Solo en casa

Puri Palazón Guzmán 

¡Por fin me he quedado solo! Les he recomendado una escoria de película, con argumento de tres horas, y para después una cena sin prisas. Ya puedo preparar a mis anchas el juicio del becario. Despejo la mesa, reemplazo la porcelana china por mi portátil y un tumulto de carpetas, papeles, libros, un refresco de cola y varias latitas abiertas para picar entre horas. Frente a mí, una repleta estantería y mi siempre fiel Aranzadi. Comienzo a disfrutar del silencio cuando suena el teléfono: mi suegra y su verborrea se topan con mis monosílabos. Después el timbre: una vecina. Por fin me siento y veo sobre la mesa el juicio perfectamente preparado; me entran ganas de abrir boca y observo que antes ya la han abierto por mí. ¡Y mis hijas siguen sin entender por qué le puse Aranzadi al gato!

 

 

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