Una mala idea

María Begoña Castilla Cartiel · Zaragoza 

No puedo dormir. Lo sabía, ese parpadeo del teléfono móvil no era una buena señal. Con fastidio oigo tus excusas, balbucear disculpas. Me cansas, estoy harta de tenerte alrededor, como un cachorro babeando una caricia de mi mano, mendigando un gesto de cariño que me resulta imposible fingir.

Vaya broma de la Divina Providencia el día que me turnaron tu expediente de divorcio. No me podía creer lo encantador que eras, educado, guapo, respetuoso. Me contaste lo feliz que habías sido en tu matrimonio, y como, por unas malas inversiones estabas en la ruina. Tu mundo se había venido abajo y tu matrimonio, el que tú creías una tabla de salvación, un flotador de seguridad se había desmoronado al ritmo de tu bancarrota. Sentí lástima por lo que yo califiqué de una terrible injusticia. Metí la pata, iniciamos una relación que ahora me pesa. No te soporto. Simplemente te odio.

 

 

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