Lo increible

Sol García de Herreros · Segovia 

En la autopista me adelantó un vaquero subido en una escoba que iba picado con una bruja que montaba a caballo. Me pareció normal, hay gente que tiene muy mal despertar. En la radio hablaban de nuevas desobediencias de los diputados a las consignas de partido y del cielo empezaron a llover billetes y alimentos. Yo seguí conduciendo tranquilamente, repasando en mi cabeza la defensa de mi cliente. Al llegar a los juzgados comprobé la perfecta organización de las oficinas, dotadas de los medios técnicos imprescindibles, un personal estable y bien remunerado, y el número de jueces necesario para que la justicia no se diluyera en el tiempo. Sólo entonces, al fin, tuve la certeza de que soñaba.

 

 

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