Una cuestión de detalles

Esther Mranda · Heidelberg 

De nuevo me había tocado la china y mientras todos disfrutaban del puente a mi me tocaba preparar el caso del asesinato en la procesión del Alba. El becario me ayudaba a elaborar una lista de la escoria de la ciudad: prostitución, drogas, tráfico de armas; una visita a los bajos fondos a los que pertenecían víctima y acusado. El caso se las traía, diez mil personas en la plaza y nadie había visto nada. Se había formado un tumulto y la gente corría sin saber muy bien hacia dónde, ni de qué huían exactamente. Mi cliente, el acusado, un individuo de la peor ralea y enemigo acérrimo del finado negaba la acusación con el argumento de que él iba de costalero en aquella procesión. Mi respuesta fue inmediata: evidentemente ustedes llevaban capirotes. ¡l me miró despacio, peligrosamente y afirmó : evidentemente. Ambos nos quedamos callados.

 

 

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