IV Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Ilustración: Juan Hervás

COLEGAS

JUAN MANUEL RUIZ DE ERENCHUN ASTORGA · BARCELONA 

Conocí al niño invisible cuando teníamos cinco años. Mis padres al verme hablar solo pensaban que eran tonterías de la edad. Desde entonces fuimos compañeros inseparables como el hilo y el botón, compartiendo confidencias, juegos e ilusiones. Crecimos juntos, sin que la adolescencia minara la razón de nuestra amistad. Él componía música, que yo tocaba con saxofón en un grupo sin éxito. Decidimos entonces estudiar derecho. Al acabar la carrera montamos nuestro despacho. Él era el teórico, el invisible, preparaba los casos con especial pericia; yo la parte visible, atendía al cliente y celebraba los juicios. Nuestra asociación fue un triunfo: en poco tiempo el bufete ganaba reputación y dinero a espuertas. Un día mi socio invisible desapareció con todo el dinero, dejando colgados un caso de expropiación forzosa y otro de dación en pago, los cuales, además, perdí. Al denunciar el robo, la policía me tomó por loco.

 

Relatos seleccionados

  • El blues del abogado

    Cristina Niubó Morales · Hospitalet de Llobregat (Barcelona) 

    Era inadmisible que la futura autopista cruzara justamente por el descampado del pueblo, el espacio destinado desde tiempos remotos para la celebración de fiestas populares. El alcalde sugirió los servicios de un conocido letrado que, oriundo del pueblo, aceptó complacido el caso. Se organizó una colecta general para cubrir su minuta, y el abogado, rechazando cualquier remuneración económica, confió en la razón jurídica para detener aquella alocada expropiación. El letrado resultó victorioso en la contienda, y se organizó una celebración en su honor. En el engalanado descampado, todos pulsaban nerviosos los botones de sus móviles para silenciarlos, y poco a poco reinó una quietud cargada de expectación. En la fresca noche, la banda del pueblo interpretó el blues que había compuesto para su héroe, iniciando la pieza con un solitario saxofón que consiguió emocionarle. Aquella melodía fue la mejor dación en pago que jamás recibiría por sus servicios.

     
  • MELí MANO

    Ana Cortiguera Abascal · MADRID 

    Ildefonso, fiscal jefe de la Audiencia,no tuvo problemas mientras vivió en el chalecito de las afueras. Cada noche aporreaba el piano un par de horas, sin molestar a nadie, hasta el fatídico momento de una inoportuna expropiación. Se trasladó a un pisito céntrico.No fue el único cambio. Como no cabía el piano, decidió cumplir un antiguo sueño, privando del suyo al resto de vecinos: tocar el saxofón. No se atuvo a razones, por lo que los condueños no dejaban de apretar los botones del piso, aunque Ildefonso hacía oídos sordos.Ni las denuncias, ni las súplicas hacían mella en él, hasta que pasó a engrosar las filas de la clase pasiva. Un oportuno conato de incendio puso fin al tormento. El cordón de vecinos que le cerraba el paso en el desalojo, le hizo jurar por su honor la dación en pago por su vida del saxo .

     
  • ON-OFF

    Mª Isabel López-Carrasco Casado · MADRID 

    Esa rima con "alirón". Ya, hijo, pero papá se dedica a otra cosa. Sigamos: Ramón Falcón Carrión, letrado... ¿Y "campeón"? Cariño, no es el himno de tu equipo, queremos enseñar en tu colegio el trabajo de papá. El papá de Mario llevó un saxofón. Porque será músico. Papá llevará la razón y la ley. Eso no se ve... ¿por qué no lleva un balón?, sería más divertido. Seguro, pero a los profesores les interesa ahora más la dación en pago, la reforma laboral... El director querrá hablar de la expropiación de parte de vuestro campo de fútbol. ¡Ay mamá, que los niños no se van a enterar de nada! ¿Por qué papá no se hizo futbolista?...y de la "enpropiación" esa nada, que luego los del "B" dirán que no valen los goles "en propia"... Miguelito, si tuvieras un botón de apagado ahora mismo daría al "off", probemos en esta oreja...

     

     
  • FALSA ALARMA

    José Miguel Perlado Villafruela · MADRID 

    Por más que unos y otros pidieran la dación en pago, el gobierno no quiso enfrentarse a la banca y, tras dos años en paro, ya sin más recursos, no le valieron de nada las protestas: el juzgado decretó la expropiación de su piso. Esperó el momento fatídico tocando su viejo saxofón, meciendo tantos recuerdos agridulces en sus notas aterciopeladas: el primer día que su novia y él llegaron allí, cuando ella le obligó a entrarla en brazos; la primera vez que la desnudó sobre la enorme cama de matrimonio; el aprendizaje juntos; los sueños compartidos; las ilusiones incumplidas; la rutina como carcoma; el día que desapareció sin dar razón… Cuando sonó el telefonillo se levantó pálido pero decidido, y caminó como un condenado hacia el patíbulo. No les mostraría su dolor. Preguntó un lacónico “¿sí?” con el dedo en el botón, pero resultó ser un vecino quejándose del ruido.

     
  • JUSTICIA POÉTICA

    Javier Serra Vallespir · MADRID 

    Descubrí mi vocación de poeta tras conocer a Lisa en el Instituto: tocaba el saxofón y era tan idealista como su tocaya en “Los Simpson”. Miles de versos después, le dediqué mi antología “La expropiación de la razón”, donde confesaba mi locura por ella. A cambio, obtuve algunas migajas de su atención. Fue una relación asimétrica, pues ella había recibido en dación mi corazón hipotecado. Cuando se matriculó en Derecho me desfondé. ¿Cómo tan angelical criatura podía dedicarse a tan encorsetada profesión? Renegué de mi obra y quise olvidarla. Ella devino abogada, yo fracasado. Concluí que la única forma de atraerla consistía en cometer un delito para que me defendiera. Opté por la política. Una vez infiltrado, pulsé todos los botones de la corrupción. Fui detenido, llamé a su puerta, aceptó el caso y ganamos: ella sus emolumentos, yo su presencia. ¿A quién le importa ser condenado por amor?

     

     
  • Anacardos

    PEDRO FERNÁNDEZ PUIG · BILBAO VIZCAYA 

    Hoy, de nuevo, toca ensayo con mi grupo musical. - … o, en su caso, dación en pago. Es algo que escapa a la razón, cada día disfruto más volviendo a tocar mi saxofón... - La doctrina de “crear ciudad” indebidamente aplicada… Reunidos otra vez tras veinte años; je, je, ¡a cada cual más calvo! - … terreno urbano, encintado de aceras… ¿He apagado mi móvil? sí. Caramba, tengo un botón de la chaqueta a medio caer. - … no desestimación inmotivada, sino flagrante vía de hecho; nada más Señoría, muchas gracias. (…) - Sí… ¿por la Administración? - Con la Venia, Señoría, para solicitar la desestimación… Nacho siempre lleva cervecitas frías… - … íntegra de la demanda interpuesta de contrario contra la expropiación de terrenos sitos… .. Luis trae refrescos...; mmm, ¿y si llevo algo salado? - … valor del metro cuadrado construido… - … Ya sé, ¡anacardos!

     

     
  • Madame Butterfly

    Esther Gonzalez Rada · MADRID 

    Siempre pasa igual, empiezas por empezar, sin razón aparente. Y luego acabas harta. Quizá crean que me hechiza el bufete de mi marido. Pues no, lo odio, siempre debajo de su culo. Quiero olvidarme de él, de sus miserias, desahucios, expropiaciones?. Cierto, me ha puesto secretario, pero es un tipo feo hasta el despropósito y que toca el saxofón. Hasta eso lo hace por joder, sabe que lo mío es la música clásica: Hendel, Chopin?. No quisiera parecer una listilla, pero las notas dramáticas de una mezzosoprano me emocionan tanto como una dación altruista en televisión. Anteayer fuimos a la ópera y aplaudí a rabiar: Madame Butterfly. Genial. El drama de la Butterfly activó en mí el botón de la piedad. Al salir, todavía ensimismados, anduvimos bajo la luna llena, me cortejó, y aquello me hizo tener una corazonada. Acaso un feo sí pueda ser un pan de Dios.

     
  • Una copa

    JOHANA GARCIA VELEZ · Medellín, Colombia 

    Pidió otra copa. Se desabrochó el primer botón de la camisa en un intento por liberar el nudo que le ahogaba la garganta. Cerró sus oídos para escapar de la melancolía. El saxofón que sonaba al fondo le hablaba de penas y tristezas. La pelirroja que siempre le había gustado se sentó a su lado. Ese día no le interesaba. Tomó otro trago. Pensó en su día de trabajo. Odiaba hacer el papel de verdugo. No se había hecho abogado para eso, pero no había tenido otra opción. Su cliente tenía la razón. ¡l mismo redactó la orden de dación y se encargó de la expropiación de la humilde casa con puerta verde. Apuró otro trago antes de salir del bar. Solo tenía un asunto en mente: responder la pregunta que esa mañana le había hecho su madre. Hijo, ¡¨dónde vamos a vivir?

     
  • PIDA UN DESEO

    LUIS JAVIER CÓRDOBA HERRERA · ALGECIRAS (CÁDIZ) 

    Cuando ocurrió se sintió tan perdido que sólo pensó en alejarse de aquel lugar todo lo posible. Luego, cansado de doblar las esquinas del mundo, se ocultó tras una de ellas a descansar. Su dación aquel día fue sólo de dos monedas y un botón. Jamás se imaginó en aquella realidad. Observó con desdicha como, sin embargo, aquella misma tarde cientos de monedas habían sido arrojadas a la fuente de la plaza: “El abogado que me defendió en la expropiación tenía razón -se dijo-, pedir compasión no es el camino”. Desde aquel día dejaron de brotar tristes melodías de su saxofón, y sustituyó, en su cartel de cartón, aquella frase derrotista que avocaba al altruismo por otra que, aunque más egoísta, había demostrado ser más simple y efectiva: “Pida un deseo”. Desde entonces todo le fue mucho mejor.

     

     
  • Jam Session

    Juan Alberto Díaz López · Madrid 

    Érase que se era un lúgubre calabozo bajo el Juzgado de Instrucción y una reja que se abría, apretando un ajado botón. Hallábase en el escenario "er Diuk Elintón", rebautizado sujeto, pues siendo mozo gustó de maltratar el saxofón. Sin dinero, sin recursos, no dio en pago la dación; luego fue la expropiación... Debatiéndose en su psique, apelando a la Razón, ¿hizo bien cogiendo el bolso, sugerente solución? Bien es cierto, no fue el bolso, la vieja se resistió. Poco podía hacer él, sólo un hombre... Un mamón. Por el suelo la arrastró. La fortuna, Diosa esquiva, quiso que resbalara, y en lugar de arrastrarla, fregando el suelo con ella estaba. Lástima... Díjole su abogado, bien sabía, que la conformidad imperaba. Pero la reja se abría, su esperanza no menguaba, su abogado no sabía, su inocencia era probada... Llega ya la Magistrada. Decidió, pues, improvisar una jam session.

     
  • EL VIEJO TEATRO

    ANA CORTÉS BENDICHO · VALENCIA 

    Todos los días pasaba por allí camino del trabajo. Y siempre sentía nostalgia al recordar que, entre aquellos muros, hoy cayéndose a pedazos, tuvo su madre sus momentos de gloria. Adelantada a su tiempo, no solo fue la primera abogada de aquella capital de provincias, sino también la única música de jazz que consiguió llenar el teatro ahora en ruinas. Por el día defendía a truhanes, y por la noche, desgranaba notas evocadoras mientras repasaba mentalmente su último caso. Por su memoria, como dación de amor, decidió rendirle un último homenaje. Decretada la expropiación del antiguo teatro para su conservación, sin razón aparente se acordó demolerlo para ampliar una urbanización colindante. El día señalado, sobre el ruido de las máquinas podían escucharse las notas de un saxofón, que no cesaron hasta que el botón de mando de la excavadora puso fin al derribo dejando sus recuerdos convertidos en escombros.

     

     
  • SIN DILACION NI RAZON

    Cala · PUERTOLLANO (CIUDAD REAL) 

    Sin dilación, con razón, por riesgo de demora. Le aplicaron la expropiación de su mansión. Se produjo la inevitable confiscación. Sin excepción de su saxofón, todos sus enseres fueron tomados en adopción. Tocados y sobados como un botón.
    La dación en pago, no obtuvo vinculación, diligencia, ni adecuada tramitación. Venció, cumplimiento, negociación y alegación. Pasó a ser miembro de esa población, que incumplen por aluvión de pagos, su hipoteca.
    Desligándolo de su propiedad, le aplicaron, aglutinación y agestión. Comentaron a Ramón que, a su amplia parcela, y a la urbanización, le acecharía, próximamente, proyecto de zonificación.
    Arruinado, tampoco pasó a su familia manutención, y demostraron inhibición. Su pareja resentida, no le ahorró, imputación, ni invitación; para abandonar el nuevo hogar, con aflicción. No dio lugar a, la materialización de su ofuscación, y oposición. Cambio cerraduras al portón, y tiró, ¡sin previa negociación! sus viejas llaves, y maletas, por el balcón.

     
  • EN EL TRAPECIO

    JUAN PEREZ MORALA · MADRID 

    El abogado extrajo al azar un par de CD`s. Uno de jazz, que apartó porque no le entusiasmaba el omnipresente saxofón, y el concierto de Aranjuez. Introdujo éste y apretó el botón reproductor. A los primeros compases, comenzó a redactar el recurso contra una expropiación. La cliente no tenía más patrimonio que su singular belleza, y la casita de pueblo que un proyecto de autovía quería engullirse. En el primer otrosí del escrito, pensó que sería de razón moderarse en la minuta. Pero en el segundo, se imaginó invitado a una merienda rural. Sería como una mágica y bucólica dación en pago, no tipificada en código alguno, que le compensaría de la alfa a la omega. Firmado el escrito se relajó. En la frontera del sueño, la carpa deontológica de su conciencia se cernió sobre él. Dentro, un trapacista de familiar silueta se ejercitaba sin red.

     
  • Saxofón Desafinado

    Gabriel Vázquez González · México 

    Nunca había destacado por su calidad musical, no había nadie capaz de considerarlo el mejor músico del barrio, pero sí lo etiquetaban como un profesional de la abogacía. Por ello el saxofón funcionaba más como un adorno en su bufete, una razón para cambiar la conversación cuando una mujer deseaba evitar ciertos detalles de la demanda de acoso laboral, o un hombre buscaba un rodeo en la conversación sobre su matrimonio infeliz, el saxofón era ese botón que rompía el hielo con los clientes. En el caso de la expropiación de propiedades en el que se encontraba envuelto, el tema de la dación resultaba espinoso, pero un buen abogado, pensaba, podría resolverlo y él lo era. Cuando ganó la demanda, el estado ya no pudo expropiar nada, los clientes se fueron felices y el saxofón volvió a desafinar, una noche mas, por puro gusto.

     
  • MI REINO POR UN BOTÓN

    Azahara Olmeda Erena · VALENCIA 

    Era un tipo realmente peculiar el tal Raimon Pizo. Se ganaba la vida tocando el saxofón en un tugurio de mala muerte y en sus ratos libres ejercía de abogado. Me lo recomendó mi cuñado, ludópata empedernido. Según él, no debía fiarme de las apariencias, contratarle, era apostar por un caballo ganador. A mí, la razón me decía que siguiera buscando, que seguramente podría encontrar algo mejor, incluso buscando en las páginas amarillas, pero la expropiación de mi casa estaba a punto de hacerse efectiva, no me quedaba tiempo. Pues, la verdad, no me preguntéis como lo hizo, pero el señor Pizo, consiguió que me perdonaran toda la deuda, a cambio de la dación de los derechos de un botón del antiguo uniforme militar de mi abuelo, guardado en un cajón, desde que éste, hace años, me lo dejará como única herencia.

     
  • ERRE QUE ERRE

    Francisco José Rubio Consuegra · VALENCIA 

    '-Puedo darte el saxo en dación. Está casi nuevo, solo tiene un botón roto -propuso. -Observo que has ampliando tu vocabulario jurídico durante estos años –le respondí al caradura. Como abogado suyo había conseguido librarle de unas cuantas. El ti

     
  • EL COMPROMISO

    Elisa García García · Burgos 

    Mi padre, que es escritor, se empeña en que yo aprenda todas las reglas para acentuar las palabras, y como castigo me hace escribirlas varias veces; ayer me hizo escribir veinte veces saxofón, razón, botón, dación y expropiación ¡Qué peñazo! Y todo porque quiere que siga sus pasos y escriba libros. Cuando terminé, le dije que de mayor, no quiero ser escritor sino abogado y formar una ONG que se llame “Abogados del mundo”. Me miró sorprendido y me preguntó: ¿Por qué hijo mío? Me daba un poco vergüenza pero al final le conté lo del otro día en el colegio cuando la profesora regañó a un amigo mío y yo le defendí. Ella, mirándome, con la clase en silencio, dijo: “Desde luego tú para abogado no tendrías precio, además, podrías montar una ONG”. Sin pensarlo mucho dije que sí y toda la clase aplaudió. “Ahora, papa, estoy comprometido”.

     

     
  • Antros y juzgados

    Eva Isabel Román Ramírez · HUELVA 

    Era una noche cerrada y llovía a mares, cuando me refugié en aquel antro de atmósfera irrespirable. Entre la humareda, alguien tocaba el saxofón como si la vida le fuese en ello y movida por la atracción, o quizá, por la melancolía me acerqué sorteando las mesas. Sumida en mi propio caos, donde apenas gobernaba la razón, me senté frente a un vaso de whisky, esperando que el alcohol obrase el milagro de aniquilar expropiaciones y daciones en pago, que me seguían como espectros. Absorta me llevé el cigarrillo a la boca y enarqué la ceja para mirarlo, lo que parecía ser un simple acto reflejo derivó en un cúmulo de sensaciones, por las que me dejé arrastrar. Sus ojos intensos y profundos se aproximaban mientras me aferraba al botón de la camisa, cogió mi cintura y bailamos entre sudor y humo. Mañana será otro día en el juzgado.

     
  • Lo perdido

    Juan Ramón Rosario Ruiz · MADRID 

    Volvió para recoger el botón. Se había caído mientras les empujaban. No le importó quedarse sin sus peluches, sin sus cuentos, sin sus otros amuletos; ni siquiera le importó quedarse sin casa y que su madre llorara y suplicara. Quería su botón para cambiar el mundo, para que todo volviera a ser como antes: su padre tocando el saxofón las tardes de lluvia mientras merendaba, su madre asomada a la ventana buscando la llegada de su hermana, el agente judicial que se había perdido y no había podido entregar la notificación de desahucio, ¡la expropiación de su vida!, decía la tía Luisa, sin poder recurrir a la dación en pago, que debía ser un lugar o un hada buena. No entendía nada, aunque sabía que los que tenían razón, los buenos, eran los despojados. Lo único importante era volver a tener el botón de la suerte en su chaqueta.

     
  • Desahuciado

    Jara Rupérez Martínez · MADRID 

    El día "D" había llegado. El funcionario se armó de valor aún a sabiendas de que no llevaba la razón. El denunciado había solicitado la dación en pago y como no se la concedieron se negaba a abandonar la que hasta entonces había sido su casa. Llamó a la puerta. Una, dos, tres veces. Nadie le abrió. Los policías que le acompañaban empujaron la puerta para que él pudiera acceder a la vivienda. En el transcurso del forcejeo perdió un botón, una baja miserable pensó; ejecutar una expropiación es como ir a la guerra y siempre hay soldados caídos. Dentro pudo ver al denunciado, tocaba el saxofón, como esos músicos del Titanic que decidieron hundirse con su barco... A su lado, el abogado fumaba en pipa, era la tabla de salvación a la que el naúfrago pretendía aferrarse. Parecía tranquilo...

     
  • Fundido en negro

    Rocío Stevenson Muñoz · MADRID 

    Una sinuosa carretera. Vacía. A un lado de la calzada, un panel señalizador. Dice: “Bienvenido a Staring Wood”. Dice: “Expropiación en curso por trazado ferroviario”. Un sedán oscuro se aproxima. Se detiene junto al letrero. En su interior, dos hombres discuten. El primero, de facciones angulosas, sostiene un revólver frente al rostro. El segundo sonríe, sin razón aparente, y clava su mirada en el arma con total indiferencia. Se gira hacia la puerta y presiona el botón que hace descender la ventanilla. No se vuelve hacia el otro hombre. Dice: “Los abogados prometieron dación en pago con efecto retroactivo, ¿es eso?”. Se gira al fin y la sonrisa se enfría en sus labios. Un disparo fragmenta la quietud de la noche mientras los créditos bailan en la pantalla al compás de una melodía de saxofón. Se oyen algunos crujidos de palomitas.

     

     
  • ENTREGADO POR REBELIÓN

    SUSANA PATRICIA RODRIGUEZ FERNANDEZ · BARCELONA 

    Perdió la razón, pero al menos le quedó la ilusión de creer que su acción serviría para luchar contra la absurda especulación. Sabía que su abogado nada podría hacer para evitar aquella injusta, aunque en pago, dación. Intentó ofrecer su casa, su barco, su coche de lujo de única edición. Alegó ante el tribunal que aquello era una expropiación. De nada le sirvió. El banco quería su saxofón. Los bienes inmuebles ya no tenían valor, tampoco los yates de lujo, aunque se asemejaran, en tamaño, a un galeón; ahora la fiebre especulativa se había cebado con los instrumentos de viento, de cualquier forma y color, incluso con el de más grave sonido, el ilustre trombón. Por eso no le quedó otra opción: se dirigió a la tienda de instrumentos musicales de ocasión y, allí, decidió entregarlo a cambio de un simple botón.

     

     
  • Fue ahí

    Silvia Vázquez Rodríguez · MADRID 

    Preferías otro caso, es verdad, pero tenías que aceptar de buen agrado la dación que te había hecho tu jefe: violación. Una suerte que supieras que, para iniciarte en esta profesión, lo primero era practicar una expropiación de moral. ¿Cuándo fue? Miras hacia los lados histérica y razón no te falta, ¿dónde te tenías que colocar? Avanzas, te sientas en el borde de la silla, miras papeles sin ver y comienzas a sudar. Entra el juez, empieza tu primer juicio, te quedas en blanco como si alguien hubiera pulsado el botón de reset, cierras los ojos y respiras hondo. ¿Ahí? Poco a poco más segura, más decidida, más satisfecha, más tú… ¿Fue ahí? Sí, fue ahí, después de ese primer juicio, cuando volvías a casa, en los pasillos del metro, mientras ese tipo tocaba el saxofón, cuando te diste cuenta, orgullosa, de que habías nacido para esto.

     

     
  • Acentuación final

    Marta Trutxuelo García · Andoain (Gipuzkoa) 

    Sacó el estuche negro. Había tomado una decisión. No volvería a ocurrir. Jamás. Pulsó el botón de retroceso en su memoria y repasó su actuación en la sala de audiencias, que por la magnitud del recuerdo se le antojaba un salón. Recordó su presentación, pronunciada con decisión, repasó su cuidada argumentación... no encontró borrón alguno en su actuación como abogado defensor. Era un evidente caso de expropiación, que exigía la dación de una determinada indemnización. Entonces ocurrió. El juez, martillo en mano, no pronunció su decisión; tosió, se incorporó, llevó su mano al pecho y se desplomó. Un ataque al corazón. El abogado palideció. Tenían razón, había sido él, su expresión, su dicción... su intervención, afilada como un punzón le fulminó. Abrió el estuche, el metal le deslumbró, apuntó la boquilla al rostro y enmudeció: lo único agudo que emitiría ahora su boca sería una canción con su saxofón.

     
  • Martina se va

    Macarena Ruiz Marín · Alcobendas, Madrid 

    De todos los recursos de apelación contra sentencias de divorcio, este es el mas difícil. El Juez entiende que lo mejor es que Martina esté con su madre. Quizás no le he dedicado todo el tiempo necesario en mi empeño por sacar adelante el despacho. Ni siquiera supe ponerle el botón de su chaqueta preferida el dia de la función de teatro... Pero oye, ¡Que le compre ese saxofón de juguete que tanto quería! Creo que Su Señoría se ha excedido, yo no tenía obsesión por explicarle el objeto de la expropiación, sino que ese asunto me quitaba el sueño y leerle Caperucita, al igual que a Martina, me dormía. Tampoco veo problema en que mi niña confunda "razón" con "dacion", ¡tan solo tiene tres años! ¡Nada tiene que ver con mi estudio sobre la Reforma de la Ley Hipotecaria, por Dios!

     
  • EL CIRCULO ECONOMICO

    Juan José Rodríguez Recio · MADRID 

    Un saxofón?... Sí, es todo lo que tengo, lo que me queda de mi padre. Bueno podría considerarlo espetó el avaro de la casa de empeño mientras acaricia con disimulada avidez un botón de su camisa. Le puedo dar, 3000 tal vez, 4000 si antes del jueves encuentro alguien interesado, dijo sabiendo ya la respuesta. Yo le doy 120000, ahora mismo, sin regateos se escuchó caprichosamente desde el fondo de la tienda; un hombre bien vestido, desubicado y curioso que remiraba los objetos no recuperados y expuestos, dispuestos en filas a la expropiación de sus dueños por su falta de liquidez. Es suyo, dije sin más razón que el dinero. Cogí 6000 en efectivo, el cheque por el resto y me fui. Entonces no sabía que el casual comprador era el Presidente del Banco que no quiso aceptar mi saxofón como dación en pago de los 50000 adeudados.

     
  • POR DESACATO

    ISABEL FRAILE SANCHEZ · ARUCAS (LAS PALMAS) 

    No, realmente no encontraba razón alguna para realizar aquella expropiación. ¡No!, fue como pulsar mi botón de “on”: me encendí. “Señor magistrado, grité indignado, su sentencia no es justa. Mi defendido se gana la vida tocando el saxofón en el metro. Sin él no podrá alimentar a su familia. Exijo que se le excuse de la dación en pago con dicho instrumento”. Sonaron aplausos en la Sala, un revuelo tremendo… y acabé saliendo a hombros del edificio. Mañana voy como invitado estrella a la tele. Espero me paguen lo suficiente para liquidar la multa por desacato.

     
  • El Magistrado Tapia

    Juan Ignacio Robles San Román · GIJí N 

    Comenzó el juicio, presidido por don Faldrique, disgustado porque a sus setenta años le acababan de subir la edad de jubilación seis años más. - Con la venía Señoría, ¡No ha existido expropiación, sino dación!, porque….. - Disculpe señor letrado, ¿Qué tiene que ver aquí un saxofón, y una canción? - Digo ¡Expropiación!, señoría, ¡ Ex – pro – pia – ción!. - ¡Ah!, hable más claro, que apenas se le entiende, continúe - Pues eso señoría, para muestra vale un botón………. - ¿Cómo dice?, ¿Qué le importa un cojón?, ¡Respeto a la Justicia! Por favor - Pues eso señoría, que tiene usted razón. - ¡Ah! Que pide la libre absolución, bien, bien, visto para sentencia. - La que nos espera, pensó el Abogado

     

     
  • El pájaro rebelde

    Marcos Pérez Paz · Huelva 

    A las 19:52, Carlos Parquer, el eminente abogado que había convulsionado al mundillo jurídico con sus cada vez más heterodoxos planteamientos, -compilados en ese revolucionario superventas “Expropiación bebop” que había desatado tantas pasiones como rechazo-, hojeaba sereno el artículo que en La Razón le había dedicado su más reputado detractor,“…..usufructos desufructuados, dación gelatinosa, caducidad hidrogenada….., ¿dónde llegaremos?...., el derecho ha seguido –y así lo señala su nombre-, un camino recto como el acueducto que se vislumbraba desde el foro romano….etc, etc, etc". Sin mudar su serenidad plegó el periódico sobre la mesa, pulsó el botón de play, dio media vuelta a la silla y cruzó sus manos delante de la boca como si aferrase un saxofón. Así, meditabundo, observó el disco rojo que reverberaba a poniente mientras su alma transitaba de noche por Túnez.

     

     
  • Loco de ley

    MARIA REINA HERNANDEZ · Almoradi (Alicante) 

    Encontraron su cuerpo tirado sobre la alfombra. Su mano, agarrotada, se aferraba al saxofón con el que se había ganado la vida últimamente. Nadie diría que aquel pobre, al que la panza le había reventado un botón de la camisa, había sido en otra época el Adonis de los magistrados de Madrid. Decían que había perdido la razón a base de trabajar para el gobierno en la expropiación de tierras y de venderse a los bancos para evitar la dación de pago en las hipotecas. Se cegó con la ley como otros se ciegan de amor hasta que se volvió completamente loco y no supo si era un hombre o una máquina. Cuando encontraron su cuerpo, todos, fingieron no conocerlo.

     
  • GRATITUD

    Eva María Cardona Guasch · Ibiza (Islas Baleares) 

    El banco no aceptó la dación en pago del piso. Agoté toda razón para renegociar la deuda. El oficio de músico no garantizaba mi solvencia. Nada pudo evitar mi desahucio, la expropiación de lo que fue mi hogar. Ya me he resignado. Así son los tiempos que vivimos. No soy más que otro botón de muestra. Mi letrada apuró todos los recursos judiciales y extrajudiciales posibles. Aunque fue designada de oficio, no escatimó ni tiempo ni esfuerzo en mi caso. Y yo se lo agradezco. Por eso cada noche, antes de acomodarme entre los cartones, me siento bajo su ventana y toco para ella una pieza con mi saxofón

     
  • Partitura facilona

    Pilar Blázquez · MADRID 

    Tras recibir la negativa del banco, rescató el viejo saxofón. Rechazaban la dación del piso para saldar su hipoteca. Martín estaba arruinado. Acarició el instrumento y lamentó no haberle dedicado más tiempo, pero entre el máster en expropiación, empleos precarios y las perpetuas oposiciones a judicatura que nunca aprobaría, abandonó las clases cuando aprendía una partitura facilona. Al recordarse deseando adquirir la maestría de Sonny Rollins, introdujo la boquilla entre sus labios. Aunque la ebonita sabía a hiel, Martín se atrevió con la canción. Sonaba tan desafinada como su existencia. Una década después, comentan en el barrio que al pobre Martín le desahuciaron también la razón. Cada mañana, ante la sucursal bancaria que lo embargó, toca incesante la única melodía aprendida, la que musicaliza la historia del afortunado roedor que habita bajo un botón. Eso sí, de tanto interpretarla, Martín ha conseguido darle un delicioso ritmo de jazz.

     
  • Petitum de un ranchero enamorado

    Alvaro Gimeno Ruiz · La Almunia, Zaragoza 

    En el reparto de hoy me había tocado una demanda con un súplico peculiar: “ Señoría: Yo le pido la razón, y por eso le suplico, que acuerde la expropiación de la finca en cuestión, así como la dación por parte mi ex mujer, que reside en la heredad, de mi viejo saxofón, y de un dorado botón que falta a mi pantalón”. Dado que la Ley de Enjuciamiento Civil no establece si la petición del demandante debe realizarse en verso o en prosa, la petición fue admitida, si bien, para evitar una repetición de la película Juicio de faldas, el Secretario hizo constar en la citación para la vista que “La comparencia ante el Tribunal deberá realizarse el día quince, evitándose, salvo en caso de que fuese estrictamente necesario, la utilización de instrumentos musicales o de otros que no sean necesarios para la tutela de la pretensión formulada”.

     
  • EL VIEJO MÚSICO

    JUAN RAMON RODRIGUEZ DE LA MAYA · LAS ROZAS (MADRID) 

    No dijo nada, siguió con la mirada perdida quizás en otro tiempo y con la mano me pidió que le acercase su viejo saxofón, respondiéndome con unas notas de “El Padrino” -Tal vez sea cierto –Esbocé una sonrisa- pero es lo que hay. No aceptan la dación y debe marcharse. Negó con la cabeza y añadió unos compases de “Las Valkirias”. -Lo siento… –dije suspirando- cuando la máquina fría de la Justicia echa a andar, da igual los sentimientos o la razón Me miró con dulzura y tocó “somewhere over the rainbow” - No lo entiende… Aquí no hay botón de reinicio. Han ganado y tendrá que marcharse. Él insistió con “A mi manera” y una lágrima derramándose de su rostro. -Yo… -Negué apretando los dientes- Tal vez pueda conseguir una moratoria, inventarme, una expropiación, no sé… Mientras confundido me alejaba, él me despidió tocando “Dust in the wind”

     
  • Harakiri

    José Luis González Martínez · SAN SEBASTI¡µN - GUIPéZCOA 

    Ahora discuten y discuten sin parar, una y otra vez, es el siniestro botón que queda por desatar de una prenda trampa: la dación en pago. ¿Razones? Que la expropiación de la vida no se materialice mediante un trueque bellaco: unas paredes por apenas nada. Mi abogado, que es un buen hombre, me sugiere hacerme el harakiri y enterrar en mi estómago los cien euritos que me quedan, para que no los detecten. Y luego, para romperles el alma, que toque, sentado frente al Banco desahuciador, un saxofón viejísimo que me dejó mi abuelo. Y así lo he hecho. Pero el saxo, con la culata en forma de sifón de fregadero totalmente destartalada, más la boquilla y el bocal resquebrajados, ofrece un concierto de sonidos cacofónicos de palabras y obras. Además donde hay sifón hay burbujas ¿inmobiliarias? Y en un Banco, pues ya se sabe, tontamente volvemos a empezar.

     

     
  • Concierto para saxofón y abogado

    Raquel Dios Almeida · VIGO (PONTEVEDRA) 

    ¡Llévese el saxofón! Casi le grito, mientras sus pasos derrotados le conducen escaleras abajo. Minutos antes lo ha puesto sobre mi mesa y mirándome a los ojos me ha dicho, quiero entregárselo como dación en pago para saldar mi deuda con usted. Junto a la ventana entreabierta, soplo a través de la boquilla mientras mi dedo corazón pulsa un botón escogido al azar. Sin proponérmelo estoy tocando. Ni si quiera lo sé, pero es Mozart, la obertura de la flauta mágica. Llaman. Abro la puerta. Decenas de personas se agolpan en el pasillo. Expropiación, acierta a balbucear uno. Intento imponer un poco de razón. Ninguno recuerda como ha llegado hasta mi despacho. Yo soy abogado, no puedo ayudarles. Explico ¡Un abogado, eso es lo que necesitamos! Entonan a coro. Un lejano recuerdo infantil me atrapa. Mi madre habla de una ciudad alemana, Hamelin, y del hechizo de la música.

     
  • La decisión acertada

    Aloisius Pentencost Omega · BARCELONA 

    Meses más tarde, mientras apretaba el botón del timbre, se dio cuenta de que la extraña música de saxofón que había escuchado allí mismo a las cinco de la tarde del siete de diciembre no estaba sonando. Recordó que aquélla tarde había sido fría, llena de los ruidos de una ciudad en invierno; pero no cuál fue la razón que le llevó ante la puerta de aquél piso, en aquél edificio decrépito en que volvía a encontrarse. Sí resonaban en su cabeza, pero lejanas, las palabras de un robótico funcionario, que ahora se le confundían sin sentido en la memoria: "expropiación", "despido", "dación", "olvido". Fuera como fuese, estaba decidida a solucionar aquello. Era joven para detenerse y valiente para callarse. Esperó. Sonaron pasos detrás de la puerta. Sonó el cerrojo. Y, finalmente, escuchó la voz de su abogado, de oficio, que le abrió, saludándole con un boli sobre la oreja.

     
  • El resacón del dragón

    Alejandro Riera Rufete · Redován (Alicante) 

    En la declaración del abusón, Ramón, dio con el botón de la razón. Con la educación de un camaleón, presentó la declaración de la coalición con la colaboración de la comisión como colofón. La detención significó la abolición de la expropiación, y el patrón aprobó la dación de su dirección en la diputación. Ante la traición en la sesión, inició una persecución al son del saxofón contra la acusación, mas sin el pastón por la remuneración, el butrón fue la emisión del perdón. La civilización cantó el alirón en la celebración de la prisión sin protección y la emoción sustituyó a la desmotivación. En el sillón de su habitación, el juez de la acusación como último eslabón, cerró el caso de la urbanización y soltó una exclamación: ¡Qué tostón de corrupción!

     
  • Un instante de nostalgia

    Federico Perez de las Heras · SEGOVIA 

    Buenos días, jefe. Acaba de llamarle un amigo suyo. Quería hacerle una consulta en delación con la expropiación de su finca. Ocultó su sorpresa mientras pasaba a su despacho. Su pensamiento era un rayo. Solo conocía a una persona con ese defecto en la pronunciación. Y no sabía de él desde que acabaron Derecho. Su peculiar forma de hablar, lo hacía muy divertido. Resultaba muy gracioso oírle pedir una dación de gambas o un don con coca-cola, en aquellos días universitarios donde los sueños estorbaban el estudio. Sin duda era Joaquín, alias el saxofón. La razón de su apodo no era precisamente musical, sino más bien por ser el Michael Fassbender de su época. Habían pasado quince años. Pulsó el botón para hablar con su secretaria. -Dígame el número de Joaquín. -¿Joaquín? Su amigo se llamaba Daniel, y disculpe mi lengua de trapo, que acabo de venir del dentista.

     

     
  • LA BALANZA

    Esther Fernández Ramírez · BARCELONA 

    La tecla “ENVIAR” de confirmación permanecía intermitente. Estaba sentado en la cómoda butaca de su despacho, adaptada ya a la forma de su cuerpo. Se había descalzado y con la mirada perdida escuchaba embelesado la seductora melodía de un concierto de jazz. Ningún instrumento desprende la sensualidad del saxofón, pensó. Elena… ¿Habría perdido por completo la razón? Era mucho dinero y lo que representaba... Aquél caso no había pasado por su vida inadvertido, le había costado hasta su matrimonio para hacer una dación así, en un segundo, apretando un botón. Pero se lo merecía, por romper sus esquemas, por hacerle feliz. Ella le había devuelto lo que un día ese dinero le costó. Sabía que estaba en su mano terminar con la expropiación. La dación en pago solucionaría el problema de Elena. “ENVIAR TRANSFERENCIA” pulsó. Y sintió paz.

     

     
  • Cinco palabras agudas con acento en la -o

    María del Mar Suárez Sanabria · Navarra 

    Escribí en el encerado: saxofón, razón, dación, botón y expropiación. Y me giré hacia mis alumnos: — ¿Qué tienen en común todas ellas? —pregunté. Una alumna avispada respondió: —Todas son agudas. Sonreí y les observé. La ilusión en la mirada, la pasión en el alma. —La ley —proseguí—, va a ser para ustedes lo que el saxofón era para John Coltrane, su instrumento más preciado de trabajo. En su interpretación y aplicación no deben olvidar que ha de prevalecer la razón por encima de los sentimientos. Sus clientes llevarán a cabo toda una expropiación de sus días y hasta de sus noches. Descubrir la verdad, les resultará más complicado que hallar un botón en el desierto de Gobi. Sin embargo, la justicia será la dación en pago a todos sus esfuerzos. La alumna aventajada preguntó: — ¿Y todo esto…es una presunción iuris tantum o iuris et de iure?

     

     
  • EL SECRETO DEL ABUELO

    José ¡µngel Gozalo Molina · Silla - Valencia 

    Todo esta perdido Marta -le dijo su abogado. -La expropiación de tu piso por el banco se ejecutara en una semana. De nada habían servido las súplicas al juez para entregarla en dación de pago y librarse de su deuda. La razón estaba de su lado pero la ley no. Ahora, perdido el trabajo y sin familia a quien recurrir, debía enfrentarse a la cruel realidad de dormir en la calle. El dia señalado, al alba una resignada Marta cogió de la boardilla el saxofón de su abuelo pensando que al menos le serviria para ganarse algunas monedas si aprendía a tocarlo e intentó hacerlo sonar sin éxito pues algo lo obstruía. Pero de pronto, al presionar uno de los botones algo salió despedido del interior del instrumento y cayó sobre la mesa. Era un diamante grande y perfecto.

     
  • La ley del saxo

    Miguel ¡µngel Flores Martínez · SABEDELL 

    Tocaba siempre en una finca abandonada, salvada de alguna expropiación. Hasta ella se accedía con invitación exclusiva y un plano del camino. Era abogado y saxofonista. Con las leyes defendía a violadores, asesinos y pederastas; con el saxofón, a los grandes del jazz. Lo del derecho le costó siete años de carrera; lo del instrumento lo consideraba una dación de la naturaleza, un regalo de Dios. Tocando, decía, encontraba los motivos, la razón precisa para defender con ahínco lo indefendible y no abandonar. Comprendí a qué se refería cuando de pronto, como si alguien hubiera apretado un botón, la sala adquirió apariencia de sueño. La música fue volviéndose sublime y las luces dieron relevancia a un fondo que antes no había visto. Entonces, pude descubrir amordazado, sujeto por argollas, con ojos llenos de terror, al último maltratador que él mismo había defendido y que la justicia había dado por prófugo.

     
  • Oda incompleta

    Karmele Muñoa Arrigain · Bermeo (Bizkaia) 

    Vagabundo por la vida/sin rumbo ni timón/desde que perdí el empleo/y mi casa en expropiación./Camino de calle en calle/ con mi viejo saxofón/interpretando canciones a medias/porque le falta un botón./Con ello no busco clemencia/ni tampoco compasión,/solo aliviar las penas/de mi triste corazón./Tal vez fue todo mi culpa/y no de aquel asesor/porque ni el fiscal ni la juez/me quisieron dar la razón./Mi abogada hizo lo imposible,/puso la carne en el asador./¡Hasta intentó para el pago/ que le aceptaran la dación!/A lo mejor es el Karma/que devuelve sin perdón/aquello que he sembrado/en mis años de vividor./De aquello ya no me queda/más que recuerdos y desazón,/y purgar en plena calle/lo no cumplido en prisión./Se esfumó toda esperanza;/sólo tengo hambre y dolor./Mas rezaré por si acaso/para que me perdone Dios.

     
  • SOS huerto

    VICENTE KÜSTER SANTA-CRUZ · VALENCIA 

    La segunda vez que oyó la palabra expropiación era ya tarde. Cincuenta años labrando el campo con sus manos ajadas, de sol a sol, se iban al traste en un santiamén. Demasiados madrugones, mucho esfuerzo y sacrificio. No importa quién tiene razón, iban a despojarle de lo único que poseía. Su hijo Damián era abogado, de los buenos, de los que se salen con la suya. O eso pensaba. Obstinado, lo había movido todo –recurso tras recurso–, sin conseguir resultados. Ahora que se utiliza la dación en pago para saldar las deudas, a su padre le privaban de su huerto para convertirlo en una lustrosa rotonda, una más de las tantas que pueblan la zona. Llegarán comercios y fábricas, gasolineras, hostales, colegios y farmacias, garitos con música de saxofón en directo… Progreso. Sólo falta que alguien pulse el botón ‘suprimir’ y el huerto será historia. Y lo llaman bienestar.

     

     
  • El día del juicio

    Tibor Guillermo Pietsch Cuesta · San Agustín del Guadalix, Madrid 

    Hoy es el día del juicio. Al entrar en la sala me encuentro con una columnata de mármol coronada por una alta y hermosa bóveda por la que entra una luz cristalina. Cosa atípica en los juzgados de Plaza Castilla, pienso. Con los documentos que traigo es seguro que consiga la dación en pago para extinguir la enorme deuda de mi defendido, pero al abrir el portafolios veo que contiene un plátano y un botón. Me pongo nervioso, miro a mis pies y noto que calzo unas zapatillas de estar por casa en lugar de mis elegantes zapatos de letrado. Entonces el juez empieza a gritar decretando una expropiación forzosa sin indemnización de todos los bienes de mi defendido, mientras de fondo suena una música de saxofón. Pierdo la razón e intento salir corriendo del juicio, pero mis pies pesan toneladas. Despierto sudoroso. Hoy es el día del juicio…

     

     
  • COLOFÓN

    Manuel de la Peña Garrido · MADRID 

    Veinte años ejerciendo y vaya colofón. Me convocó el Gran Jefe, me dio la extremaunción. “Lo siento, Perry Mason, se acabó la función. Tres trimestres perdiendo. Ya no hay financiación”. Veinte días por año. Injusta expropiación. Apenas un sollozo tras la conciliación. Toca cambio de vida. Haré una oposición. Vaya, están suspendidas con la congelación. Los extras, la hipoteca… ¡Pactaré una dación! Hay gastos prescindibles: el gimnasio, las copas, los viajes a Japón... Ventajas: luciré vientre plano, me abrochará el botón. No sigas dando vueltas, perderás la razón. Empeñé hasta la toga. Adiós al noble oficio de Julio y Cicerón. Como gracias a Cáritas, al lado de excolegas como Pedro o Ramón. Malvivo a la intemperie, me acuesto en un cartón. Mendigo en esta esquina tocando el saxofón.