In memóriam

Miguel Angel Rodríguez Artigas · Montevideo (Uruguay) 

“Pablito: El 2 de diciembre de 1988, una voz lejana enlutó a la familia. Mientras paseabas tu cachorro dálmata, Lucio Muniz, un adolescente huérfano fugado del Correccional, en moto robada, apagó la chispa de tus 9 años. Papá dejó caer el teléfono; mamá, los expedientes; y los dos, el alma. Ellos, magníficos abogados, hubieran querido morir contigo. Hicieron algo mejor. El tiempo y la providencia me forjaron asistente social; a ti, inconsolable distancia. Eras uno; ahora, una multitud. Porque renaces en cada niño que aferro al bien, como a un flotador, y el mal no hunde. Porque aquella Navidad, el absurdo jardín florido de casa vio cuando nuestros padres, abrazados, encontraron la luz. Si existía alguien privado de afectos, indefenso, ése no era otro que yo, Lucio Muniz, el del Correccional, a quien tomaron en adopción. El mismo que ayer truncó tus mañanas y hoy, ya ves, te está llorando”.

 

 

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