El cachorro

María Antonia Cobos Avilés · Dampierre sous Bouhy (Francia) 

Había inaugurado mi despacho de abogado hacía un mes y nadie había llamado aún a mi puerta. Pensaba inocentemente que todos los casos que le sobraban al prestigioso abogado para el que había trabajado de pasante irían a parar a mis manos en cuanto yo abriera mi propio gabinete. Un día creí que la providencia se apiadaría por fin de mí al oír una cantarina voz al teléfono pidiéndome una cita. Con una amplia sonrisa recibí a la rubia y elegante Srta. Piñero. Entró en mi despacho como brisa marina, con un cachorro de Yorkshire en brazos. “Mi Cherí casi se ahoga en la piscina por culpa de un flotador defectuoso. ¡Quiero demandar a la empresa fabricante del salvavidas!” Sin inmutarme a pesar de mi desconcierto, le pregunté mientras abría un expediente para su caso: “¿Ha traído Usted la factura?”.

 

 

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