Delito de solidaridad

Victoria Trigo Bello · La Joyosa (Zaragoza) 

Como único argumento, la acusación presentó unas fotografías. En ellas aparecía el becario sonriente en una barriada de escoria social donde salían a pasear las navajas y llovían piedras de las ventanas. El propio enjuiciado llevaba en sus gafas el impacto de la china de un tumulto, aunque la defensa señaló que no era un desperfecto sino la estrella irradiada por la mirada de un inocente abogado de marginales, que disfrutaba cuando las mujeres llenaban su birrete de caracoles y los críos hacían capeas con su toga. Por la mala imagen que esa actitud significaba para la profesión y por el agravio y competencia desleal que la voluntariedad del acusado suponía para las minutas, fue declarado culpable de cometer delito de solidaridad con premeditación, dolo y alevosía. El fiscal, insomne crónico, pidió que también se incluyera en la sentencia el agravante de nocturnidad.

 

 

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