-se disculpó afablemente -Si hoy estoy aquí es por una Providencia de embargo que urge. Tu expediente académico es correcto. Yo necesito descansar y disfrutar del bebé.Si te interesa el trabajo ¡es todo tuyo!- exclamó señalando su mesa repleta de carpetas. Instintivamente mis ojos se clavaron en una fotografía colocada junto al teléfono. Me quedé atónita... -Es, Alfonso, mi marido. Lleva lo mercantíl. Trabaja todos los días menos los viernes que, para relajarse,se va al Club Hípico a montar una yegua que le tiene embobado.¡Hombres!

     

     
  • El diluvio

    Marta Trutxuelo García · Andoain (Gipuzkoa) 

    —¿Me lees un cuento? —Un momentito. Estoy repasando un expediente para el juicio de mañana—respondió el letrado sonriendo a su hijo de cinco años—Hay que estar preparado porque nunca se sabe cuándo puede llegar el diluvio. —¿Diluvio? El abogado le explicó aquel episodio del Antiguo Testamento. Le habló de Noé, del arca y de los animales. El niño escuchaba con los ojos abiertos de par en par. —Y ahora a dormir, cachorrito. Mañana te llevaré al colegio antes de ir al juzgado. Saldremos antes, así que debes estar preparado temprano, ¿eh?—dijo mientras le arropaba. El abogado continuó leyendo las providencias del caso, consultó su agenda en el teléfono móvil y se acostó. Por la mañana fue a despertar a su hijo: —¿Preparado, cachorrito? —Preparado—dijo el niño, que aguardaba expectante a bordo de una barquita hinchable, embutido en un flotador y rodeado de animalitos de peluche.

     
  • Divina providencia

    Antonio Jesús Molina Fernández 

    Hay un secreto escondido dentro de la iglesia del Cachorro. Hubo un feligrés que susurró un terrible secreto al oído del sacerdote justo la tarde antes de que se lo encontraran sobre el río Guadalquivir convertido en un flotador de carne muerta. El juez que levantó el cadáver recibió una misteriosa llamada de teléfono donde una voz entrecortada le explicaba dónde encontrar un expediente de recalificación de terrenos que valía un asesinato. Se formó un jaleo de abogados, periodistas, intereses varios?Para evitar el escándalo todos los grupos políticos pactaron la cesión de los terrenos para fines sociales y la donación a la Iglesia del dinero recaudado. Ese mismo día el sacerdote basó la misa en la importancia de la confesión y la confianza del buen cristiano en la ayuda misericordiosa de la Divina Providencia:?Dios proveerá, hermanos. Dios proveerá?. Y bien que lo sabía.

     
  • Mi perro

    Manuel de la Peña Garrido · Madrid 

    Hay perros policías. Otros adiestrados para robar. Lo raro es un perro picapleitos. Yo tengo uno. No come Derecho, como la piraña de Josejulián, pero ejerce la profesión. Desde cachorro apuntó maneras. Lógico: adornan su pedigrí varias mascotas de ilustres abogados ingleses. Dormita sobre un lecho de providencias y expedientes. Cuando llama un cliente para encargarme un caso, descuelga el teléfono supletorio: si tiene defensa, ladra hasta que acepto. Preparamos juntos las vistas. Controla mis alegatos con movimientos del rabo. No soporta la injusticia. Se pone rabioso si condenan a un inocente o exageran la pena. Vio un deuvedé de mi vecino, el juez del 3, maltratándonos a los abogados con sus arbitrariedades y enloqueció. Encontramos a su señoría yendo a comprar el pan. No pude sujetarlo. Le mordió con saña. Ahora el ropón debe sentarse en un flotador. Mañana nos juzgan.

     
  • Promesas incumplidas

    Francisco Manuel Aguado Blanco · Torrent (Valencia) 

    Aquel verano mi padre incumplió dos promesas: comprar el perrito y enseñarme a nadar. “No molestes a papá. Va para Juez y ha de superar a Riquelme” Trabé amistad con un alacrán al que puse por nombre Uña, y seguí nadando con flotador. Al verano siguiente mis notas fueron peores pero mamá me regaló el cachorro. Al llegar yo a casa, papá llamó por teléfono: “Hijo, he tenido que dictar una providencia de embargo a tu cachorro. Es mi último examen, compréndelo.” El día de su aprobado con número uno, papá me dijo: “¿Qué quieres hacer hoy?” “Aprender a nadar"-sugerí. “Hoy bucearás”-dijo. En el lago nadaba a su aire con gafas, aletas y tubo. Me acerqué con mi flotador hasta él , deseé buen viaje a Uña tubo abajo y regresé a la orilla. El expediente lo inició Riquelme.

     
  • In memóriam

    Miguel Angel Rodríguez Artigas · Montevideo (Uruguay) 

    “Pablito: El 2 de diciembre de 1988, una voz lejana enlutó a la familia. Mientras paseabas tu cachorro dálmata, Lucio Muniz, un adolescente huérfano fugado del Correccional, en moto robada, apagó la chispa de tus 9 años. Papá dejó caer el teléfono; mamá, los expedientes; y los dos, el alma. Ellos, magníficos abogados, hubieran querido morir contigo. Hicieron algo mejor. El tiempo y la providencia me forjaron asistente social; a ti, inconsolable distancia. Eras uno; ahora, una multitud. Porque renaces en cada niño que aferro al bien, como a un flotador, y el mal no hunde. Porque aquella Navidad, el absurdo jardín florido de casa vio cuando nuestros padres, abrazados, encontraron la luz. Si existía alguien privado de afectos, indefenso, ése no era otro que yo, Lucio Muniz, el del Correccional, a quien tomaron en adopción. El mismo que ayer truncó tus mañanas y hoy, ya ves, te está llorando”.

     
  • Al grano

    José Javier Alfaro Calvo · Tudela (Navarra) 

    Aquel cachorro de abogado de la saga de los Iriarte tenía más conchas que un peregrino. Había mamado los grumos de la profesión a la par que los calostros de la teta de su madre. La instrucciones eran claras y venían acuñadas en una frase archirrepetida en el bufete familiar: “dejarse de sentimentalismos e ir siempre al grano, que tampoco es cuestión de quitar el pan a psicólogos, predicadores y oenegés”. Así que, antes de entrar en harina, solicitó al cliente una generosa providencia de fondos y anotó su teléfono junto al número del expediente, que mentaría siempre adornado con otrosís y considerandos, tanto para recordarle posibles retrasos pecuniarios como para demostrar el oportuno toque de seguridad. Ah, y si la angustia del proceso provocaba en el cliente los inevitables síntomas de ahogamiento, como decía la matriarca del clan, “mándale un flotador”.

     
  • Cosas que unen

    Rocío Sierra Aguilar · Santiago de Cudeyo (Cantabria) 

    "Tu padre es importante, esta ocupado y tiene clientes que atender para poder mantener esta casa..." convincentes argumentos de mi madre para justificar el desastre de padre que me había tocado en suerte. "¡Los hombre no están para estas cosas! ¡Es que es abogado!" explicaba cómplice a las amigas, cuando, un año más, no asistía a mi fiesta de cumpleaños. Los regalos-decepción se iban acumulando, desde aquel cachorro Yorkshire que mordió a la abuela y le obligó a pasarse 2 semanas sentada sobre un flotador, hasta el teléfono movil "igualito igualito" al de Paris Hilton. Será cosa de la providencia, pero la primera vez que me detuvieron fue el día de mi 21 cumpleaños, mi padre no tuvo más remedio que ir a verme y dedicarme tiempo, auque sólo fuera para leer mi expediente. Desde entonces solemos repetir nuestra celebración padre-hija. Eso une.

     
  • La hoguera

    Rafael García Martín 

    El teléfono sonó triste aquella mañana, como un mal augurio, así que prefirió no descolgar. Desde la ventana de la cocina podía ver cómo las olas acercaban a la orilla los restos de un flotador, lo que constituía una lamentable metáfora de su vida. Se sentó en su despacho saboreando una taza de té, y sintió a Iscra mordisquearle las zapatillas. Aquel cachorro de cocker era lo único que conservaba de su relación con Ivette. Delante de él, una montaña de expedientes crecía desde hacía meses, sin que pudiera hacer nada por remediarlo. Soñaba con una especie de mágica providencia que los hiciera desaparecer cuando, súbitamente, Iscra se levantó, corrió hacia la chimenea y comenzó a ladrar con fuerza. Fue su inspiración. Recostado en la butaca le pareció distinguir su prestigio envuelto entre las llamas, pero no le importó. Sonrió plácidamente mientras Iscra, a sus pies, le miraba con ternura.

     
  • Falsa Identidad

    Esther Calzada del Amo · Madrid 

    Benito era inexperto en seguir rastros. Con la impaciencia propia de la juventud saltaba de una pista a otra en su afán por acumular información, era normal, sólo tenía seis meses, aún era cachorro. La providencia, con nombre de mujer, se lo había regalado con la intención de que pensara en otro ser que no fuera él mismo, sin embargo Benito había iniciado un peligroso camino de emulación que iba más a allá del parecido razonable entre perro y dueño: dormía sobre el expediente que todas las noches se llevaba a la cama para repasar, avisaba de la llamada del teléfono y se tumbaba panza arriba al oír citar cualquier ley. Ayer se lo encontró sentado en el sillón del despacho, sobre el flotador que le alivia las almorranas, golpeando nervioso el teclado del ordenador con sus patas.

     
  • Expediente perruno

    Alejandro J. Pérez Morán · A Coruña 

    Carlos no podía creerlo, pero estaba escrito en el expediente. Su cliente denunciaba al servicio de emergencias 061 pues, al parecer, no dieron crédito a la llamada que su cachorro de caniche había realizado desde el teléfono del domicilio. Debido a esta desatención su gata persa Cuqui pereció ahogada en la piscina. Increíblemente la providencia judicial aceptaba la causa. El juicio fue kafkiano, risas, lloros, ladridos… La astuta defensa atacó: -¿Disponen de flotadores en su piscina? -Si es así, ¿por qué su caniche Paqui no le arrojo un flotador a Cuqui? El 061 salió indemne pero Paqui paso el resto de su canina existencia entre rejas. Se había hecho justicia.

     
  • El regalo

    Alejandro Conde Arias-Salgado · Valladolid 

    El ilustre letrado neoyorkino Byron Goldwater no dejaba de pensar en su hija. Elizabeth había añadido otra matrícula de honor a su expediente. Su orgulloso padre recibió la noticia por teléfono, poco antes de embarcar en Southampton. -Pídeme lo que quieras-, se rindió ante la niña... Sólo habían pasado tres días. “Lo que quieras”, murmuró un exhausto Goldwater en medio de la oscuridad, mientras el frío letal avanzaba sin oposición por sus huesos. Consciente de que el tiempo se acababa, reunió sus últimas fuerzas para amarrar el regalo de Elizabeth con la cuerda del flotador. Luego maldijo a la Providencia y se dejó hundir en el negro abismo. El barco de salvamento arribó al lugar una hora después, iluminando con su foco el blanquecino redondel de caucho, rotulado con la inscripción RMS Titanic, sobre el cual se agitaba un aterido cachorro de Spaniel.

     
  • El juez ajusticiado

    Ataúlfo Solís · Puertollano (Ciudad Real) 

    Se llamaba Justo. Era juez. Y aplicaba la ley al pie de la letra. Despertador y teléfono móvil, milagrosamente, unieron su sonido para anunciar a Su Señoría la hora del despertar. No fue necesario. El juez llevaba sin dormir una eternidad esperando este momento: Hoy era su último juicio. Y allá que te va, toga en ristre, puñetas almidonadas, corazón encogido, volando literalmente hacia la Corte Suprema. Se mascaba el acojone. El expediente ocupaba toda la mesa. En sus tripas, el auto que justificó la injusticia, la providencia que nada justificaba, la sentencia que condenó al inocente. En el banquillo, el Juez Justo, cabizbajo, como un cachorro a la deriva, agarrado al imaginario flotador de su suerte. La Vista fue vista y no vista. El Tribunal Unipersonal dictó, infalible, sentencia condenatoria. En su turno de última palabra el juez apostilló: “Sabía, que en el Juicio Final, la cagaría”.

     
  • Crematorio

    ¡µngela Martínez Duce 

    Jamás pensó que se atrevería. Siempre había sido el hijo obediente, el cachorro amaestrado del eminente abogado. Un sol de julio caía con justicia y convertía el despacho en un crematorio. Contempló la foto que había sobre la mesa. Un niño se agarraba el flotador; en sus ojos se adivinaba el miedo. Recordó aquel instante. La mirada recriminatoria del padre todavía le perseguía. Ahora la Providencia había dictado sentencia. Al día siguiente los periódicos abrirían con la noticia de la presunta implicación del notable letrado. El teléfono le sobresaltó. Pensó en hacer una última llamada; inútil, el viejo nunca lo encajaría. Tiró al suelo expedientes y carpetas. Encendió un cigarro y se dirigió a la puerta. En sus ojos de nuevo el miedo. Cumplió con su papel; tiró la colilla, cerró la puerta.

     
  • La noticia

    Victoria Eugenia Martin Garcia · Vitoria 

    Llevar aquel teléfono móvil en vacaciones era tentar a la suerte, ella lo sabía. Que la arena no es sitio para expedientes ni providencias. Sabía también que el mes de agosto era un purgatorio para muchas parejas, pero, aquello... Aquello era demasiado. Miró el despertador y, con el regusto amargo de los que se levantan sin ilusión, salió a pasear el cachorro que sus compañeros de despacho le regalaron por sus bodas de plata como abogada. La mañana estaba limpia, salvo por unas nubes deshilachadas. Unas inglesas nadaban con flotador. Notó que le vibraba el móvil. Eran de la oficina: no entendió lo que le decían, tuvieron que repetírselo tres veces. Una demanda de divorcio de su marido. Se sentó en la orilla, miró las nubes y a sus ojos afluyó todo el dolor que tantas veces vio en el rostro de sus clientes.

     
  • Tres sexenios

    Víctor Salgado Ferreiro · Rivas Vaciamadrid 

    Me citó por teléfono. Acudí a su despacho al anochecer. En mi decimoctavo cumpleaños, el viejo abogado de mi padre me entregó el tercer sobre. Recibí el primero a los seis años, el segundo a los doce. Los dos primeros sobres contenían daguerrotipos familiares. Curiosamente, la imagen de papá siempre estaba en penumbra. Un mes después de mi nacimiento, mis padres desaparecieron en extrañas circunstancias durante un crucero. Del yate, tan sólo encontraron un flotador. El expediente del naufragio fue extraviado por la policía. He necesitado tres sexenios (6-6-6) para conocer la verdadera identidad de mi progenitor. El último sobre guardaba un códice miniado con instrucciones precisas para el cachorro de la Bestia. En efecto, soy hijo de Satanás pero jamás compartí su gusto por las tinieblas. ¡Pobre papá!, soy más parecido a mamá. Me he encomendado a la Providencia, y he cambiado de abogado.

     
  • El legado Polvorosa

    Felisa Lería Mackay · Sevilla 

    El cachorro de pastor alemán mordisquea mis zapatillas mientras intento concentrarme en el expediente. Un asunto fácil, una simple pelea entre vecinos. Suena el teléfono: “Pili, cariño, no te olvides que tienes que comprar el pan, el periódico y el flotador que le prometí a mi sobrino Miguelito. Recuerda que esta noche cenamos con mis compañeros; ve a la pelu, ponte guapa ¿eh? ¡Ah, por cierto!, recoge también mi chaqueta de la tintorería”. “¡Caramba!” contesto, malhumorada, “¡como no me ayude la Divina Providencia, mañana pierdo el juicio! ¡Y encima estoy sin tabaco!”. “No fumes, mujer, que es malo”. Cuelgo y salgo con el perro a comprar una cajetilla. Abstraída, llego al estanco que hay en la estación y, casi sin darme cuenta, cojo un tren de lejanías…lo mismo que hizo el año 1909 mi ilustre antepasado, D. Melquíades Polvorosa, que también era abogado, también estaba recién casado y también fumaba.

     
  • La señora García

    Diego Aránega Pérez · Lleida 

    Apenas me recuperaba del expediente de regulación de empleo que me dejó en el paro cuando sonó el teléfono: - Buenos días, soy el abogado del señor García, su vecino. - ¿Qué desea? - ¿Usted tiene un perro? - Apenas un cachorro. ¿Ha causado algún daño? - ¿Algún daño? Sepa usted que mi cliente le ha denunciado porque su “cachorro” ha atacado a la señora García. Sólo la Divina Providencia la ha salvado. - ¿Pero qué dice? Admito que hace un par de días se escapó y que regresó con un trozo de flotador entre las fauces, pero nada más. - Por tanto, admite el crimen. - ¿Crimen? ¿Está loco? - ¡Nos veremos en el juzgado!-gritó Así fue como me condenaron a 33 días de trabajo para la comunidad porque mi perro había dado un par de dentelladas a la señora García, una muñeca hinchable de más de 1.500 euros.

     
  • Divina Providencia

    Javier Martínez Vila 

    En el país de las Ejecutorias, a 30 de febrero de cada año. PROVIDENCIA: Habiendo sido recibidas las quejas formuladas por la sociedad profesional CACHORROS JURIDICOS, C.B. referentes a los pleitos heredados, únanse a los autos de su razón -si aparecen-. Apercíbase a dicha entidad de la conveniencia de utilizar en lo sucesivo el vocablo “FLOTADORES” para denominar a aquéllos clientes cuyos expedientes merecen el calificativo de perpetuos, al igual que sus constantes, insidiosas e inoportunas llamadas de teléfono. Fdo.: El Juez de refuerzo, por delegación del sustituto del titular, que al igual que sus predecesores, ascendió a Magistrado y solicitó nuevo destino cuando llegó el momento de empezar a resolver.

     
  • Amores que matan

    luis alfonso hernandez rijo · Arrecife (Lanzarote) 

    Si pudiera volver otra vez a aquella vista por el asesinato de Vargas, le preguntaría a esa perra por las llamadas que hizo desde el teléfono del Pontiac y por la presencia de sus cachorros muy cerca de El Pantalán donde apareció destrozado e inflado como un flotador el cuerpo del magnate de los diamantes, pediría esta vez el expediente bancario de los movimientos de su cuenta de Caimán y le pediría explicación por las transferencias que se hicieron pocos días antes del asesinato, luego la desnudaría con mis preguntas certeras hasta que sus ojos azules implorasen piedad ante el Tribunal, pero lo cierto es que no puedo, si la providencia la pusiese otra vez ante mí lo único que le preguntaría es porqué se marchó así sin decir adiós, le diría que aún estoy enamorado de ella y que me dejaría utilizar otra vez.

     
  • Noche de agosto

    Manuel Merenciano Felipe · L Eliana (Valencia) 

    Es noche de agosto, húmeda y limpia. Tendida sobre el césped, me abstraigo contemplando la lluvia de estrellas. Siento una inmensa plenitud. Mamá tiene razón: somos unas privilegiadas, como tocadas por la Divina Providencia. Mi destacado expediente me ha permitido ascender a la Magistratura, y papá acaba de heredar una ingente fortuna. El destello de las luciérnagas fragmenta en puntos la oscuridad. Durante unos instantes pienso también en los desdichados, en los desvalidos. La vida es injusta y desigual. Rudy, nuestro cachorro, duerme acurrucado bajo el farolillo del porche. A ratos se le escapa un gracioso gemido. Cierro los ojos; el susurro de las hojas acrecienta mi sensación de paz. Suena el teléfono móvil. Es mamá; está de guardia en el juzgado. Habla muy bajito; quiere saber si al final pinché el flotador. El agua borbotea en la piscina. Mansamente, emerge a la superficie el cuerpo inflado de papá.

     
  • Una mala idea

    María Begoña Castilla Cartiel · Zaragoza 

    No puedo dormir. Lo sabía, ese parpadeo del teléfono móvil no era una buena señal. Con fastidio oigo tus excusas, balbucear disculpas. Me cansas, estoy harta de tenerte alrededor, como un cachorro babeando una caricia de mi mano, mendigando un gesto de cariño que me resulta imposible fingir.

    Vaya broma de la Divina Providencia el día que me turnaron tu expediente de divorcio. No me podía creer lo encantador que eras, educado, guapo, respetuoso. Me contaste lo feliz que habías sido en tu matrimonio, y como, por unas malas inversiones estabas en la ruina. Tu mundo se había venido abajo y tu matrimonio, el que tú creías una tabla de salvación, un flotador de seguridad se había desmoronado al ritmo de tu bancarrota. Sentí lástima por lo que yo califiqué de una terrible injusticia. Metí la pata, iniciamos una relación que ahora me pesa. No te soporto. Simplemente te odio.

     
  • En su punto

    Manuel Molina Domínguez · Palma de Mallorca 

    Mientras se tocaba el incipiente “flotador” y valoraba si pediría postre, reflexionaba sobre otros asuntos, como acostumbraba a hacer, en el Asador Parrilla “La Providencia”, junto a los Juzgados. La historia se repetía. Años como Magistrado y seguían apareciendo una y otra vez. Jóvenes e impetuosos cachorros de Fiscal recién estrenados que, ávidos de investigar y remover expedientes, no respetaban la paz ni los asuntos privados de un pobre Juez. Pero aquel último muchacho había sido especialmente molesto. Afortunadamente, como otros antes que él, había desaparecido misteriosa y repentinamente. Desde entonces los teléfonos no dejaban de sonar. Pero el revuelo acabaría calmándose, como siempre. Observó con cierta melancolía el trozo de solomillo poco hecho pinchado en su tenedor. Después cruzó una mirada con Aníbal, el cocinero, quien había sido abogado antes de encontrar su verdadera vocación. Éste le guiñó un ojo. Buen chico este Aníbal. Y siempre tan útil.

     
  • La jugarreta

    Emma Rosa Rodríguez González · Lugones (Asturias) 

    En cuanto sonó el teléfono el abogado intuyó que, otra vez, la providencia actuaba en su contra. Lo que no tenía muy claro era si aquella provenía de un ser divino o simplemente humano. Cuando le confirmaron que se había perdido el expediente se sintió impotente, de nuevo, otro caso del flotador asesino quedaría sin resolverse por falta de pruebas. El juez al enterarse del extravío puso cara de pócker y musitó por lo bajo, pero al llegar a su casa fue directo a la caseta donde estaban los cachorros y le gritó a su perra: “Que sea la última vez que te escapas a la playa y te acercas a un bañista inexperto…”.

     
  • Abogado del diablo

    Nuria Gómez Lacruz · Madrid 

    Soy un abogado famoso desde que el Diablo me contrató. ¿Me contrató? Acaso sea el momento de contar la verdad. Tras atender una misteriosa llamada de teléfono, acudí a una cita inquietante, sin red de seguridad ni flotador, acompañado sólo por un cachorro de mastín que nunca mostró signos de bravura. Quizá confié en que la providencia me echaría una mano. Un extraño personaje con cuernos y rabo me abordó, arrastrándome a este siniestro lugar donde las almas afligidas deambulan por entre el vapor de las calderas. “Abogado -me dijo- San Pedro se niega a abrirme las puertas del Paraíso. Necesito entrar allí para robar cien almas. Negocia con él y, cuando doblegues su voluntad, serás eternamente libre”. La policía ha clasificado mi desaparición como un expediente X, sin sospechar que un cliente de mala calaña ha obtenido por la fuerza la exclusividad de mis servicios profesionales.

     
  • Asdrúbal

    José Aristóbulo Ramírez Barrero 

    Cuando llamé por teléfono, la vieja que me atendió me aseguró que se trataba de un cachorro de aguas legítimo y linajudo. Paparruchas, Asdrúbal es una mezcla de razas a cual más vulgar. Una chanda criolla mezcla de lo peor. Pero, aclaro, no fue por el engaño que destrocé la tienda de venta de mascotas. Si leen el expediente de mi caso o su providencia, se enterarán que lo hice porque no quisieron hacer justicia. Asdrúbal, no es un can flotador y perdiguero sino un gozque que conoce al dedillo los vericuetos de nuestra ley. Traté de reivindicar el origen mestizo de mi perro, no me pararon bolas. Enfurecido, rompí lo que se me puso en frente. Me aprehendieron y encanaron sin escuchar razones. No obstante, ya se acerca mi hora. El juez me llama a juicio¡€™La cara que pondrán propios y extraños... ¡¨Adivinen quién será mi abogado?

     
  • El truco nemotécnico

    David Arturo Serrano Rodríguez · Guadarrama (Madrid) 

    Hay personas que nacen predestinadas por su nombre. En el caso de Providencia Morgan la duda me asaltó nada más conocerla, cuando siendo un cachorro recién llegado al bufete, avanzaba todas las mañanas hacia mí abrazada al expediente de turno que ocultaba sus generosos pechos. Por entonces, luchábamos por un puesto fijo otro compañero y yo. Mi período de prácticas transcurría por la mañana entre esos bamboleos hipnóticos en los que ya podía sonar el teléfono, ser solicitado urgentemente o acabarse el mundo que mi pensamiento, al igual que en la noche, sólo intentaba desembarazarse de los dichosos papeles que se interponían entre esos senos turgentes y yo. Expirado el tiempo de prácticas, los socios decidieron realizar una prueba memorística que determinase nuestra contratación; imposible olvidar el expediente del vestido rosa chicle, que cual flotador recién inflado me atormentó durante días.

     
  • ¿Dónde está curro?

    Vicente Kuster Santa-Cruz · Valencia 

    Dejé el expediente encima de la mesa y salí raudo a la llamada de auxilio de mi vecina. Su cachorro había quedado atrapado en la escalera de la piscina y los intentos por soltarlo hacía diez minutos que se habían ido al traste. La providencia quiso que recordara un caso sufrido tiempo atrás, de soltero, en una de las fiestas a las que acudía en compañía de amigos. El perro, agotado, todavía respiraba cuando decidí desmontar la escalera desde arriba y alzarla con ayuda de dos hombres. Ahí estaba ‘Curro’, con su flotador y sus gafas de sol, dispuesto a comerse el mundo y a punto de decir adiós para siempre. Esta vez, ni la Primitiva ni todo el dinero del mundo lograrían separarlo de su dueña. De vuelta a casa, una llamada de teléfono confirmaba mis sospechas: Curro había escapado de nuevo. ¡Maldito parné!

     
  • Merecidas vacaciones

    María Luisa Ventura Sánchez 

    Dado que por la actora se ha interpuesto Recurso de Reposición contra la providencia de fecha 11 de enero……… El timbre del teléfono interrumpió el discurso de la letrada. La juez dirigió una mirada furibunda hacia la sala, cerró con irritación la carpeta que contenía el expediente y ordenó: ¡Póngase en pié el responsable de la interrupción! Nadie contestó. ¡SILENCIO ABSOLUTO! Así, que esas tenemos ¿verdad?. Hizo una pausa recorriendo la sala con la mirada. Está bien, -dijo con contenida ira - ustedes lo han querido. Se puso en pie, se desprendió de la toga, ordenó su rubia melena, abrió un cajón del estrado, sacó unas gafas de sol y un flotador, y tiró de una correa sujeta a los bajos de su sillón de reinona, arrastrando tras de sí un cachorro de pekinés. ¡Vamos serafín!, - dijo saliendo, ante la atónita mirada de los presentes.

     
  • El mejor amigo

    Julián Muñoz Carrasco · Galdácano (Vizcaya) 

    El teléfono empezó a vibrar sobre la mesa de la terraza del bar. -Si. -¿Sra. Camps? -Ajá. -Es el Departamento de Policía, le llamábamos para comunicarle que su marido ha sufrido un accidente –la esposa se quedó muda-, esto, ¿sigue ahí? No se preocupe, él se encuentra perfectamente. Los muchachos dicen que es todo un Expediente X, su esposo se cayó a la piscina; como usted sabrá, no sabe nadar, pero resulta que el cachorro…, ¿cómo se llama? -Chispa. -Pues resulta que Chispa; al ver lo que pasaba, se acercó y le lanzó un flotador a su marido, ¡pero si ese cacho de plástico es más grande que el! -Voy para allá –contestó la mujer mientras maldecía en silencio, y pensaba cómo iba a explicarle a su abogado y amante que la Providencia había vuelto a salvar al viejo. La herencia; una vez más, se escurría entre sus dedos…

     
  • Defensa numantina

    Francisco Blanco Guirao · Murcia 

    El abogado debió pensar que fue la Providencia quién puso en su camino aquél hermoso cachorro para intentar al menos cubrir el expediente.
    "Véalo usted mismo Señoría", dijo sosteniéndolo en una mano mientras apoyaba la otra sobre el hombro de su cliente, un atractivo cuarentón. "Cierto que los ocupantes de otro yate próximo vieron hundirse a su rica y anciana esposa por culpa del pinchazo en el único flotador a bordo, que él revisaba periódicamente", añadió serio. "Y cierto también que no atendió sus llamadas de auxilio - atenuadas sin duda por el estruendo del oleaje repentinamente levantado - hasta terminar la conversación mantenida en su teléfono móvil", concedió aún. "Pero...¡¡¨cómo puede reprochársele - casi gritó levantando al animal para que todos lo vieran - que sacara primero al perro, bañado por ella en ese momento, después de oírle decir tantas veces que lo amaba más que a su vida?!"...

     
  • Pericia y declaración

    Cecilia Rodríguez Bové · Valencia 

    Era la vista oral y por tanto la fase decisoria del proceso penal por el homicidio de aquel hombre estrangulado en su casa con un flotador. La única acusada y pareja de la victima sería llamada a declarar y el abogado confiaba que, con su pericia y experiencia, podría conducir a buen puerto la declaración de su cliente. Ignorando el teléfono móvil que se iluminaba chispeante sobre la mesa, guardó la providencia judicial y otros papeles dentro del expediente y se dirigió a la acusada. - Exponga detalladamente su relación con la victima y cómo se siente con su pérdida. - Con esa bola de cebo viejo, necio, insolente, mentiroso, malhumorado, grosero, tacaño, vulgar, impotente y caprichoso, mantenía una relación sentimental. Me trataba como a un cachorro y solo echo de menos sus consejos para aprender a nadar. - Si, pero... en fin... No hay mas preguntas.

     
  • Persuasión

    Jose Antonio Carretero Guillén · Sevilla 

    Descolgué el teléfono, oh dios, era ella.- Cariño, ¿porque no dejas esos expedientes ya y vienes a casa?. – Aun me queda mucho, no puedo. – Vamos cielo tu cachorro y yo estamos esperando para que juegues con nosotros, sobre todo yo. – Enserio, no sabes cuantas ganas tengo, pero estoy hasta las cejas. - ¿Seguro que no? . Suspiré, la providencia me había dado a la mujer que mejor sabía convencer y hacer disfrutar a un hombre. – Llegare tarde cariño, no te quedes despierta. – ¿Si? Es una pena, mi amiga Ana se marchara antes de que tú llegues, y las dos estamos tan solitas jugando con ese flotador en el jacuzzi. Colgué, eche de mala manera el expediente por allí, me levante tirando la silla y rebusque mis llaves, después de todo un marido debe ir cuando su mujer lo necesita.

     
  • La Herencia

    Benigno Rodolfo Palero Valdivia · Lima (Perú) 

    A medio festejo de la boda del novel abogado Copertino Morales, su padre, también abogado, tomó la palabra: Señoras y señores, hoy, por la divina providencia se casa mi amado hijo, mi cachorro, y le hago entrega de estos doce expedientes que han sido tradición en la familia. ¡Cuidadlo y defendedlo con honor, hijo mío! Los asistentes aplaudieron el rito, algunos sin entender casi nada sobre tal solemnidad. Pasados seis meses, Copertino, lleno de júbilo avisó a su padre por teléfono: ¡Padre, he resuelto todos los expedientes que Ud. me dio! Luego de un profundo silencio, el padre contestó: ¡Qué estupidez, hijo! ¡Esos doce expedientes dieron de comer, vestir y tener lujos a tus abuelos y a nosotros…! ¡Eran los flotadores de la familia! Tu deber era extenderlo a la próxima generación… Bueno, ahora jódete.

     
  • Doble juego

    Ana Belén Hernando Bibiano · Guadarrama (Madrid) 

    Eres consciente de que en estos momentos la divina providencia eres tú. Llevas mucho tiempo jugando a ser Dios, tanto que has olvidado que sólo eres un hombre que juega. Inocente o culpable, pulgar arriba o pulgar abajo… Abres el expediente como si te interesara. Frente a ti, un cachorro que parece inofensivo espera tu veredicto en medio de una pelea de perros a la que ya no prestas atención. Tu mente está en otro sitio. Sobre tus rodillas has colocado disimuladamente el teléfono móvil esperando impaciente un mensaje. Vuelves a mirar al náufrago y cuando ves que el mar está en calma, que no se oyen voces, que todos te miran, decides lanzar el flotador. Pulgar arriba. Inocente. Se vuelve a escuchar un murmullo al que de nuevo no haces caso, aislándote definitivamente en el sms que acaba de entrar: “A las 12 partida de póker en El Prevaricador”.

     
  • ¡Qué suerte!

    Lola Sánchez Lázaro- Carrasco · Pozuelo de Alarcón (Madrid) 

    '-¡¡Seis!! ¡Seis aciertos! ¡No puedo creerlo! ¡Soy rico! ¡¡Ricooo!! Como el cachorro ese del anuncio. ¿Cómo se llamaba? Mmmm...¡Sí! Pancho, el que abandonó a su dueño con los millones de la lotería y sale esplendoroso en un mar caribeño embutido en un flotador rodeado de tías estupendas. ¡Joder, qué suerte tengo! Yo, como Pancho, dejaré a mi jefe, que me tiene hasta las pelotas. Cinco años en el bufete y sigo siendo el último mono. Adiós a expedientes, providencias de embargo, de apremio, y...¡al Caribe! Sí, ya puedes sonar teléfono maldito, que no te haré ni caso. Pero, ¿y si es algo importante? -¿Dígame? -Benito, joder, ¿otra vez te has quedado dormido? Lo tuyo es fuerte, ¿eh? -¡Dormido? ¡No puede ser verdad! ¡Maldita sea mi suerte! -Anda espabilao, ven corriendo que el jefe está que trina...

     
  • El heredero

    Marta Currás Martínez · Vigo (Pontevedra) 

    Cuando mi pasante me mostró aquel extraño error en el expediente, sentí que la Divina Providencia me rescataba del naufragio lanzándome un flotador. Tras la repentina muerte de mi padre, mi secretaria me había abandonado por un jefe abstemio y el despacho se hundía en el desastre. Apenas sonaba ya el teléfono, así que - dispuesto a recuperar la imagen honrada y competente lograda por mi progenitor - contraté a un ávido cachorro de abogado y le encargué la deshonrosa tarea de ordenar los viejos legajos del archivo. ¡l chaval aborrecía ambas misiones casi tanto como a mí, pero éstas parecían haber dado su fruto. Repasé despacio el expediente del diputado absuelto tras el escándalo inmobiliario. Sin duda, el viejo zorro había dejado un cabo suelto. Me serví otro vaso de Bourbon, esta vez a la salud de mi padre: al fin y al cabo, pensé, no éramos tan diferentes.

     
  • El Magistrado

    Ana Poveda Ribes 

    María oía la voz del Magistrado a través de la puerta mientras limpiaba el polvo de la cómoda del pasillo. Hablaba airadamente por teléfono con uno de sus compañeros. Quería revocar una sentencia, contra el criterio de la Sala, manchando así su expediente intachable por un capricho desconocido. Cada día que pasaba se repetía la misma conversación, el mismo empeño. El acaloramiento le modificaba la voz que parecía más ronca. María apartó con el pié al cachorro que mordía su flotador de lunares junto a la puerta y entró en el despacho que estaba vacío. Al pasar el plumero por encima de la chimenea alzó un pequeño cofre de madera oscura y agitando las cenizas que contenía dijo: ¡Deje de bramar D. Enrique, que la providencia ya dispuso....!

     
  • Vacaciones con sorpresa

    Maribel Romero Soler · Elche (Alicante) 

    Tenía el equipaje cargado en el coche, el perro, la jaula con los periquitos y hasta el flotador gigante con forma de pato, cuando recibí una inquietante llamada de teléfono de mi abogado. —Olvídate de las vacaciones —me dijo—, acabo de recibir una providencia de embargo contra tu apartamento en la playa. —Eso es imposible —añadí extrañado. —He revisado el expediente y es correcto —corroboró—. Se trata de una denuncia interpuesta por la tienda de animales domésticos donde compraste el chucho, dicen que no pagaste la factura. —¡Cómo voy a pagar! Compré un cachorro de chihuahua y ha resultado ser de San Bernardo, casi no me cabe en el todoterreno. ¿Qué puedo hacer? —De momento ir buscando otro destino para tu descanso, te recuerdo que en agosto cierran los juzgados. No me lo podía creer. Tuve que pasar las vacaciones en casa de mi suegra.

     
  • Pasmado

    Francisco S. Ramírez Bullón · Valencia 

    La peluda mano del juez ocultó un involuntario bostezo en la sala donde las partes llevaban enzarzadas más de una hora por un asunto nimio. Su Señoría no acertaba a entender que hubiera personas dispuestas a pleitear por cuestiones que, claramente, podían resolverse extrajudicialmente. “Y le repito que el cachorro de pastor alemán del vecino saltó a nuestro jardín, mordió el flotador de mi chiquillo y lo pinchó”, decía en ese momento el demandante. Ni el sonido de un teléfono móvil habría interrumpido aquella vehemente disputa; el magistrado volvió a ojear por aburrimiento el expediente y, al cerrarlo, un papelito adhesivo de color amarillo revoloteó por su cuenta en el estrado. El juez lo atrapó al vuelo y leyó: “Dictar providencia para sobreseer. Es de la Oficina del Consumidor. Error de reparto.” Una sonrisa movió sus labios y comenzó a disfrutar del espectáculo que se desarrollaba ante él.

     
  • El cachorro

    María Antonia Cobos Avilés · Dampierre sous Bouhy (Francia) 

    Había inaugurado mi despacho de abogado hacía un mes y nadie había llamado aún a mi puerta. Pensaba inocentemente que todos los casos que le sobraban al prestigioso abogado para el que había trabajado de pasante irían a parar a mis manos en cuanto yo abriera mi propio gabinete. Un día creí que la providencia se apiadaría por fin de mí al oír una cantarina voz al teléfono pidiéndome una cita. Con una amplia sonrisa recibí a la rubia y elegante Srta. Piñero. Entró en mi despacho como brisa marina, con un cachorro de Yorkshire en brazos. “Mi Cherí casi se ahoga en la piscina por culpa de un flotador defectuoso. ¡Quiero demandar a la empresa fabricante del salvavidas!” Sin inmutarme a pesar de mi desconcierto, le pregunté mientras abría un expediente para su caso: “¿Ha traído Usted la factura?”.