Sólo un argumento

Rosalía Nieto Silveira · Vigo 

Entre el tumulto de abogados defensores lo encontré. Habían hecho una pausa y allí estaba él,tal y cómo me lo habían descrito, en su cabeza siempre aquel sombrero que todos sabían que había traído de China, y que junto con su gabardina usada lo hacían un hombre peculiar y llamativo. Su primer impulso fue rechazarme, era un hombre desconfiado y orgulloso y me dijo que él no necesitaba becarios, pero tras una breve pausa se giró y dijo » pero estoy seguro que el becario me necesita a mí «, y con la misma fuerza que un volcán en erupción lanza escoria, me dijo, » los hombres aprenden mientras enseñan» y me guiñó un ojo. No necesité más argumentos para saber que era a él a quien estaba buscando.

 

 

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