La jugarreta

Emma Rosa Rodríguez González · Lugones (Asturias) 

En cuanto sonó el teléfono el abogado intuyó que, otra vez, la providencia actuaba en su contra. Lo que no tenía muy claro era si aquella provenía de un ser divino o simplemente humano. Cuando le confirmaron que se había perdido el expediente se sintió impotente, de nuevo, otro caso del flotador asesino quedaría sin resolverse por falta de pruebas. El juez al enterarse del extravío puso cara de pócker y musitó por lo bajo, pero al llegar a su casa fue directo a la caseta donde estaban los cachorros y le gritó a su perra: “Que sea la última vez que te escapas a la playa y te acercas a un bañista inexperto…”.

 

 

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