Defensa numantina

Francisco Blanco Guirao · Murcia 

El abogado debió pensar que fue la Providencia quién puso en su camino aquél hermoso cachorro para intentar al menos cubrir el expediente.
«Véalo usted mismo Señoría», dijo sosteniéndolo en una mano mientras apoyaba la otra sobre el hombro de su cliente, un atractivo cuarentón. «Cierto que los ocupantes de otro yate próximo vieron hundirse a su rica y anciana esposa por culpa del pinchazo en el único flotador a bordo, que él revisaba periódicamente», añadió serio. «Y cierto también que no atendió sus llamadas de auxilio – atenuadas sin duda por el estruendo del oleaje repentinamente levantado – hasta terminar la conversación mantenida en su teléfono móvil», concedió aún. «Pero…¡¡¨cómo puede reprochársele – casi gritó levantando al animal para que todos lo vieran – que sacara primero al perro, bañado por ella en ese momento, después de oírle decir tantas veces que lo amaba más que a su vida?!»…

 

 

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