El regalo

Alejandro Conde Arias-Salgado · Valladolid 

El ilustre letrado neoyorkino Byron Goldwater no dejaba de pensar en su hija. Elizabeth había añadido otra matrícula de honor a su expediente. Su orgulloso padre recibió la noticia por teléfono, poco antes de embarcar en Southampton. -Pídeme lo que quieras-, se rindió ante la niña… Sólo habían pasado tres días. “Lo que quieras”, murmuró un exhausto Goldwater en medio de la oscuridad, mientras el frío letal avanzaba sin oposición por sus huesos. Consciente de que el tiempo se acababa, reunió sus últimas fuerzas para amarrar el regalo de Elizabeth con la cuerda del flotador. Luego maldijo a la Providencia y se dejó hundir en el negro abismo. El barco de salvamento arribó al lugar una hora después, iluminando con su foco el blanquecino redondel de caucho, rotulado con la inscripción RMS Titanic, sobre el cual se agitaba un aterido cachorro de Spaniel.

 

 

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