LEGADO

Laura Díaz Villafaina · Puerto de Santa María (Cádiz) 

“¡Pero es que yo no soy como tú, no soy tan capaz!” vociferó con desobediencia el letrado, como un sioux a un vaquero, consciente de que sus palabras llegarían hasta la veta más oscura de los ojos de su padre y de que no obtendría de él otra respuesta que el silencio, alimento de los últimos años. El sonido hueco de un portazo dejó a solas al Magistrado en la quietud de su despacho. Parecía ayer cuando su hijo le devolvió el temario de Judicaturas…No había que ser brujo para saber que su vocación era estar al otro lado del estrado. Al fin, el Juez asió un viejo cuaderno y anotó, en una larga lista, otro “tanto” más: Miguel había ganado otra vez el juicio. “Y yo con él” – se dijo. Suerte que cuando el orgullo le empapó la mejilla, sólo fueron testigos una muchacha ciega y su toga.

 

 

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