Brujería

Cristina Jover Acosta · Murcia 

Entró en la sala de vistas mascando chicle y con su pantalón vaquero Armani estudiadamente desgastado. Siempre con esa chulería y desobediencia que exasperaba a los jueces. Miró al fondo de la sala contando mentalmente el número de cámaras, la crisis había acabado con la mitad de medios locales pero no estaba mal. Tenía relación directa con los periodistas y les proveía a menudo de alimento con el fin de que hicieran publicidad de su bufete. Esta vez le tocaba defender a un supuesto brujo que había estafado a más de un centenar de señoras humildes por las que no sentía ninguna pena. El magistrado llamó a declarar a la primera de ellas. Quedó petrificado. Una gota de sudor comenzó a descender por su frente mientras los objetivos hacían zoom en el rostro de su madre.

 

 

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