Antros y juzgados

Eva Isabel Román Ramírez · HUELVA 

Era una noche cerrada y llovía a mares, cuando me refugié en aquel antro de atmósfera irrespirable. Entre la humareda, alguien tocaba el saxofón como si la vida le fuese en ello y movida por la atracción, o quizá, por la melancolía me acerqué sorteando las mesas. Sumida en mi propio caos, donde apenas gobernaba la razón, me senté frente a un vaso de whisky, esperando que el alcohol obrase el milagro de aniquilar expropiaciones y daciones en pago, que me seguían como espectros. Absorta me llevé el cigarrillo a la boca y enarqué la ceja para mirarlo, lo que parecía ser un simple acto reflejo derivó en un cúmulo de sensaciones, por las que me dejé arrastrar. Sus ojos intensos y profundos se aproximaban mientras me aferraba al botón de la camisa, cogió mi cintura y bailamos entre sudor y humo. Mañana será otro día en el juzgado.

 

 

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