V Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Ilustración: Juan Hervás

Erase una vez…una abogada

Mª Isabel Aznar Gallardo · MADRID 

Si vuestra madre fuera un personaje de cuento, ¿quién sería? La mía sería la bruja. ¿Por qué dices eso? Porque mi mamá es abogada, y haría que condenaran al príncipe por acoso cuando besó a la princesa mientras dormía. Haría que los servicios sociales se llevaran al patito feo acusando a su madre cisne de abandono. Pondría fin a la costumbre del ratoncito Pérez de cambiar dinero por dientes, acusando a los niños de estafadores. Además, cuando ella está delante, los vaqueros no quieren disparar a los indios por miedo a que les denuncie, Caperucita no se entretiene en el bosque con sus alimentos por miedo a que la acuse de desobediencia y los tres cerditos temen que les impute un delito urbanístico. Mi mamá sería la más malvada del cuento. Al recoger a su hijo del colegio, María se preguntaba por qué los otros niños lloraban cuando les miraba…

 

Relatos seleccionados

  • Ejercicio de conciencia

    Aitor Molina Zapata · Barcelona 

    De repente, un joven desató el estruendo en la Antigua Audiencia, el muchacho de apenas 25 años, vestido con un jersey rojo y unos vaqueros desgastados, se erigió en mitad del juicio y pronunció un discurso animando a los asistentes a la desobediencia civil, aludiendo al deseo del fin de la dictadura burocrática. El juez avisó de manera continua al acusado pero el seguía agitando las conciencias de los allí presentes. Su único delito era el de desorden público y el objetivo de éste fue su voluntad de comparecer ante el juez para poder pronunciar esta prédica, él era abogado y estaba en contra del sistema judicial del país.Finalmente fue expulsado de la sala. Al cabo de un tiempo su convicción se comparó con la de un brujo gurú y su discurso aún es alimento de discusión entre los letrados de la audiencia.

     
  • INOCENCIA OVINA

    LOURDES ASO · HUESCA 

    No se preocupe vaquero, le traduzco el contenido del escrito del juzgado en el que usted lee textualmente: adolece de deficiencias no susceptibles de ser subsanadas mediante pliegos complementarios. Según me cuenta, al fin, lo suyo fue una insignificancia, que el ganado pastó alimento de otro campo y en ningún caso tuvo intención de desobediencia y desacato a la autoridad cuando le llamaron al orden. Le diré que no hace falta ser brujo ni abogado para saber que tiene el caso a su favor. El escrito no está suficientemente motivado, por lo que usted padece indefensión y, cualquier tribunal le dará la razón. Si le parece, me conformo con una res tierna como pago de los honorarios.

     
  • Y no hubo calle para correr…

    Esther Lozano Ramírez · Aranjuez (Madrid) 

    '- Soy abogado, señora, no brujo. Si hubiera tenido dotes de videncia me hubiera dedicado a dar fin a la desobediencia y no a defender a los desobedientes, como hago ahora - dijo mientras masticaba alguna extraña clase de alimento grasiento con la boca a

     
  • CUENTO DEL ABOGADO

    Eduardo Martín Zurita · Madrid 

    "Javi, mi compañero del cole, dice que los abogados defienden a los malos y cobran por hacerlo". "Mira, Pablo, podría haber sido vaquero, brujo, o qué sé yo, feriante. Soy abogado, así me gano el pan para nuestra familia; como con su trabajo en la peluquería, mamá. Imagínate un equipo de baloncesto sin defensa mientras el equipo contrario tiene un buen ataque. A dormir. La desobediencia puede jugarte malas pasadas: lo mismo que un juicio mal preparado, mañana amanecerá a traición y no habrá quien consiga arrancarte de entre las sábanas. Lo del dinero. ¿Tiene precio la resolución de problemas que se volvieron tan tuyos como la sangre que circula por tus venas? Además, el ejercicio de la abogacía me supone alimento para el alma. Fin del cuento, y Pablete cierra esos ojazos". "¿Y por qué no tenemos mucho dinero? ¿Con el alma también se puede comer, papi?"

     
  • Conclusiones en dos minutos

    ROSA Mª LORENTE GIL · ALICANTE 

    Era un poco bruja, tenía la odiosa habilidad de atisbar el fin desastroso de alguno de sus pleitos. Sobre todo, y ésto era fácil, cuando el cliente mostraba una profunda desobediencia y falta de respeto al sistema. Y no es que ella fuera servil y obediente, pero había unos mínimos. Podía, como así hacía, detestar a Gallardón, manifestarse contra las tasas judiciales, enervarse por la lentitud de los plazos y cabrearse cuando algún funcionario le colgaba el teléfono. En ocasiones pasaba del traje y se ponía los vaqueros con lo que se sentía más joven, tarareaba canciones antes de las vistas e imaginaba que la toga le daba superpoderes. Pero siempre dignificaba la profesión con sus costosos y estudiados alegatos, alimento de su indescifrable vocación. Por eso, lo difícil para ella era escuchar de su Señoría: “Letrada, concluya, tiene dos minutos, lo tengo claro…”

     
  • EL HOMBRE TRANQUILO

    Rosa Bedregal Serrano · Madrid 

    Cada vez que se enfrentaba a sus papeles le parecía estar haciendo magia.
    Llevaba trabajando en lo mismo veinte años y aún no se había acostumbrado a que el fin de su trabajo era conseguir que la balanza se inclinará hacia su lado las más veces posibles.

    Se planteó diversas estrategias a lo largo de esos años: actuar como un brujo y preparar complicadas pócimas y alimentos mágicos para poder convertirse en un verdadero nigromante que pudiera conseguir doblegar la voluntad del decisor; o bien que esa pócima sirviese para que su contrincante practicara descaradamente la desobediencia para con su contratador.

    Finalmente hizo lo de siempre, vestirse como siempre, salir con la incertidumbre de siempre y, eso si, empujar las puertas de aquel Saloon como si fuera el mejor vaquero que interpretara John Wayne y decir las palabras mágicas: "Con su venia Señoría"

     
  • Metamorfosis

    José Manuel Sánchez Sánchez · LLANES 

    La imaginación siempre ha sido el alimento principal en la dieta de la infancia. Era un chico bueno, y ya de niño se disfrazaba siempre de vaquero, porque eran los buenos. Los indios representaban la rebeldía, la desobediencia al poder establecido. Además de John Wayne, su otro ídolo era entonces Quini, "el brujo", el delantero del Sporting. Cuando al fin abrió los ojos, y entendió que jamás sería futbolista, y que los vaqueros no eran tan buenos, decidió que de mayor sería abogado de oficio.

     
  • Hamburguesa con doble de ketchup

    Amparo Martínez Alonso · Galapagar-Madrid 

    —Cuando el alimento escaseó, el brujo separó las cenizas de las ascuas y, con su vara de mando, trazó pequeñas estrellas dentro de un rectángulo. Al alba, los indios levantaron el poblado encaminándose hacia el fortín vaquero… ¡Cuestión de supervivencia! Señores del jurado, con este argumento de película pretendo esclarecer la actuación de mi cliente al alejarse de casa en busca de comida rápida…, y con ello demostrar su inocencia. ¿Representa un acto de desobediencia hacia el brujo, el hecho de que un indio, llevado por su deseo de acatar tan sabia decisión, acelere la marcha hacia los víveres prometidos?... ¿Sería justo, por parte del brujo, retirarle la paga semanal a quien solo se anticipó a cumplir dichas órdenes? Con la venia de su Señoría, creo que no. —Has estado a punto de conseguir un veredicto favorable hijo mío… Únicamente te ha fallado la connotación negativa del término “brujo”.

     

     
  • El juicio paralelo

    Maria del Mar Segura Lana · PALMA DE MALLORCA 

    ¿Será verdad que es el fin de los días? Desde los calabozos del juzgado oigo el alboroto de la gente por las calles. Un noticiario nacional advirtió de la amenaza de un meteorito. Por la ventana enrejada puedo ver a un viejo encorvado, con apariencia de brujo, que habla a voces sobre el fin del mundo, advirtiendo que es un castigo a nuestra desobediencia y dando alimento con sus palabras a los más derrotistas. Ahora me siento parte de ellos, sudoroso y con un vaquero raído. ¿Cómo pude, siendo abogado, darle una paliza a un cliente?, ¿cómo pudo, ese bastardo, sufrir una parada cardiaca justo después? Si hoy es el día del Juicio Final me aplastarán estas cuatro paredes y harán las veces de sentencia condenatoria, si no, otro juicio mucho peor se encargará de mí de una forma más lenta y dolorosa. Piedra, papel o tijera. Elijo piedra.

     
  • De oficios y turnos

    Marta Trutxuelo García · Andoain (Gipuzkoa) 

    Al fin llega mi turno. Desenfundo el alegato cual intrépido vaquero y coloco el documento frente a ella. A pesar de que su señoría, desde su estrado, emplaza mi intervención a un momento posterior, en mi defensa argumento el atenuante de inexistencia de intencionalidad de desobediencia. Así pues, tomo el documento entre mis manos y comienzo a recitar su contenido, como un experimentado brujo desglosa su saber en un efectivo hechizo. Concluido lo cual busco una señal en la mirada de aquella diosa que dispensa justicia por libras, una chispa que mantenga viva la llama que día a día con su sola presencia alimento. Los pétalos de sus labios como una rosa se abren para decir: “Sí... ahora sí es tu turno. Estos abogados, cuánta pompa para pedir una cita. Pero antes... el negocio es el negocio. ¿Qué te vas a llevar hoy, encanto, pechuga o muslo?”

     
  • De oficio abogado

    Maria Luz Aguilera Bermúdez · Torremolinos (Málaga) 

    Cuando tenía siete años un brujo le adivinó el futuro. ¡¨Tú abogado?. Será el fin. No tendrás tardes libres, ni vacaciones. Deberás saberlo todo, estar siempre localizable, preparado para consultas constantes y actuaciones que nadie abonará. Lucharás en solitario sin esperar reconocimiento. Olvídate de amigos y vida familiar. El derecho exige entrega. El pequeño se colocó su raído sombrero vaquero y en un alarde de desobediencia, mientras enfundaba su revólver masculló: "Tengo vocación jurídica". Medio siglo después supo que estaba en la ruina. Se acostumbró a trabajar sin cobrar. De oficio abogado, desahuciado de su propio despacho por falta de pago. Como único alimento su repertorio de jurisprudencia. El día del lanzamiento perdió el juicio. Acto seguido le inhabilitaron por colapsar el Juzgado con variopintos recursos. Desde el psiquiátrico, en lenguaje medio ininteligible, musitaba con su impecable traje togado. "Tasas NO. Justicia para todos?.

     
  • EL IMPERIO

    KALTON BRUHL · HONDURAS 

    Con sus raídos vaqueros y su cabello enmarañado, nadie lo tomaría por un afamado arqueólogo. Descendió hasta la recámara funeraria de Yax-Pac, último gobernante maya en Copán. Existían innumerables teorías sobre el repentino abandono de la ciudad. Los creyentes en lo sobrenatural hablaban de desobediencia a los dioses astronautas o en la maldición de un brujo-sacerdote. Los ecologistas decían que los mayas agotaron sus tierras hasta el punto en que ya no producían alimentos. Sin embargo, los glifos contaban otra historia sobre el fin del imperio. Yax-Pac había iniciado una disputa limítrofe contra el gobernante de Tikal y en lugar de solucionarlo con una guerra florida decidió entablar un juicio. Nunca imaginó que en Tikal tuvieran tan buenos abogados. El resultado fue evidente y el obligado éxodo no se originó por un cataclismo cósmico, sino por algo más terrenal: una simple orden de desalojo.

     
  • Vocaciones

    Raquel Lozano Calleja · Palencia 

    Quería ser un vaquero, a lo Jonh Wayne y esquivar cada flecha de los indios sin perder el sombrero. Quería acabar con la desobediencia y las injusticias y darle un beso a la chica antes del fin. Que mi nombre apareciera en grande en los títulos de crédito y que los niños aplaudieran al encenderse las luces del cine. Mi padre que presumía de ser brujo, sin necesidad de varita ni bola de cristal, vaticinó que mi futuro sería el de un prestigioso abogado y que hallaría el dorado, el sustento y mi alimento en esta noble profesión. Su augurio desconocía las tasas, la colegiación y que las togas no se venderían en el todo a cien. Aún así es mi fan número uno y aunque se disfraza, sé que es el tipo que cada mañana me echa monedas en mi gorra cuando canto a la puerta del metro.

     
  • La recompensa

    Leticia Latorre Luna · MURCIA 

    Una mañana sin duda ajetreada, todo por culpa de un juicio en el que consumo todas mis energías, la cabeza me da vueltas sin cesar, mi estómago pidiéndome alimento, los problemas cada vez son más, y tras la desobediencia de mi cliente pocas son las buenas noticias que me cabe esperar. Cuando el largo día por fin acaba, donde el malhumor inunda mi persona, mis ganas de luchar desaparecen y mi ilusión con ellas, entonces al llegar a casa, me recibe mi hijo disfrazado de vaquero con una grande sonrisa y un dibujo entre sus manos: era él con una toga y un bocadillo que decía: “de mayor quiero ser abogado”. Su carita ilusionada y orgullosa me revive en cuestión de segundos, como un brujo hace magia, sin más mi hijo me hace recordar porqué amo mi trabajo, su orgullo es la mejor recompensa que podría tener como abogada.

     
  • Aprendiz de brujo

    Julio Cesar Menendez Arguelles · Langreo (Asturias) 

    Si dejase de ser abogado y se hiciera brujo,perdería el amparo de su colegio. No obstante, ya se le había pasado por la cabeza la posibilidad de cambiar de oficio. Los comediantes callejeros de su infancia decían, antes de pasar la gorra: “del cielo abajo, cada uno de su trabajo”; y qué diferencia esencial existe entre resolver problemas por ministerio de la ley o por arte de magia, sirviendo a un buen fin y garantizando el cuidado y alimento de los propios. Padre le inculcó la idea de que los Abogados eran primos de Dios y vivían como idem; pero el vecino acababa de estrenar un lexus último modelo, vestía blasier y pantalón vaquero de marca y, aunque le había tocado defenderle de oficio por desobediencia y de pago por intrusismo, últimamente el brujo le miraba por encima del hombro.

     
  • Con la venia

    Isabel González Iglesias · Madrid 

    Su señoría me impone. Sentado al fondo de la sala me mira con gesto grave. Tras un saludo breve busco el lugar que me han asignado. En este momento hubiera preferido ser cualquier cosa menos abogado. Ella a mi izquierda mirándome con dulzura. En sus ojos veo la esperanza puesta en mí. El pantalón vaquero se me pega a las piernas. Me dijo que viniera vestido más formal. Su señoría pide a todos que se sienten. Vamos a empezar. Las sillas frente a mí se ocupan todas menos una. Al fin aparece corriendo un crío disfrazado de Harry Potter. Me alegro que su disfraz de brujo llame tanto la atención. Mientras le recriminan por su desobediencia, parece que se olvidan de mí. La mujer del juez, sirve los platos y me ofrece uno con una sonrisa. No se qué alimento contiene. Como con una sonrisa. Por ella.

     
  • Brujería

    Cristina Jover Acosta · Murcia 

    Entró en la sala de vistas mascando chicle y con su pantalón vaquero Armani estudiadamente desgastado. Siempre con esa chulería y desobediencia que exasperaba a los jueces. Miró al fondo de la sala contando mentalmente el número de cámaras, la crisis había acabado con la mitad de medios locales pero no estaba mal. Tenía relación directa con los periodistas y les proveía a menudo de alimento con el fin de que hicieran publicidad de su bufete. Esta vez le tocaba defender a un supuesto brujo que había estafado a más de un centenar de señoras humildes por las que no sentía ninguna pena. El magistrado llamó a declarar a la primera de ellas. Quedó petrificado. Una gota de sudor comenzó a descender por su frente mientras los objetivos hacían zoom en el rostro de su madre.

     
  • RUMIANTE PUí‘ETERO

    Rafael Olivares Seguí · San Juan de Alicante 

    El abogado defensor del vaquero arguyó que, si su vaca se había metido en el huerto del vecino echándole a perder toda la cosecha de repollos, era porque un brujo le había dado como alimento un mejunje que la había trastornado y le inducía a comer cualquier cosa que fuera de color blanco. - De eso hablaremos luego -dijo el Magistrado- pero ahora, si no saca de inmediato la prueba de la sala y deja por fin de comerme las puñetas, le condeno por desobediencia a este Tribunal.

     
  • La edad va por dentro

    Montserrat Acevedo Jiménez de Castro · AGUADULCE (ALMERíA) 

    Tras toda una vida dedicada completamente a las leyes y llegado al fin el día de su forzosa jubilación, Tomás, abogado durante más de cuarenta años, sondeaba preocupado su mente en busca de alguna fórmula con que llenar su tiempo a partir de ahora. Se dice que la meditación es alimento para el alma, pero la suya no se conformaba con opciones tan triviales como leer, escribir, pasear… Siempre había sido un guerrero luchador en defensa de inocentes; un vaquero sin pistolas, dando rienda suelta a su libertad a lomos de su caballo; y hoy se sentía como un brujo sin varita mágica, lleno de conocimientos pero inútiles, al fin y al cabo. –Ya está- dijo para sí - ¡Haré oposiciones a registros! Creo que los registradores se jubilan cinco años después.

     
  • CUESTIÓN DE CONFIANZA

    Eva María Cardona Guasch · Ibiza 

    Llegó puntual a la cita. Le examiné fugazmente: porte seguro, mirada escrutadora. Parecía el sheriff de una película de vaqueros, de esos que imponen orden y son implacables con la desobediencia. Me advirtió que acudía al bufete atraído por mi fama profesional. Así trató de imponerme una presión que, sinceramente, no me pesó en absoluto. El asunto versaba sobre el impago de alimentos. No es que sea brujo ni adivino pero al instante supe que nuestra incipiente relación profesional llegaría pronto a su fin. Fiel a mi costumbre, le formulé un montón de preguntas: sus ingresos, deudas, bienes a su nombre, gastos de los hijos... Luego, meticuloso como siempre, le requerí documentación que justificara sus escuetas respuestas. -¿Acaso no se fía de mi?- me espetó notablemente airado. Entonces decidí que no le representaría: él confiaba en mi reputación pero no se fiaba de mi.

     
  • Bufete Carpanta

    Luis Rico López · Rivas Vaciamadrid. Madrid 

    Llegado el fin (de mes, porque el del dinero fue hace mucho) ya no alimento más esperanza de poder pagar el alquiler de mi minúsculo bufete que la desobediencia a los más elementales deberes para con mi sufrido estómago. Al fin y al cabo, después de tanto tiempo así, uno va teniendo algo de brujo para esconder el hambre entre la toga y el vaquero.

     
  • Lo increible

    Sol García de Herreros · Segovia 

    En la autopista me adelantó un vaquero subido en una escoba que iba picado con una bruja que montaba a caballo. Me pareció normal, hay gente que tiene muy mal despertar. En la radio hablaban de nuevas desobediencias de los diputados a las consignas de partido y del cielo empezaron a llover billetes y alimentos. Yo seguí conduciendo tranquilamente, repasando en mi cabeza la defensa de mi cliente. Al llegar a los juzgados comprobé la perfecta organización de las oficinas, dotadas de los medios técnicos imprescindibles, un personal estable y bien remunerado, y el número de jueces necesario para que la justicia no se diluyera en el tiempo. Sólo entonces, al fin, tuve la certeza de que soñaba.

     
  • LA TÁCTICA DEL CAMALEÓN

    Joaquín Valls Arnau · Barcelona 

    Durante la época de vacas gordas, las cosas no me fueron nada mal. Pero con la crisis, la cartera de clientes comenzó a menguar de manera alarmante y hube de cerrar el despacho. Entonces recordé una frase de mi padre, quien solía alentar la desobediencia siempre que no la sufriera él: “El fin justifica los medios, y más todavía cuando se trata de procurarse el alimento”. Así que decidí abrir un consultorio y en la puerta colgué esta placa: “Profesor Elías, brujo especializado en asuntos jurídicos”. Me dejé crecer el pelo y las uñas, cambié el traje de lino por un conjunto vaquero y en unos meses el negocio funcionaba ya como la seda. Y además, con la enorme ventaja de no tener que llevar pleitos, pues figura que carezco de título: a cambio de una tarifa única, me limito a adivinar el futuro y a dar consejos.

     
  • LA IRREVERENTE MAGIA

    Daniel Aznar Alonso · BARCELONA 

    Mi nombre es Harry Potter. Estudié en Hogwarts durante años para convertirme en mago, pero, por desgracia, puse fin al ejercicio de esa profesión. Por lo visto no es algo que dé como para vivir dignamente. Tuve que reorientar mi futuro profesional. Cambié mi disfraz de brujo por unos pantalones vaqueros y me puse a estudiar derecho. Después, en clara desobediencia de mi propio código ético, me ayudé de un hechizo para aprobar las oposiciones de judicaturas a los tres días de licenciarme. Hoy tengo una vista de un juicio complicado. Hermione y Ron se divorcian. Ella le pide una pensión por alimentos desorbitada para sus cinco hijos. Él insiste en que tres de esos hijos no son pelirrojos y tienen una cicatriz en la frente. Solicita hacerse pruebas de paternidad. Finalmente hago que se vuelvan a enamorar y retiren sus demandas. Espero que esta vez dure más el hechizo.

     
  • CRISIS

    Antonio Ruiz Pérez-Bermúdez · Murcia 

    Cuando leí su nombre entre los señalamientos me vino a la mente el rumor que corría por los pasillos del Juzgado y servía de alimento a unos cuantos buitres ávidos de buenos clientes. El fin del prestigioso bufete en el que hace años había hecho la pasantía estaba próximo. La tan temida crisis estaba acabando con él. Sentado frente a la sala de vistas escuché su atronadora voz y recordé una de sus primeras enseñanzas: “Al juzgado siempre con traje, corbata negra y camisa blanca”. No consentía desobediencia en este punto, repitiéndolo como un brujo, año tras año, ante su corte de recién licenciados. Cuando se abrió la puerta y lo ví aparecer, embutido en un pantalón vaquero gris que resaltaba el rosa chicle de su camisa y el azul eléctrico de su corbata, lo comprendí todo. La crisis había llegado a su despacho. La crisis de los cincuenta.

     
  • Cadena perpetua

    David Domínguez Parrilla · Sevilla 

    Cerró la puerta del despacho y, sin mediar palabra, aquella bruja pelirroja deslizó sus pantalones vaqueros hasta quedar suspendidos sobre unos largos y afilados tacones negros, dejando ante mis ojos sus encantos más recónditos.
    Cuando su mirada me incitó a la desobediencia de los deberes conyugales, supe que había llegado mi fin. Y así fue.
    Aquello sucedió hace veinticinco años y aún hoy sigo pasando la pensión de alimentos.

     
  • Héroes

    Arturo Otegui Malo · Madrid 

    De pequeño mi hermano era bajito, con gafas y la nariz siempre enterrada en un libro. Si jugábamos a los vaqueros, era el indio. Si jugábamos a los caballeros, el repelente brujo malvado. Yo, bastante más alto y fuerte, hace tiempo que me rendí ante tanta injusticia pero él, casi veinte años después, protegido solo por sus gafas y armado con un libro de leyes bajo el brazo, sigue pensando que el fin no justifica los medios y que la desobediencia no es la solución. Aún hoy, cuando la manida guerra entre el bien y el mal se libra bajo techo en los tribunales, con trincheras de principios y granadas de coacciones, sobornos, prevaricaciones y cohechos, la búsqueda de la verdadera justicia es su único alimento. Si todavía me quedaran ganas de jugar, hoy, sin duda, mi hermano merecería llevar la estrella de sheriff.

     
  • UN FINAL DE PELíCULA

    PILAR SILVA TORRES · Sevilla 

    “Mi madre siempre me decía: la vida es cómo una caja de bombones. Nunca sabes qué te va a tocar”. Esa fue la respuesta de mi cliente cuando le expliqué que sería difícil recuperar el dinero que el brujo curandero de su pueblo le había timado. Esa tendencia a hablar con frases célebres de películas que parecían servirle de alimento, crispaba mis nervios. Eso y sus chulescos aires de vaquero. Le advertí: nada de frasecitas en el juicio, pero él hizo un alarde de desobediencia. Algunas de sus petulantes perlas fueron afirmaciones como “elemental querido Watson” dirigiéndose al juez, o “que la fuerza te acompañe” al comenzar yo su defensa. Nunca he esperado una sentencia con más impaciencia. Hemos perdido, le comuniqué al fin y, sucumbiendo a la tentación, añadí: y “francamente querido, me importa un bledo”. Perdí un mal cliente. Gané que se tomara en serio la justicia.

     
  • KURONTA

    JOSɐ MARíA SOLíS CARPINTERO · ALCALÁ DE HENARES (MADRID) 

    Estaba orgulloso de la confianza que su jefe le demostraba. Aunque le llamara de madrugada por una extranjería o le enviase a los juicios de provincias, él siempre cumplía. “La desobediencia no es una opción”, se dijo, a la vez que con la misma presteza que un vaquero del Oeste desenfundaba su pistola, sacaba del bolsillo unas almendras, su único alimento aquel día. “¿Con qué fin ha venido a España?”, preguntó y el eco de su voz retumbó en la Sala de Retornados. “No trae carta de invitación, ni dinero en efectivo,…” añadió y se sintió importante. “Vengo a verte a ti”, dijo el retenido tras una pausa. “Soy Kuronta, el brujo. El dios del Orgullo habla por mi boca y te dice que no eres de los suyos, que tu hembra se aparea con el hombre que te manda y que para poder copular con ella te mantiene ocupado”.

     

     
  • Conciliando vida familiar

    Juan Carlos Colás Ruiz de Azagra · Zaragoza 

    Todo había empezado cuando a escondidas había oído a esos forasteros hablar del río del oro, de la vida sin penurias y sin sufrimiento para conseguir alimento para la familia. Lejos quedaban aquellos consejos de sus padres y aquella desobediencia innata, compañera de tantos viajes. El famélico vaquero, ahora capturado por aquella tribu, hostil e injusta, era trasladado a empujones en presencia del brujo, él iba a ser quien decidiera su futuro y quizás su fin. "Cariño quieres dejar de jugar con los juguetes de Pablito y venir a cenar, ¿no tenías que preparar un asunto de extranjería para mañana?" "Sí cariño, estoy en ello".

     
  • 72 horas

    Endika Zulueta · Madrid 

    Suenan las rejas que me alejan del mundo. Siento el olor a calabozo, alimento de soledades, escuela de desobediencia futura. Transcurre la mañana, las horas pasan, por fin su Señoría aparece. Viste vaquero y chaqueta azul Parece tener prisa, el huele a Acqua di Parma, su rostro enigmático, casi brujo agudiza mis sentidos. Su Señoría huele a almuerzo ya pactado sobre las tres de la tarde. Pretende no sentir el olor a calabozo, cree que su dosis de colonia cara le aleja de la realidad. Me acerco en demasía a él, para que también sienta mi perfume, Amber de Prada. Duda, sé que ahora ya solo piensa en mi ropa interior. Sé que los detenidos saldrán, sé que los dejara en libertad. El llegará puntual a su almuerzo de las tres de la tarde y yo a casa a oler fragancias de cierta colonia cara en otra piel más deseada.

     
  • Madre vaquero brujo empleado

    Javier Estupiñán Dávila · Las Palmas 

    Sintió el viento golpear su rostro y escuchó el ruido lejano, pero aún así estresante, del tráfico de la ciudad. Justo cuando puso un pie cerca del fin de su vida, esta apareció delante de sus ojos como un relámpago consiguiendo lanzarle hacia atrás para abandonar, momentáneamente, el intento de suicidio. Habían llegado a su mente aquel vaquero al que el banco robó sus tierras, aquel brujo estafador, la madre que pedía hogar y alimento para sus hijos y aquel caso del cliente que había mostrado desobediencia a su esclavista superior. Entonces, tras aquella repentina y fugaz vuelta al pasado, se dio cuenta de cuál era el motivo que lo había llevado a esa extrema situación y decidió descansar un tiempo de su trabajo como abogado, que lo devoraba día y noche, para marcharse a vivir como nunca antes había podido.

     
  • Recuerdo de infancia

    JAVIER GARCIA BARRAGAN · Vinarós (Castellón) 

    Fue la primera vez que presencié un juicio y me quedé impresionado. El abogado, un imponente señor de más de dos metros de alto y poblada barba, defendía a un vaquero acusado de desobediencia por negarse a entregar, pistola en mano, a un médico brujo indio acusado injustamente. Aquella seguridad en su discurso, sus paseos por la sala gesticulando mientras hablaba de la igualdad de los hombres, de los derechos humanos, de la justicia como alimento del alma… Seguí su actuación ensimismado, con la misma cara de asombro que los señores que formaban el jurado. Cuando salió en la pantalla la palabra “fin” escrita en inglés y se encendieron las luces del cine, yo ya había decidido que quería ser de mayor, quería ser un hombre bueno como aquel. Entonces tenía siete años. Siempre recordaré la sencillez con que respondió aquel señor cuando le preguntaron su nombre: -Abraham Lincoln.

     
  • Los principios de los juicios finales

    Raquel García Ruiz · BARCELONA 

    Vi un escueto anuncio en el periódico. “Se necesitan abogados”. Dos años ya en paro, necesitaba alimento. Llamé para interesarme. Mi interlocutor no concretó el lugar de la entrevista. Soy omnipresente, dijo. Y debía ser cierto, porque al segundo estaba ya reunido con él. Yo soy Dios. Yo soy Paco. Encantado. Lo mismo digo. Tenía una arrebatadora presencia. Me avergoncé de estar vistiendo unos vaqueros. Estaba visiblemente enfadado. El Hombre, a lo largo del tiempo, sólo le manifestaba desobediencia, explicaba, por lo que había decidido adelantar el Apocalipsis. Necesitaba abogados para el Juicio Final. No entendía si mi papel era de defensor o de acusador, ni siquiera sabía cuáles eran las leyes que regirían en ese tribunal. Seguramente un brujo estaría más capacitado que yo. Aun así, acepté el trabajo. Y ahora me alegro. Es tremendamente reconfortante condenar por fin a aquellos que eran inmunes a la justicia del Hombre.

     
  • BRUJO JURíDICO

    ADELA RAMOS CONTIOSO · SEVILLA 

    Siempre me pregunté por qué a aquel abogado enjuto y delgadísimo, con aspecto de vaquero anoréxico y una brizna de paja en los labios como Lucky Luke lo llamaban El brujo. Su fama, en fin, era que no ingería comida alguna desde su colegiación y que no se permitía la más mínima desobediencia a su ayuno estricto. Una noche, encaramada sobre una escalera y asomada a la ventana de su solitario y fantasmagórico despacho profesional, descubrí a la luz de un flexo mortecino el misterio. Las páginas amarillentas de los antiguos tomos de Aranzadi constituían su único alimento.

     
  • Cuestión de confianza

    Belén Rodríguez Novelle · Madrid 

    Se paseaba por los pasillos del tribunal como un vaquero. Paso firme, lento y mirando a su alrededor con un aire de superioridad insoportable. No era la primera vez que se metía en problemas, había hecho de la desobediencia una religión, la seguía hasta sus últimas consecuencias. Algunos decían que servía de alimento para una conciencia llena de rencor y desprecio, pero a él le daba igual lo que pensaran los demás. Por fin, vio llegar a su abogado, "El Brujo", como le gustaba llamarle. Mientras le guiñaba un ojo sabía que en cuestión de segundos haría su magia y le sacaría, una vez más, del atolladero.

     
  • Juicios 3.0

    Rubén Gozalo Ledesma · Salamanca 

    Manuel Vaquero no es ningún brujo ni tampoco hace magia. Jamás tolera la desobediencia de sus empleados y valora especialmente la constancia y el esfuerzo. El derecho es su alimento, lleva dándole de comer décadas, desde que un día, por fin, tras mucho pensarlo montó su bufete. Muchas cosas han cambiado en estos años. Desde que instaló internet, los pleitos ya no son lo mismo. Ahora cuando tiene un caso importante se hace seguidor del Facebook del juez y hace click en me gusta. Se documenta en su tablet y analiza la jurisprudencia en blogs y websites. Cuelga la declaración de su cliente en YouTube. Argumenta su defensa en 140 caracteres y el hashtag #inocente se convierte en trending topic. Muchas noches antes de regresar a casa, coge su smartphone y se pone a navegar, mientras espera el veredicto del jurado por WhatsApp.

     
  • SOBRE LAS MEDIAS VERDADES

    GABRIEL BALBASTRE PÉREZ · BARCELONA 

    En fin, era uno más de los miles de expedientes de disciplina urbanística que pululan por los ayuntamientos de este país. Promovidos en parte por este carácter tan español de “yo en mi casa hago lo que me sale del arco del vaquero”. Así me lo había manifestado mi cliente, cuya desobediencia sobre varias órdenes de demolición recibidas había quedado más que acreditada. –Yo tengo que procurarle a mis niño alimento y una casa y estos desgraciaos no van impedirlo. Según juraba y perjuraba había ido al ayuntamiento y le habían concedido licencia para construir una segunda planta. Creía en mí una suerte de brujo que obraría el milagro de frenar todo aquello. Y allí estaba yo, en el departamento de licencias urbanísticas, analizando un expediente cuyo primer documento era la simple comunicación de obra menor sin licencia que había presentado mi cliente para, textualmente, “canviar el tejao”.

     
  • LEGADO

    Laura Díaz Villafaina · Puerto de Santa María (Cádiz) 

    “¡Pero es que yo no soy como tú, no soy tan capaz!” vociferó con desobediencia el letrado, como un sioux a un vaquero, consciente de que sus palabras llegarían hasta la veta más oscura de los ojos de su padre y de que no obtendría de él otra respuesta que el silencio, alimento de los últimos años. El sonido hueco de un portazo dejó a solas al Magistrado en la quietud de su despacho. Parecía ayer cuando su hijo le devolvió el temario de Judicaturas…No había que ser brujo para saber que su vocación era estar al otro lado del estrado. Al fin, el Juez asió un viejo cuaderno y anotó, en una larga lista, otro “tanto” más: Miguel había ganado otra vez el juicio. “Y yo con él” - se dijo. Suerte que cuando el orgullo le empapó la mejilla, sólo fueron testigos una muchacha ciega y su toga.

     
  • De turnos y oficios

    Roberto Sierra Gabarda · MADRID 

    Sentado en la comisaría espero con impaciencia mi momento. Hoy comienza mi aventura en eso que llaman el "turno de oficio" aunque con tantos parches debería empezar a conocerse como el "fin de oficio". Con paso nervioso me dirijo a la sala y conozco a quien he de defender. Un descosido pantalón vaquero, una barba propia de un brujo y un cuerpo falto de alimento me observan con tristeza. ¿El delito? Desobediencia o así lo llaman. ¿Mi pronóstico? Alguien que nunca a nadie le ha importado. Los nervios me invaden y me traicionan. Como sí de una fórmula matemática se tratase, intento encontrar los preceptos a aplicar. El resultado: nefasto. Cuando hay personas delante los esquemas no sirven. A pesar de mi desastrosa actuación, mi asistido me estrecha la mano y me agradece el tiempo. Por lo menos, dice, me has mirado a los ojos.