Harakiri

José Luis González Martínez · SAN SEBASTI¡µN - GUIPéZCOA 

Ahora discuten y discuten sin parar, una y otra vez, es el siniestro botón que queda por desatar de una prenda trampa: la dación en pago. ¿Razones? Que la expropiación de la vida no se materialice mediante un trueque bellaco: unas paredes por apenas nada. Mi abogado, que es un buen hombre, me sugiere hacerme el harakiri y enterrar en mi estómago los cien euritos que me quedan, para que no los detecten. Y luego, para romperles el alma, que toque, sentado frente al Banco desahuciador, un saxofón viejísimo que me dejó mi abuelo. Y así lo he hecho. Pero el saxo, con la culata en forma de sifón de fregadero totalmente destartalada, más la boquilla y el bocal resquebrajados, ofrece un concierto de sonidos cacofónicos de palabras y obras. Además donde hay sifón hay burbujas ¿inmobiliarias? Y en un Banco, pues ya se sabe, tontamente volvemos a empezar.

 

 

 

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