El legado Polvorosa

Felisa Lería Mackay · Sevilla 

El cachorro de pastor alemán mordisquea mis zapatillas mientras intento concentrarme en el expediente. Un asunto fácil, una simple pelea entre vecinos. Suena el teléfono: “Pili, cariño, no te olvides que tienes que comprar el pan, el periódico y el flotador que le prometí a mi sobrino Miguelito. Recuerda que esta noche cenamos con mis compañeros; ve a la pelu, ponte guapa ¿eh? ¡Ah, por cierto!, recoge también mi chaqueta de la tintorería”. “¡Caramba!” contesto, malhumorada, “¡como no me ayude la Divina Providencia, mañana pierdo el juicio! ¡Y encima estoy sin tabaco!”. “No fumes, mujer, que es malo”. Cuelgo y salgo con el perro a comprar una cajetilla. Abstraída, llego al estanco que hay en la estación y, casi sin darme cuenta, cojo un tren de lejanías…lo mismo que hizo el año 1909 mi ilustre antepasado, D. Melquíades Polvorosa, que también era abogado, también estaba recién casado y también fumaba.

 

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