IV Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Ilustración: Juan Hervás

Historia de amor

Nuria Rubio González · Madrid 

La amé apasionadamente durante mi etapa de estudiante y de becario. Después, y a la par que mi carrera profesional iba afianzándose, ese amor se convirtió en un sentimiento más profundo. Nada hacía presagiar que el peso de una traición caería sobre nosotros. Pero sucedió. El mío fue un acto reprobable, de esos que no admiten argumento alguno en su descargo. Desde entonces, juzgándome una escoria indigna de permanecer a su lado, vivo retirado en este pequeño pueblo costero, lejos del tumulto de la gran ciudad donde se forjó nuestra unión. Aquí dejo transcurrir las horas entregado a dibujar, con temblorosos trazos de tinta china, los rasgos de mi amada: ojos vendados, espada y balanza en mano. Como mudo testigo de tan obsesiva actividad está el mar, en cuyas profundidades yacen para siempre mi toga y mi birrete.

 

Relatos seleccionados

  • Pesquisas informativas

    Antoni Manchón Farreras · Vallbona dí¯Anoia 

    No fue tarea fácil limpiar la huella quasidelictiva que dejó el último becario del bufete tras ser detenido a raiz de la manifestación contra los recortes del Gobierno. O al menos eso parecía cuando le detuvieron en el tumulto del barrio del Raval en compañía de una menor de nacionalidad china. No es gratuito recordar la vestimenta poco decorosa de la menor, hecho que puso en duda su participación en cualquier manifestación política. Lo peor llegó cuando el juez procedió a tomarle declaración. Se mostró absolutamente falto de cintura en pleitos y orataria y no tuvo más ocurrencia que presentar como argumento de defensa una tarjeta del bufete. La noticia corrió como la pólvora entre el estamento jurídico si bien finalmente pudimos demostrar que estaba inmerso en una pesquisa informativa entre la escoria del barrio presuntamente vinculada a la prostitución. O al menos eso parecía.

     
  • P.L.X200

    Francisco Bordes López · Las Palmas de Gran Canaria 

    El archivo-sensor P.L.X200 implantado en el cerebro del nuevo becario no podía fallar. Los Tecno en Galaxia garantizaban el error-cero, pero el portavoz de los sindicatos entre el tumulto expectante, intuía cual iba a ser el argumento de la defensa. - Ja! Esta escoria de aparatejo "Made in China" no podrá llegar muy lejos… Unos funcionarios activaron el ON y el joven abogado comenzó a hablar. - Los elefantes púrpuras columpiábanse entre la infinita prescripción adquisitiva resultante… El juez de momento aturdido y con los ojos como platos no tuvo otra opción. El caso quedó sobreseído.

     

     
  • Vuetas, vuetas… vueltas

    Daniel Domínguez Repiso · Bocos de Duero (Valladolid) 

    El argumento del fiscal es que el becario, escoria de su promoción, había pegado una puñalada a la china en el tumulto. El defensor argumentó que la china había robado al becario en el tumulto y que era una escoria. El testigo, como argumento, dijo que vio entre la escoria a la china y al becario en un tumulto de pasión. El becario, en el tumulto, perdió el zapato entre la escoria, argumentó la china. Tumultuoso argumento sobre la china, dijo el forense, con la escoliosis de un becario. Tumulto de libros, chinas en los zapatos… para ser becario, una escoria… argumentos baladíes del acusado.

     

     
  • De abogados y otros demonios

    Silvia Vicedo Ramón · Alcoy (Alicante) 

    Las seis. Esta vez me despedía. Llegaba tarde de nuevo y lo peor es que se me acababan las excusas con que contrarrestar mis ausencias en el despacho. Quedarse dormido en el cine mientras veía una película iba siendo un argumento trillado. Y un becario como yo lo tenía crudo, aunque peor sería admitir el error de haber estudiado derecho. Resoplé. No soportaba ni defender a escoria sabiéndola culpable como el demonio, ni el asedio constante de mis problemas de conciencia. No sabía si merecía la pena tanto sufrimiento, o me estaba engañando a mi mismo como a un chino, o quizás… Por eso asistía a terapia. Cuando llegué, el bufete estaba vacío, aunque mi jefe continuaba sepultado entre un tumulto de expedientes. Me miró llevándose su dedo índice a los labios. “Es normal. A mi también me encantaba el cine al principio. No deje de acudir mientras lo necesite…”

     

     
  • Selección de personal

    Carmen Viejo Ibarra · Guadalajara 

    No busco becario. Busco musa. Alta, baja, lista o tonta. No importa. Musa que me inspire y busque argumentos para mis casos, que coloque y ordene mis divagaciones. Se requiere musa. De civil, procesal, penal, de la China o de Moratalaz. Licenciada, con idiomas y experiencia.Incorporación inmediata. Que hipoteque su vida y me la venda. Para mí y mis ideas. Mi inspiración y creatividad. Que provenga de la más alta alcurnia o de la más sucia escoria. Busco musa. Que alimente mi retórica y mi poder de convicción. Musa que aguante mis largas noches en vela y soporte mis nervios antes de un juicio. Se precisa musa; ni muso, ni becario. Musa. Musa que acalle mi tumulto mental y no tema negociar una sonrisa. Se ofrecen buenos incentivos y remuneraciones. Abstenerse curiosos.

     
  • Mediación:el plato del día a día

    Marta Zamora Lozano 

    Nos sentamos a desayunar para repasar, por última vez, el argumento de nuestra defensa. Al fondo de la barra escuchamos mucho tumulto. El chico becario se acerca, tímidamente, a preguntar lo que sucede. “He preguntado cuál era el plato del día y sin ton ni son me ha llamado escolia, como si no supiera lo mal que pronuncian las erres. Pero, ¿a qué viene este insulto gratuito? Poca vergüenza…” El joven le pidió calma al malhumorado señor. Acto seguido se giró hacia la camarera, china, que con cara desconcertada gritaba cada vez más fuerte “ Es-col-i-a-tuuuu”. “Señor, esta mujer sabe pronunciar perfectamente la erre pero creo que le fallan las enes. No le grita escoria tú, sino que le está respondiendo a su pregunta: Es col y atún”. El chico se vuelve a sentar a la mesa y brindamos para celebrar su mediación, presiento que será un buen abogado.

     

     
  • Juan Ramón el meticuloso

    Mayte González- Mozos · Toledo 

    Se podía decir que el argumento de su vida era la pulcritud, lo equilibrado, lo derecho… En inculcar a su becario la idealización de la verdad era inflexible. Y en sus juicios siempre prevalecía un valor moral. Atosigaba a familiares y colegas ordenando legajos, y obstinándose en colocar objetos. Unas vacaciones se ennovió con una china, pero fue un sufrimiento y tuvo que adelantar su regreso; por no soportar el desorden y el tumulto en el país de su amada. En su testamento pidió la exacta alineación de su féretro con la ventana y que ésta permaneciera abierta. Fue así como se colaron las palomas y le cubrieron de excrementos su correctísima toga, hasta las mismas puñetas. Cuando los empleados de la funeraria cerraron la tapa, no dieron importancia a que la escoria le acompañase por siempre.

     

     
  • El socio

    Federico Pérez de las Heras · Segovia 

    ¿Acaso hay mayor placer que haber llegado a la cumbre? Ser socio de un gran despacho es una experiencia reconfortante. Y curiosamente he descubierto que más allá del relumbrón social, donde se palpa y se disfruta con mayor intensidad el éxito profesional es dentro de las paredes de la oficina. Nada vuelve a ser igual. Por ejemplo, de pronto desaparecen aquellos tumultos en el ascensor para llegar el primero a tu sitio. Ahora apenas quieren compartir el pequeño trayecto que hacemos juntos. Yo sigo subiendo unos pisos más, claro. La cima no se comparte. Y no es porque les trate como escoria. Simplemente, están ahí abajo. Trabajando como un chino en busca de los mejores argumentos jurídicos para cada asunto. Saben que es el único modo de sobrevivir y, con suerte, de llegar a ser socio. Me llaman a mi espalda. Debe ser mi secretaria. -¿Eres el nuevo becario?

     

     
  • Bossing

    Arturo Andrés García Torres · La Palma 

    Primer día en el tumulto del Juzgado, me temblaban hasta los conocimientos, supongo que como a todo becario, había estudiado cinco años derecho, disfrutaba de haber conseguido una plaza de gestor, aunque fuese como interino. El argumento de mi vida era una realidad, pero no todo podía ser bueno. Entonces me encontré con la china como se suele decir, Jueza sustituta y Secretaria Judicial interina como yo. La historia no se puede resumir en menos de ciento cincuenta palabras, pero se sintetiza en acoso, humillación, desmérito, burlas, ironía. En menos de dieciséis días me sentí un inútil, una basura, un inepto. Creo que lo llaman bossing, yo prefiero llamarlo injusto de la justicia. Campea con toda impunidad, pero jamás llegué a pensar que donde se tuviese que juzgar fuese el sitio más difícil de combatirlo. Allí lo dejé todo anclado y ahora cargo con el lastre de la escoria.

     
  • Una toga de diseño

    M¡¦ del Mar Suárez Sanabria 

    Soy presumida y elegante. Diseñada por una becaria que se inspiró en las creaciones de Giorgio Armani, aterricé con un tumulto de leyes y manuales de derecho, en el despacho de una imponente abogada. Y aunque ella todavía no lo sabe, tengo grandes planes para nosotras en las salas de vistas: mi letrada triunfando con la brillante oratoria de sus argumentos, en la defensa de sus mediáticos clientes. Y yo deslumbrando con el brillo que desprende la seda china de la que estoy confeccionada. No es que sea ambiciosa, pero me veo luciendo en mi solapa la Gran Cruz. Y es que yo tengo la autoestima elevada. No soy como algunos creen la escoria del procedimiento judicial. No, yo soy una toga vanguardista, una pieza única. Y aspiro en un futuro no muy lejano a desfilar en Cibeles; aunque esto es historia para otro microrrelato.

     
  • ¡Señoría!

    María Ventura Sanabria Caballero · Alcorcón (Madrid) 

    ¡Señoría! repitió por quinta vez el abogado mientras se aflojaba el nudo de la corbata y tragaba con dificultad la flema que le impedía vocalizar ante el micrófono. ¡Mi defendido,—tosió— será una escoria, —carraspeó— pero es inocente! Tumulto de risas. A ver, Señor Letrado, insistió el Ponente, y lo dijo con cara de tener una china clavada en el talón. Esta es la última vez que le doy la palabra, no se lo vuelvo a repetir más, a si es que por favor, contésteme. Sabe que estamos en la fase de conclusiones. Lo sabe ¿verdad? Pues bien, ¿Quiere usted decirme cuál es la base del argumento de su defensa? -¡Pues que es inocente Señoría! Le recuerdo Sr. Bernal, que el hecho de que usted sea becario y que esto sea una clase práctica, no le permite olvidar que su cliente se ha confesado culpable del crimen.

     

     
  • Amor sin argumento

    María Elena Núñez Ramos · La Laguna 

    Siempre supo que buscarle un argumento al amor era cosa de necios. La rosa que la china de la calle Montesinos le ofrecía le pareció un detalle. Llegar con ella. Sentarse a su lado. Como antes se hacía, con calma y ofrecérsela. Caminaba con ella entre el tumulto de gentes apresuradas. El despacho estaba a sólo dos manzanas. Pero ¿quién era él? sólo un becario, la última escoria del bufete. Dudó al verla. Sintió lo ridículo de su imagen, maletín de expedientes en una mano, y en la otra la rosa. Lo único que dijo al entrar fueron los buenos días. Ella miró por encima de sus gafas, y se quedó admirando la rosa que alguien había tirado a la papelera. Algún día alguien le regalaría una, pensó, al tiempo que lo llamaba y le entregaba el sumario del siguiente caso.

     

     
  • Lawyerman

    Pilar Blázquez · Madrid 

    Una mujer china entró solicitando un abogado y allí estaba yo, Lawyerman, el tipo que estudió Derecho para limpiar de escoria la ciudad. Me entregó los papeles y mi instinto sospechó que malvivía esclavizada por alguna mafia. Tras hojear los documentos, decidí investigar para salvarla del mal. No fallé. Sin apenas esfuerzo desmantelé una banda criminal y, como siempre después del juicio, me rodearon los periodistas ¡Por favor, Lawyerman...! Aún no habían concretado una pregunta cuando sentí la voz sobresalir del tumulto: ¡Martínez! —gritaba —¿liquidará un IVA con las facturas que le dio la señora o continuará en la inopia? Mi jefe volvía a recordarme qué personaje representaba yo. Porque ni soy ayudante del fiscal ni mi vida es el argumento de una película de Lamet; sino que interpreto al becario que, en una gestoría de barrio, se plantea si en vez de leyes, debió de estudiar guión cinematográfico.

     

     
  • El despertar

    Goretti Fariña Caamaño · Santiago de Compostela 

    Preparaba un escrito para el Consejo Real de don Fernando VII suplicando audiencia y gracia para un reo al que iban a dar garrote, cuando vencido por el sueño se vio transportado a un lugar de penitencia, un purgatorio ardiente con su escoria de seres atormentados en constante sufrimiento. Soñaba y veía un ingenio diabólico que alguien acercaba a la oreja para hablar, contemplaba una dama sentada y atenta a un rectángulo luminoso lleno de textos legales, observaba un gañán que confesaba su ignorancia con el argumento de solamente tenía una beca cuando no se veía ninguna faja de paño sobre su rara indumentaria. Miró a la calle y vio un tumulto de veloces máquinas con pequeñas ruedas negras, y un inmenso bazar con un rótulo de caligrafía china. Aquello sólo podía ser el infierno y decidió volver a la realidad. Se despertó, y el becario todavía seguía allí.

     
  • Sólo un argumento

    Rosalía Nieto Silveira · Vigo 

    Entre el tumulto de abogados defensores lo encontré. Habían hecho una pausa y allí estaba él,tal y cómo me lo habían descrito, en su cabeza siempre aquel sombrero que todos sabían que había traído de China, y que junto con su gabardina usada lo hacían un hombre peculiar y llamativo. Su primer impulso fue rechazarme, era un hombre desconfiado y orgulloso y me dijo que él no necesitaba becarios, pero tras una breve pausa se giró y dijo " pero estoy seguro que el becario me necesita a mí ", y con la misma fuerza que un volcán en erupción lanza escoria, me dijo, " los hombres aprenden mientras enseñan" y me guiñó un ojo. No necesité más argumentos para saber que era a él a quien estaba buscando.

     
  • Me voy para China

    Carlos Linares Rosado · Málaga 

    Me voy para China a ejercer la abogacía. Baldado por la arbitrariedad de nuestros jueces, aunque tenga que volver a ser becario, marcho al Lejano Oriente. A mis procuradores, templados cosufridores, les dejo una carta tierna y formal evocando aquellas guardias en la trinchera con petacas, cigarrillos y el tarareo de alguna coplilla: "Del sistema en el ángulo oscuro, de Su Señoría seguro olvidado, silencioso y cubierto de polvo… hallábase el pleito." A mi excónyuge le envío una nota de suicidio. Así trato de evitar, en la medida de lo posible, que me busque, y retraso, al menos un poco, el momento en que me encuentre. Me libero ya de los dos despotismos que me sojuzgan a día de hoy y me dirijo feliz al tumulto que me aguarda tras la Gran Muralla. Erguido, hago caso omiso a quienes, sin más argumento, gritan tras de mí: “¡Gallina! ¡Desertor! ¡Escoria!”.

     

     

     
  • La mejor puesta en escena

    María Dolores Moya Gómez · Puente Tocinos (Murcia) 

    Formando parte de un jurado popular descubrí mi verdadera vocación; con 35 años retomé con ahínco los estudios. Empeñado en demostrar mis dotes para la abogacía, dejé mi trabajo en el teatro para ser “un becario". El mismo día en que me licencié tenía un contrato en un conocido bufete. Me crecía en cada caso, era como seguir subido a un escenario en el que siempre sería protagonista. Transmitía cómo disfrutaba con cada argumento que daba hasta que me asignaron la defensa de una escoria, un famoso empresario acusado nuevamente de explotar laboralmente niños de la comunidad china. Al comienzo del juicio apenas me salía la voz y me mostraba sudoroso; el tumulto aumentaba. Me auto convencí: “todos tenemos derecho a una buena defensa”. Hice mi mejor puesta en escena; perdí el caso, recibió la peor de las penas. Soy tan buen abogado como actor.

     

     
  • Corazonada

    Mª Belén Mateos Galán · Zaragoza 

    El argumento que expuso el becario, para librar de la condena a la presunta homicida, provocó un tumulto entre los socios del buffet. Quería destacar, impresionar y sobre todo acabar con toda la escoria que rodeaba al asunto. Nada parecía inculparla del delito, nada probaba su inocencia, sin embargo algo en la mirada de la china, le hacía confiar. El arma, la sangre, el móvil del crimen, las huellas… Giraban en su cabeza, como piezas de un puzle donde solo faltaba una para dar sentido a su corazonada. Expertos policiales habían inspeccionado la escena del delito. Sin embargo, fue en una foto donde se percató de su pequeño y abultado vientre, sus maternales manos lo cubrían como un escudo… ¡Esa era la pieza! Otra mujer vulnerable… pero esta vez la historia tenía un final diferente. Dos corazones latían a la vez luchando por sus vidas ¿Justicia?

     

     
  • Con la venia

    Jara Rupérez Martínez 

    Su argumento le dejó sin palabras. Todos lo notaron. Desde el primer día de clase, aquel becario era, para él, como una china en el zapato. El tipo de escoria que estudia la carrera de Derecho con la intención de cambiar el mundo. Imposible disimular. Le había dejado en ridículo delante de todos los demás alumnos y ahora tenía que imponerse ante aquel inusitado tumulto. Dejó caer el manual de la asignatura con su foto en la portada sobre la mesa. Sonó un ruido seco y se hizo el silencio. ¡l sí sabía imponerse; pero la voz del estudiante sonó alta y clara: "con la venia, señoría..."

     
  • Soñé

    Amaia Uña Orejón 

    Me paré entre el tumulto que había a las puertas del juzgado. Con dificultad divisé a una niña china, de unos cinco años, que yacía sobre el adoquinado con la boca entreabierta y cubierta de espuma, estaba convulsionando. La ambulancia venía de camino y su madre entre sollozos hacía aspavientos para que dejásemos espacio. Con mal cuerpo entré en el juzgado y mientras me ponía la toga, intentaba encontrar algún argumento para no tener que hacerlo. La madre de esa niña era mi demandado. Represento a una farmacia que ha despedido a esta trabajadora de su almacén porque descubrieron que había robado un par de cajas de medicamentos. Su hija tiene una enfermedad de las denominadas raras y el sueldo miserable que le pagaban no podía cubrir ni la mitad de todo lo que necesita esa niña. Me siento escoria. Cuando fui becario soñaba con defender causas más nobles.

     
  • Mi primer amor

    Carlos Escudero Arás · Barcelona 

    Como el temeroso becario ante el trabajo de su vida, tropiezo siempre con la misma piedra en la primera cita: “¿Cual fue tu primer amor?” Yo siempre respondo: “Heidi”. Y Como en aquellas pelis de los sábados al mediodía en las que el mismo argumento se repite una y otra vez, la chica de turno se inventa 1000 historias cual exquisito abogado en plena “faena”, para defender su espectacular huida, y yo me quedo sin cita, sin chica y con las sabanas de mi cama bien frías. Entonces camino entre el tumulto de la gran ciudad sintiéndome la peor escoria de la humanidad, odiando ser tan sincero, y ansiando un primer amor de verdad: Una Sandra de las pequitas, o una Marta con aparatos en la boca, y no un dibujo animado proveniente de la China, Japón o que se yo.

     

     

     
  • Cara o cruz

    Julio Nieda Fernández · Gijón 

    Lunes terrorífico, menudo tumulto que se ha organizado con este juicio; un montón de gente a la puerta del Juzgado, la prensa, la tele….y yo agazapado en la cafetería todavía repasando las declaraciones y pensando en preguntas …también es mala suerte que por el turno de oficio se me designe al mayor timador de la década; espero no quedarme en el juicio sin argumento de defensa…porque ya estoy viendo los titulares: “Un becario defiende al Chusti”… tendré que volver al pueblo a recoger escoria y a aguantar a la tía Puri, Dios mío No!! …aunque puede seral revés, quizás sea mi pasaporte a la gloria… si me luzco hasta en China van a saber de mi destreza...seré conocido como un torero y por fin podré defender a gente pudiente y tendré un cochazo…je,je….vaya se terminó el café y van a dar las once….ringgggg, cierren sus apuntes caballeros, hora del examen!!!!

     

     
  • En la cima

    Ana Mª Barreiro Barross · Caldas de Reis 

    Alejada del mundano tumulto, acompañada del resto del grupo de expedición de montañeros, la becaria de Derecho empresarial llegó, vió , venció , hundió su bota de goratex en aquella montaña china, la Taishan, imprimió su huella , encontró un pretexto, un argumento para vivir y despejando la escoria del terruño , encontró un pedazo de piedra filosofal y una razón para seguir en su carrera: la cima de la vida.

     

     
  • Balanza

    Jacqueline Bauer Bravo · Guayaquil (Ecuador) 

    El argumento de la fiscalía era claro. La escoria es escoria, sea española, gringa o china y no hay derecho a hacer distinciones entre un becario árabe y uno nacional. Cuando se formó el tumulto, el acusado le había lanzado piedras a los guardias y estos lo golpearon para imponer el orden. El defensor alegaba que su defendido simplemente pasaba por el lugar y si lo detuvieron no fue por su participación, sino por su nacionalidad. El juez, se mesaba la barba, dubitativo entre un racismo congénito y la falta de pruebas condenatorias y la estatua de la justicia, sonreía pícaramente, mientras su balanza se inclinaba a uno u otro costado de forma alterna.
    Fuera cual fuera la decisión, esa noche el magistrado no iba a dormir tranquilo.

     
  • Una cuestión de detalles

    Esther Mranda · Heidelberg 

    De nuevo me había tocado la china y mientras todos disfrutaban del puente a mi me tocaba preparar el caso del asesinato en la procesión del Alba. El becario me ayudaba a elaborar una lista de la escoria de la ciudad: prostitución, drogas, tráfico de armas; una visita a los bajos fondos a los que pertenecían víctima y acusado. El caso se las traía, diez mil personas en la plaza y nadie había visto nada. Se había formado un tumulto y la gente corría sin saber muy bien hacia dónde, ni de qué huían exactamente. Mi cliente, el acusado, un individuo de la peor ralea y enemigo acérrimo del finado negaba la acusación con el argumento de que él iba de costalero en aquella procesión. Mi respuesta fue inmediata: evidentemente ustedes llevaban capirotes. ¡l me miró despacio, peligrosamente y afirmó : evidentemente. Ambos nos quedamos callados.

     
  • Reflexión de una pasante en crisis

    Laura Iturrate Areste · Montequinto ( Sevilla) 

    El tumulto es al jaleo como el becario al pasante. Una escoria de trabajo con un argumento falso: “Te formas en mi despacho y luego ya das el salto”. Así estuvo mi madre hasta cesar en el cargo. Trabajar como una china....y ¡esta birria de salario¡. Con mi toga inmaculada sin salir ni del despacho; pliegos, pruebas y demandas que pasan de mano en mano, para que en ultima instancia las firme el Sr. Letrado. Ya van para los tres años, desde mi jura en el cargo, y de está ya no paso, ¡ yo me monto mi despacho¡.

     

     

     
  • El guión de la defensa

    Lita Rivas Folgar · A Coruña 

    Mi primera clase en la Facultad de Derecho, y mis alumnos me plantean empezar de forma distendida, con un ejercicio de estrategias para elaborar una buena defensa. Se trata de hacer un guion con los pasos a seguir y que además contenga un total de cinco palabras escogidas al azar, sin relación y que resultan ser: argumento, escoria, becario, china y tumulto. Cada alumno elabora una frase: encargar el trabajo de campo a un becario (rinde mucho y es mano de obra barata); intentar encontrar siempre un argumento irrebatible; pase lo que pase, hay que ser siempre la china en el zapato del Ministerio Fiscal; ante situaciones de emergencia, indagar en los bajos fondos y tratar con la escoria de la sociedad. Se produce un silencio… y una voz al fondo, exclama: ¡En caso de tumulto en la sala, proteger al juez con la vida

     

     
  • Made in

    Esteban Torres Sagra · Úbeda (Jaén) 

    Mi becario es pequeño, peludo, suave… está disponible 19 horas diarias y documenta cualquier argumento aprovechando el fin de semana. Por naturaleza huye del tumulto que forman los otros becarios en la zona de fumadores, mientras le dan al vicio, despotrican de nosotros y nos comparan con la escoria; por el contrario, aprovecha esos ratos tontos leyendo el Aranzadi. Forma parte del primer contingente llegado desde China y siempre está sonriendo a pesar de que comparte apartamento con otros quince congéneres. Es el ayudante ideal y el futuro abogado perfecto: Cobra una miseria, no exige nada y trabaja como un ídem.

     

     
  • Las cosas cambian

    Mar Soler Esplugues · Castellón de la Plana 

    En la mesa del fondo, escondido tras un centenar de papeles, podías encontrarle de lunes a sábado , y de sol a sol. Gafudo,sudoroso, la piel de un blanquecino aterrador, asomaba su ratonil cabeza por encima de las sentencias cuando el tumulto del exterior se hacía insoportable o Don Roberto le requería, con aquel manido "¡Becario!" o el más específico ¡"Escoria!... Un día dejé de olerle en la oficina, pero cuando pregunté por él, nadie supo responderme.Me asomé a su cubil , y sólo encontré una pequeña y educada nota que decía :"Suerte a todos, me despido. Alberto" Años después le vi en los periódicos,era el letrado estrella del caso del año. Al parecer, algunos son capaces de cambiar el argumento de sus vidas... Sudando tinta china, claro está.

     
  • Solo en casa

    Puri Palazón Guzmán 

    ¡Por fin me he quedado solo! Les he recomendado una escoria de película, con argumento de tres horas, y para después una cena sin prisas. Ya puedo preparar a mis anchas el juicio del becario. Despejo la mesa, reemplazo la porcelana china por mi portátil y un tumulto de carpetas, papeles, libros, un refresco de cola y varias latitas abiertas para picar entre horas. Frente a mí, una repleta estantería y mi siempre fiel Aranzadi. Comienzo a disfrutar del silencio cuando suena el teléfono: mi suegra y su verborrea se topan con mis monosílabos. Después el timbre: una vecina. Por fin me siento y veo sobre la mesa el juicio perfectamente preparado; me entran ganas de abrir boca y observo que antes ya la han abierto por mí. ¡Y mis hijas siguen sin entender por qué le puse Aranzadi al gato!

     
  • Que sea leve

    José Manuel Castella Almiñana · Gandía (Valencia) 

    ¡Cainita!, ¡eres una escoria humana! El Presidente , con su “Orden, Orden o mando desalojar la Sala” azuzo el tumulto organizado por los gritos de la cuñada del acusado. Los ojos del Fiscal y de los miembros del Jurado se clavaron en mi cara esperando que algún argumento saliera de mi boca reseca. Palidecí. Me quedé rígido como estatua. Me ahogaba, aaajjjjjjjjjjjjjjj. Abrí los ojos. Mire el reloj. Las 5 de la madrugada y empapado en sudor. Te contare mi secreto. Esto solo me pasa desde que comencé como becario-pasante. No puedo quitarme la “china” del zapato del día de antes de la vista por muy preparado que esté. Da igual la gravedad del asunto. Llevo años y años de toga, y aun espero poder defender alguno que considere que sea leve a mis ojos y dormir de un tirón.

     

     
  • Juicio Paralelo

    Ferran Varela Navarro · Barcelona 

    El juicio había ido muy bien. El argumento con el que defendió a su cliente era sólido, la esencia del Derecho Penal: sin prueba objetiva no se desvirtúa la presunción de inocencia. Su alegato fue tan contundente que, en las conclusiones, el fiscal sólo logró balbucear “a definitivas”. Su becario, que había asistido de público, le felicitó enérgicamente al salir de la sala. El cliente lloraba de agradecimiento. Ambos creían haber ganado. El abogado sonrió con tristeza, consciente de que el caso estaba perdido desde que despertó el interés de la prensa. Una sentencia absolutoria te libra de la cárcel, pero un titular que te presenta como asesino de una prostituta china te escribe “culpable” en la frente, sin juicio ni defensa posible. En la calle, un tumulto enfurecido les lanzó huevos al grito de “escoria”. No habían ganado. Eso no puede ser ganar.

     

     
  • Delito de solidaridad

    Victoria Trigo Bello · La Joyosa (Zaragoza) 

    Como único argumento, la acusación presentó unas fotografías. En ellas aparecía el becario sonriente en una barriada de escoria social donde salían a pasear las navajas y llovían piedras de las ventanas. El propio enjuiciado llevaba en sus gafas el impacto de la china de un tumulto, aunque la defensa señaló que no era un desperfecto sino la estrella irradiada por la mirada de un inocente abogado de marginales, que disfrutaba cuando las mujeres llenaban su birrete de caracoles y los críos hacían capeas con su toga. Por la mala imagen que esa actitud significaba para la profesión y por el agravio y competencia desleal que la voluntariedad del acusado suponía para las minutas, fue declarado culpable de cometer delito de solidaridad con premeditación, dolo y alevosía. El fiscal, insomne crónico, pidió que también se incluyera en la sentencia el agravante de nocturnidad.

     
  • ¡Maldita ambición!

    Esperanza Temprano Posada · Madrid 

    Siempre supe que acabaría siendo portada de prensa rosa. Recuerdo la última vez que la vi -Dame un solo argumento para echarme de tu vida– le grité desesperado en plena calle, pero ella simplemente negó con la cabeza y se perdió entre el tumulto de la gente que celebraba el Carnaval. Yo entonces no era nadie, un simple becario que se abría paso en la profesión, pura escoria para su ambición, una china en su zapato que no le permitía alcanzar su objetivo. Pensé que lo nuestro tenía arreglo hasta que se casó con el marqués, después,cuando la vi saltar de programa en programa supe que la cosa no tenía remedio. Dentro de unos minutos comparecería ante el Juez con su flamante marido para responder de un delito de malversación de fondos y todo apuntaba a que sería yo quien terminara con su delirio ordenando su ingreso en prisión

     
  • Oveja castellana (variedad negra)

    José María Aguayo Zarracayo · Madrid 

    Ya en el colegio opinaba de todo. Daba igual si no sabía nada sobre el tema en cuestión; las razas ovinas, el Antiguo Testamento, la China precomunista… ¿Incontinencia verbal? No. Necesidad enfermiza de ser admirado. En la universidad disfrutó con las revueltas estudiantiles, no porque se convirtiera en un deslumbrante líder universitario como le hubiera gustado. Se tuvo que conformar con vomitar sus argumentos empapados de rencor a desconocidos que el azar colocaba a su lado en el tumulto de las manifestaciones. En su primer trabajo, pronto pasó de becario a ocupar un puesto relevante. Sobre todo porque aprendió a seleccionar entre sus víctimas de monólogos saturados de la palabra “yo”, a los más influyentes. Nunca amó la verdad ni detestó a la escoria, pero hoy es un abogado exitoso. Los jueces le temen. Sobre todo cuando se ven obligados a pronunciar unas terribles palabras: “Es su turno”.

     

     
  • Derecho al Derecho

    Mariella del Riego Machado · Sant Joan Despí (Barcelona) 

    Frente a los juzgados, un tumulto de silentes indignados se manifestaba reclamando el derecho a una justicia eficiente, eficaz y sin tasas. Al grupo inicial de portadores de pancartas se le fueron sumando ciudadanos y la plaza se encontraba totalmente ocupada por un heterogéneo mar de personas. Al poco acudieron periodistas, fotógrafos y televisiones dispuestos a reportar la noticia. Difícil tarea puesto que no se producía incidente alguno. Ni un altercado, ni una papelera quemada, ni una pequeña china lanzada contra las fuerzas de orden público. Poco argumento noticioso ofrecía una ordenada manifestación que no estaba compuesta por descerebrados ni por la escoria de la sociedad sino por juiciosos representantes del pueblo llano. Hasta que al filo de las doce un grupo repartiendo pasquines impresos a toda prisa penetró en la plaza: “Los eternos becarios de la abogacía estamos con vosotros” “¡Lo tenemos, graba eso!” –gritó un reportero al cámara…

     

     
  • Promoción

    Macarena Ruiz · Alcobendas (Madrid) 

    Necesitaba aire fresco. Hacía años que los asuntos con la Administración habían monopolizado mi archivo, y a la vez me habían desmotivado. Mi argumento para pelear multas de tráfico era una escoria. Por eso confié en que la juventud de Santi me contagiara esa ilusión que yo también tenía cuando era becario del Despacho de Ernesto, si bien no tan desarrollada. ¡l dominaba el trato con clientes, me llevaba a lugares impensables para mí, decía que teníamos que estar en los partidos de fútbol, en las huelgas, en las fiestas locales, en tiendas de ropa de moda... el "motivo da igual, lo importante es el tumulto". Las cosas cambiaron a mejor, ¡pero nunca pensé que acabaríamos promocionando mi pequeño despacho en una aldea china! Sin duda me quedaba mucho derecho internacional por delante...