FALSA ALARMA

José Miguel Perlado Villafruela · MADRID 

Por más que unos y otros pidieran la dación en pago, el gobierno no quiso enfrentarse a la banca y, tras dos años en paro, ya sin más recursos, no le valieron de nada las protestas: el juzgado decretó la expropiación de su piso. Esperó el momento fatídico tocando su viejo saxofón, meciendo tantos recuerdos agridulces en sus notas aterciopeladas: el primer día que su novia y él llegaron allí, cuando ella le obligó a entrarla en brazos; la primera vez que la desnudó sobre la enorme cama de matrimonio; el aprendizaje juntos; los sueños compartidos; las ilusiones incumplidas; la rutina como carcoma; el día que desapareció sin dar razón… Cuando sonó el telefonillo se levantó pálido pero decidido, y caminó como un condenado hacia el patíbulo. No les mostraría su dolor. Preguntó un lacónico “¿sí?” con el dedo en el botón, pero resultó ser un vecino quejándose del ruido.

 

 

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