IV Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Ilustración: Juan Hervás

Fuga

Mikel Pérez Aboitiz · Berlín 

La señora de la limpieza anunció, subida a una silla, que Código y Civil se habían vuelto a escapar. —¡Malditos hámsters! —aulló Jacinto a voz en cuello. —Pobrecitos, perdidos en el bufete —se lamentó Rosa, siempre maternal. —La última vez se comieron una cédula hipotecaria y un carné de identidad —recordó Jacinto, esgrimiendo amenazador una grapadora. —¡Solo eran fotocopias! —les defendió Rosa, escudada tras unos archivadores. Ibáñez, rojo de ira, gritaba: —¡Esto es un chiringuito!¡Aquí no hay quien trabaje! Nuestro especialista en arbitraje, Pío, se desgañitaba: —¡Calma, calma! —solicitaba encaramado a la fotocopiadora cuando, con un sonoro «plop», nos quedamos a oscuras. En silencio. Código y Civil habían hurgado juntos en un enchufe. Restablecida la corriente, los hallamos desmayados, desmadejados. Entonces, Pío activó sus delicados meñiques y —para gran alivio de todos— su doble masaje cardíaco funcionó.

 

Relatos seleccionados

  • Año: 2003 Género: psychothriller Duración 90 minutos

    JOS¡ AGUSTí–N NAVARRO MARTINEZ · Madrid 

    En aquella velada en casa de mi abogado no hubo temas tabú. Tan pronto me asesoraba en la estafa de mis cédulas hipotecarias como alababa la idoneidad del collar largo ópera en mi cuello de cisne. Lo mismo me recomendaba el arbitraje que me sorprendía con los entresijos de la última discusión con su mujer en un chiringuito a causa de su inminente divorcio. En un momento de la conversación también dijo ser pintor callejero. Y escritor. Y cocinero. Tanto es así que me emplató un lomo de Antología. Y me sirvió una sopa de letras. Y me deleitó con unos entremeses de Cervantes. Y como plato principal me dio a elegir entre raya a la plancha y grafiti al horno. Le perdoné que se dejara el postre en el tintero cuando introdujo el deuvedé de IDENTIDAD. Mientras me desnudaba sobre el sofá, sonrió como John Cusack. Sentí pánico.

     
  • La sala de vistas

    CRISTINA RUIZ Lí PEZ · MADRID 

    La sangre no le llegaba al cuello. Ese día pudo dormir hasta con la toga recién comprada puesta. No lo recordaba. El sitio más parecido a una sala de vistas en el que había estado era aquel chiringuito de su pueblo donde su abuelo se reunía con sus amigos. Aquel senatus populusque rural entre partidas de dominó y aspavientos con las manos exponían su más alto sentido de lo común y se erigían como legitimarios de un poder de arbitraje, simbólico, ficticio y rotundo. Cédula de citación en mano. Nudo de nervios en la garganta. Aferrada a su carpeta de documentos, facturas, tickets y hasta post-it probatorios, intentaba asemejarse a aquella mujer tranquila, feliz y serena que aparecía en su documento de identidad.

     
  • Vendetta

    JAVIER Salazar Calle · Madrid 

    ¡Estamos hasta el cuello de deudas y tú me vienes con eso del arbitraje para solucionar el asunto de las cédulas! ¿Con quién te crees que tratamos? No son un chiringuito, ni ladrones de cuello blanco, ni amables abogados que se esconden tras inmensos libros llenos de leyes que no entiendes. ¡Son la mafia, por Dios! Ni siquiera sabemos si la identidad de la persona de contacto que tenemos es auténtica o no. Si quieres que les propongamos un arbitraje díselo tú mismo. Yo no quiero aparecer en el Manzanares con unos zapatos de cemento. ¿Sabes quién es Mateos Urrigalde, el abogado? No, ¿verdad? Ni tú ni nadie, porque cuando esta gente te hace desaparecer es para siempre. Sólo encontraron un trozo de dedo, ¡un trozo de dedo! Para ser socio, apariencia, apariencia, apariencia, me dijo Santos. ¡Maldigo a Santos y el día en que me compré ese Ferrari!

     

     
  • EL MENSAJERO

    Germán Giménez Imirizaldu · SABADELL (Barcelona) 

    La cédula de citación sorprendió al tipo que abrió la puerta, pero mayor fue mi sorpresa al verlo. Uno no está acostumbrado a personajes tan pintorescos: chancletas, puro rancio en boca y camiseta de tirantes luciendo migajas de pan, a modo de lentejuelas incrustadas entre lamparones de grasa. -¿Para mí? -preguntó con glamour, y bebió otro trago de cerveza. Estaba claro: reflejaba perfectamente sus señas de identidad y se le convocaba a mediación a través de una cámara de comercio. -Bueno, solo es un arbitraje, al menos todavía no se me han tirado al cuello los del ayuntamiento -dedujo con sorna-. Tendré que ir, no vaya a ser que a la primera de canto me echen abajo el chiringuito playero y tenga que volver a vivir de la pensión de la abuela. ¿Y tu qué esperas, chaval, una propina? En fin, la labor del procurador da para muchas anéctodas.

     

     
  • Abogado Velacontento

    MIGUEL MERCADO VIDAL · BARCELONA 

    Al llegar al chiringuito, el abogado Velacontento alargó el cuello lo más que pudo hasta divisar en el local al personaje que le había citado para consultarle un delicado asunto. Cuando supo el tema, conoció las personas implicadas y adivinó el futuro desenlace, buscó desesperadamente la forma de decirle que rechazaba el encargo. Al fin encontró el cómo. Le pidió la cédula de identidad que en la época era obligatoria como ahora lo es el DNI y al carecer de ella le aconsejó sometiera su controversia judicial a un arbitraje de equidad. Velacontento, como su amigo Alatriste, estaba más satisfecho con la mediación que con la controversia y esperaba que el consejo profesional diera buen resultado.

     
  • ÁLTER EGO

    Cristina Palacios Cobos · Madrid 

    Hace dos veranos encontré a mi doble. Siempre he pensado que todos tenemos uno, en algún lugar del mundo. El mío resultó ser el dueño de un chiringuito. Él también me reconoció. Yo no daba crédito. Aunque parecía tener algunos años menos y el cuello más corto, la coincidencia física era asombrosa, y me dije, “no puedo dejar pasar esta oportunidad”, así que le propuse intercambiar nuestras cédulas de identidad. Para mi sorpresa, la idea no le pareció descabellada. “Estoy soltero y soy abogado de profesión”, le previne. Pero él se mostraba entusiasmado ya que, según me contó, era fan de las películas y series de abogados. Decidí, por tanto, formalizar aquella relación: cada uno asumiría las obligaciones inherentes a la vida del otro y cualquier controversia sería sometida a arbitraje. Quedamos en volver a vernos un año después… Él, visiblemente más delgado, me suplicó entonces recuperar su vida.

     

     
  • Lazos de sangre

    Montserrat Acevedo Jiménez de Castro · Madrid 

    Tras recibir la cédula como abogado, mi primer caso profesional fue digno de mención. Por error administrativo, la explotación de uno de los chiringuitos del paseo marítimo había sido adjudicado a la vez a dos de los solicitantes, con aparentemente los mismos derechos legales. Fui nombrado para llevar a cabo el arbitraje de la disputa y, de paso, aunque sin pretenderlo, me pusieron la soga al cuello cuando se supo la identidad de los implicados. Uno de ellos era un primo lejano mío y el otro, primo segundo de mi mujer. ¿Cómo quedar bien con el uno sin quedar mal con el otro? O lo que viene a ser peor: ¿cómo no quedar mal con ninguno de ellos? ¡Qué mala pareja hacen el rigor profesional y los lazos de sangre…!

     

     
  • CON COSTAS

    AMOR LAGO MENENDEZ · Valladolid 

    Cerró el despacho y montó un chiringuito a la orillita del mar, lo más cerca que le permitió la ley de costas. Sustituyó legajos, autos, vencimientos, clientes y jueces por boquerones fritos, jarras frías de cerveza, comandas, turistas y alemanas macizas apasionadas del surf y el chorizo “torrado”. Ah! qué terrible error no haberlo hecho antes “Con la venia SSª, muy brevemente para solicitar la libre absolución de mi defendido ... perdón, que le decía que el plato del día son chipirones en su tinta”. Oculta su identidad como abogado fracasado, disfruta sirviendo espetos de sardinas, que no espetando arengas y alegatos sin sentido tratando de conseguir una sentencia favorable “Y este guiri, qué me deja junto la factura … una cédula de citación para un arbitraje …” Comienza a apretarle el cuello inexistente de su bañador … “¡Vaya! parece que me acerqué demasiado a la orillita del mar …”

     

     
  • CHIRINGUITO VERSUS FINANCIERO

    RAFAEL SANCHEZ LINARES · FUENGIROLA (M¡µLAGA) 

    Desde el primer momento que conocí a José, lo sentí como una persona auténtica, hecha en la mar, defensora de su identidad y enamorada de su chiringuito, donde degustar un espeto de sardinas te transportaba hasta las mismas puertas del paraíso. Lo que nunca imaginé era que me encomendaría asunto tan complejo como el de interponer una demanda que impidiese el uso del término financiero referido al de chiringuito, pues, además de impropio, lo consideraba un desprestigio para su sector. Como la justicia no está para tan extraños avatares, decidí plantearla ante la Corte de Arbitraje, que, en equidad, y mediante cédula, nos notificó el siguiente laudo:¡€™Se ordena la creación de un registro especial de establecimientos financieros, los cuales, conforme a la serie de productos que comercializan, pasarán a denominarse merenderos y sus regidores, en prevención a la clientela, vestirán camisa de cuello duro y guantes blancos?.

     
  • ABOGADO AMBULANTE

    Eva María Cardona Guasch · Ibiza (Islas Baleares) 

    La música del chiringuito playero se mezcla con el voceo insistente, márketing directo y sin pretensiones. ¡Vestidos de la India! ¡Bolso barato, cedés! ¡Pulseras, collares! ¡Bikinis de Brasil! ¡Cocacola, agua, cerveza! ¡A la rica fruta, vitamina! Españoles, argentinas, senegaleses, brasileñas... Sin cédula de identidad ni licencia; ni embalajes ni etiquetas. Todos tratan de vender su mercancía a turistas y residentes que se tuestan en la arena. ¡Mojito, caipiriña! ¡Masaje tailandés! De pronto aparece un tipo peculiar, diferente: camisa impecable, corbata al cuello, pantalón bien planchado. Se aproxima. ¡¨Qué está ofreciendo¡€™Por fin me llega su voz. ¡Arbitraje, gestión de cobro, desahucios, diiiiivorcios!¡Denuncias por hurto, robo, injurias, aaaamenazas! ¡Consultas, asesoramiento legal! Creía haberlo visto todo en cuestión de venta y servicios ambulantes en la playa. Me faltaba un abogado.

     
  • INCOHERENTE RECLAMACIÓN

    ASUNCION FIEIRA BUSTO · A CORUíÑA 

    Mi último hallazgo:crema de baba de caracol. La encontré en un chiringuito que me recordó los ultramarinos de mi juventud. Dormitaba entre brillos plateados de cuchillas de afeitar y nanas de fregar. Su reclamo: "elimine sus arrugas en dos días".Escéptica, la adquiero. Promesa cumplida¡. Me veo 15 años más joven. REtornada a mi despacho, nadie me reconoce. Me impiden el paso al Juzgado. Muestro mi DNI pero me retienen por presunta usurpación de identidad. ¡De mi propia identidad¡. No puede ser. Reclamo. Cuando ya ni me acordaba recibo una cédula de emplazamiento: " 8 Septiembre, 12 horas, Sección Arbitraje de Consumo". Allá voy. El árbitro me mira y anota "edad según DNi 65, edad aparente: 50". Se va y a los pocos minutos me entrega su laudo: "Nada que reprochar al caracol que cedió su baba, ni a la empresa comercializadora. Debería recetarse en la Seguridad Social.¡ Es un milagro¡".

     

     
  • Un cliente de cuento

    Juana Cortés Camacho · Almería 

    Se disponía a abandonar el bufete cuando su secretaria anunció la visita. Lo vio entrar: de avanzada edad, corpulento, traje impecable de lino, pajarita enlazada al cuello… Con gesto enojado saludó, se presento como Eleuterio Lobo y, sin más preámbulos, tomó asiento para explicar su grave caso al abogado. Había recibido una cédula de citación para declarar, como imputado, por suplantación de identidad y tentativa de doble asesinato de Carmencita Roja y su abuelita; una calumnia que se venía difundiendo contra su persona desde el Medievo; esto tenía que acabar porque era inocente, y traía pruebas para demostrarlo. Con parsimonia sacó del bolsillo dos librillos “Rómulo y Remo” y “El libro de la selva”. El abogado lo escuchó atentamente, cogiéndolo con ternura del brazo: - “venga abuelo, déjate de cuentos y vamos al chiringuito; nos esperan las denunciantes y, mientras tomamos unas cervecitas, someteremos la cuestión a arbitraje”.

     

     
  • 3,33 euros período

    VICENTE KÜSTER SANTA-CRUZ · Valencia 

    Estaba decidido. Cobraría 3,33 euros por palabra. O lo que es lo mismo: 500 euros por plasmar sobre el papel alguna de sus múltiples vivencias profesionales. Necesitaba 150 palabras y hacer memoria. Escribiría sobre el juicio que no fue. Aquel que solventó merced al arbitraje. Un juicio de faltas absurdo que enfrentaba a dos clientes del chiringuito. En un momento de tensión, su defendido cogió del cuello al hombre mayor. La disputa tenía que ver con una cédula hipotecaria que la otra parte reclamaba como suya. Cogió la toga y procedió al sorteo de campo. Cada uno a un lado, el balón en medio y empezarían al oír el pitido inicial. Explicadas las reglas del juego –un chut cada uno– lo demás fue pan comido. ¡Qué fácil es resolver conflictos vestido de negro! A ver cómo lo cuento ahora para que me crean. Ya sé; cambiaré de identidad.

     

     
  • El tonel número veintidós

    JOSE VICENTE P¡REZ BRIS · BILBAO 

    Linares es un abogado peculiar.Su bufete, sito en Playamar, es un tonel de un chiringuito del paseo. Desde ese bureau, tramita informes, citas y comparecencias, mientras estira el cuello para otear los bikinis de la playa.La cédula de colegiado se sujeta al servilletero con una pinza de tender. Los clientes noveles se sorprenden cuando son citados en el tonel con el número veintidós marcado a tiza. "Es que hay cuarenta en el establecimiento"-se justifica Linares. Si surge una riña de borrachos, el letrado se traslada de barril y ofrece sus servicios en el arbitraje. Si pasa entonces el coche policial que patrulla la avenida, los agentes le preguntan: "¡¨Algún problema, Linares?" El aludido arrebata las carteras a los bolingas, y tras comprobar los carnets de identidad, responde: "Tranquilo. Son quienes dicen ser". El patrullero saluda y sigue adelante. Linares regresa a su tonel para terminar un alegato.

     
  • DERECHO CANONICO

    Fernando Fernández Fanjul · Madrid 

    Con el agua al cuello de equipaje y sin tener su identidad aval una cédula anuncia, en fatal desenlace, la quiebra y abordaje del experto en derecho procesal, y yendo al chiringuito de arbitraje pide ayuda apelando a su coraje como el cura en la Pobla del Cortal. Ese cura predica a los payeses una buena noticia y una mala: "la buena es, el dinero hace meses en la iglesia lo tengo a punta pala y la mala es, queridos feligreses, en sus propios bolsillos aún recala".

     
  • PLEGARIA

    David Simonián Afanasieva · VALENCIA 

    Nos conocimos en una librería jurídica. Mi anhelo sólo era posible en sueños, pero no me importaba. El simple roce de sus dedos colmaba las oquedades de mi insulsa existencia. Fue mi amor platónico y yo su fiel consejero. Ducha en arbitraje y reticente a embarcarse en procesos penales, conquisté su simpatía al sugerirle que impugnara varias cédulas defectuosas. Un día partió a hacer las Américas sin despedirse, dejándome en manos de su padre, insigne penalista junto al que coseché cuantiosos triunfos. Las últimas páginas de mi vida las dediqué a aflojar las sogas que oprimían los cuellos de opositores desmotivados. Ahora languidezco entre las renegridas paredes de un chiringuito abandonado, rodeado de orines y podredumbre, ansiando que mi plegaria tope con la mirada de algún alma compasiva. Merezco descansar en una morada digna antes de que la vil carcoma devore los restos de mi identidad: Ley d… Enj… Crim…

     

     
  • A sorbos de oficio

    Jose Manuel Castellá Almiñana · Gandia (Valencia) 

    7,30.Café, leche, croissant y El País. Foto de portada, a toda página:“Fino arbitraje. Chiringuito financiero escamotea 1000 millones en cedulas subprime”. A un lado, los descamisados afectados, puestos para la ocasión con galas de las últimas rebajas. Dignos. Apretujados. Sin identidad. De otro, el camisa de seda italiana, corbata Gucci y traje Loewe azul marino. A su lado, Pepe, abogado de oficio, designado para su defensa por insolvencia sobrevenida. Me atraganta el bocado del croissant remojado, -pienso-: ¿Cómo le explico a mi abuela la presunción de inocencia? ¿Y el derecho de todos a la defensa? En su juventud otro cuello blanco nos levanto la herencia de la familia. Se que me repetirá: “Hay Pepito, Pepito, con tantos oficios que hay tenías que recoger ese”.”Lo se abuela, lo se”. Los malos tragos pasan a sorbos de café con leche. Viene de oficio

     

     
  • Justicia cósmica

    Mª Victoria Torres Garcia-Lomas · Illes Balears 

    Despidió al cartero. Cerró la puesta despacio. La cedula de citación contenía su nombre y el número de su carné de identidad. Las manos le temblaban y sentía nauseas. El corazón le latía con fuerza. El cuerpo de Merche había aparecido en un vertedero, cerca del chiringuito que frecuentaron durante años. Su cuello estaba roto. No way out. Estás jodido, muchacho, bien jodido. Hace tiempo que lo estás. Desde que perdiste el empleo y Merche decidió liarse con ese pijo de manual. La mató porque era suya. Así es el arbitraje de la vida. Duro. Sin concesiones. La mató porque era justo. Justicia cósmica. Qué saben esos cuervos de túnicas negras del amor y de la vida. Nada. Marcó el número de su abogado. Fui yo. Ven al despacho. Coge un taxi. El disparo rompió como un cuchillo la luz de la tarde. Un taxi a la eternidad, pensó.

     

     
  • DESMONTANDO A UN ABOGADO

    ROSA MOLINA Lí PEZ · TRES CANTOS - MADRID 

    A veces me pregunto cuántas identidades puede tener una persona. Yo, por ejemplo, por la mañana soy padre: desayuno con mis hijos y los llevo al colegio. Luego soy abogado: reviso cédulas, diseño mil defensas. De noche, marido: colaboro con mi mujer, que también trabaja. Y, además, debo blindar cada identidad, porque me juego mucho más que el cuello. No me quiero imaginar conduciendo, distraído con la resolución de un arbitraje, con los niños detrás; o preocupándome por las notas de mis hijos durante un juicio. Imposible. Cuando noto que mi mente se convierte en un chiringuito destartalado, cojo mis botas, la mochila, el saco y voy al monte. Allí miro trabajar a los demás: al viento, dibujando sombras chinescas con los árboles; a la luna, moviendo el firmamento; a las vacas, rumiando con su mirada sin curiosidad, apacibles. Entonces uno mis piezas y vuelvo a casa. Entero.

     
  • La importancia del factor clave

    Paula Junquera Carruébano · Gijón- ASTURIAS 

    Aquel día sentí una fuerte presión sobre mi cuello que me hizo bajar de la nube a la que me había subido en algún momento de mi vida que ahora no lograba recordar, y entender que la abogacía no sólo requería de conocimientos y aptitudes, sino de su perfecta combinación con un factor clave: la experiencia. Esa lección no la asimilas en período formativo y sólo llegas a darte cuenta de ella cuando te la tienes que dar, por mucho que la hayas escuchado previamente en boca de sabios, de la misma forma que el dueño del chiringuito de playa no advierte la inestabilidad del negocio hasta el invierno. Entretanto juegas a crear una identidad que ni tú mismo te crees, y asesoras al cliente tras recibir una cedula de emplazamiento, deseando que todo cambie y el arbitraje se configure como vía previa.

     
  • Lo bueno por conocer

    María Domínguez de Paz · Valladolid 

    Recién arrancó el autobús, Maura palpó en sus bolsillos para comprobar que llevaba lo necesario: en uno, la cédula de identidad, el pasaporte y una cantidad de soles suficiente para llegar al aeropuerto de Lima; en el otro, la carta de su esposo. La releyó. Al parecer, el famoso letrado –tan mediático como extravagante - para el que trabajaba como chofer en España, volvió un día furioso del trabajo. Agarró las maletas, sin más, y en la misma puerta le mostró las llaves: “Muchacho, hasta aquí he llegado. Estoy harto de pleitos, sentencias, arbitrajes y laudos: me largo sine die a un chiringuito, bien lejos. Hasta que vuelva, puedes quedarte la casa salva rerum substantia...” Ella no comprendía una sola palabra. Se aflojó la bufanda del cuello para mirar mejor por la ventana. Atrás, entre montañas rocosas, quedaba cada vez más chiquita su querida Huancavelica. Eso sí lo entendía.

     

     
  • CAMEO

    AGUSTÍN MARTÍNEZ VALDERRAMA · GAVÁ(BARCELONA) 

    El hombre se levanta del sofá cuando emiten anuncios. Abre la nevera y descubre dentro a Perry Mason. ¿A quién? A Perry Mason. Abogado, célebre, estadounidense... Perry esgrime una cédula de citación, le agarra del cuello y dice que come on, let´s go. El hombre intuye que es un sueño, pero obedece y deambula por un pasadizo que no tiene fin. A lo lejos, se vislumbra una luz. Perry lo empuja, y éste cae hasta dar con una silla. ¿Una silla? Una silla, en una tarima. El fiscal alega que es real; que no se trata de un ente de ficción, sin identidad. El juez, experto en arbitraje jurisdiccional, desestima la protesta y ordena al hombre que responda. Perry repite la pregunta. ¿Es cierto que la noche de autos discutió con Susan en el chiringuito de la playa? El hombre confiesa. Suena la sintonía y Perry sonríe. ¿Fin? Fin.

     

     
  • Camuflaje

    Luis Sala Rodríguez · Barcelona 

    En la playa hay un chiringuito. En el chiringuito una tumbona. Sobre la tumbona un individuo. ¡Vaya individuo! Cadena dorada al cuello, gafas de sol doradas, tanga blanco con ribetes color de oro, y un daiquiri en la mano derecha, entre anillos, también dorados. Apresta el oído. Los mafiosos cierran la transacción dos hamacas más allá. Se dan la mano. Bien. Ya sabe todo lo necesario. Ahora promoverá un arbitraje. O incluso, si hay suerte, conseguirá una negociación ventajosa para el cliente. Nuevos tiempos, nuevas técnicas. La imaginación al poder. Economía de medios, reciclaje, versatilidad y, si hace falta, adoptar otra identidad. Todo legal. El letrado moderno tanto vale para un barrido que para un fregado. Lo mismo da tramitar una cédula que hacer de espía vestido de lagarterana. Cuestión de supervivencia. Es la crisis.

     
  • UN JEFE IMPORTANTE

    Inés González Soria · MADRID 

    La identidad, la percepción que tiene uno de sí mismo, cambia radicalmente cuando se trabaja bajo las órdenes de alguien que vocifera y maldice a la mínima de cambio. Marisa se tenía por una abogada resolutiva y capaz, y desde que fue contratada para trabajar en el despacho de Don Alipio ha cambiado. No atina a tramitar con celeridad un arbitraje, ni siquiera es capaz de reconocer una cédula de inscripción a primera vista. Sin embargo ha desarrollado otras capacidades. Ella es la primera en darse cuenta del momento exacto en que la vena del cuello del jefe comienza a engrosarse antes de la tempestad, y sabe como nadie teletransportarse al chiringuito de Cádiz donde pasa sus breves vacaciones. Allí vuelve cada día, justo antes de que arranque la tormenta de insultos. Ya ni siquiera tiene que entornar los ojos para escuchar el murmullo de las olas.

     
  • PLAZA DEL FORO

    Manuel de la Peña Garrido · Madrid 

    '- ¿Testigo? Solo tiene que entregar el carné de identidad antes de entrar en sala. Gracias, señora... A ver... Es una cédula de notificación. Asunto fácil. Dígale a su abogado que, si no gana, recurra, que lo tiene chupado. Luego me tomo un cafelit

     
  • Crónicas de una abducción

    Daniel Aznar Alonso · BARCELONA 

    Introduciendo cédula 01K65G. Nave 9J a Kryngronps. Fase uno terminada. Comprobada identidad humano abducido. Nomenclatura: Paco Carrascosa. Función social: abogado laboralista. Arbitraje sin armamento entre humanos. Más detalle de funciones en encriptación adjunta. Informamos de la anulación unilateral de la fase dos. Repetimos, fase dos anulada. No se procede a cortar cuello y disección. El humano ha expandido nuestro pensamiento. Solicitamos revisión de condiciones en nuestra misión. Descanso de tres rotaciones de la luna de Hjybors por cada diez trabajadas. Castigos físicos por baja productividad erradicados. Cambios cíclicos de turno del personal de abducción. Permisos de vuelta a Kryngrops para autofecundación hermafrodita y doce ciclos lunares por cada larva resultante. Módulos de divertimento denominados “chiringuitos” en las naves nodrizas. Solicitamos respuesta a nuestras peticiones bajo amenaza de lo que los humanos denominan huelga. Comunicado concluso. Retirando cédula 01K65G.

     

     
  • El día después

    ANDRES D. MORENO MURCIANO · VALENCIA 

    Amanece, el ámbar estalla en la ventana, me da esperanza. Me asomo. El calor a media llama, casi latente, reconforta mi rostro. Mi cuello se estira sobre el alfeizar para mirar hacia la playa, el chiringuito ahora está vacío, sin alma. Un verano más que toma el tren del tiempo, aún no se si tengo billete para el próximo. Miro al fondo del armario. La tercera vez en una hora. Veo mi vieja toga, raída, rozada por más de mil historias. Después de cuarenta años se merecía un descanso, quizá yo también. Quizá pase más tiempo en el chiringuito. Siempre presumí de pleitos ganados, razones jurídicas, justicias preservadas. ¡Qué ironía! Nada pude hacer en mi último arbitraje. La salud, mi esposa y los años se llevaron al armario a mi vieja amiga, a mi célula de identidad. La echaré de menos. Pero sale el sol, empieza un nuevo día.

     
  • LEí–DO EN UN FORO DE ABOGADOS

    Belén Sáenz Montero · MADRID 

    Estimados colegas: A ver si podéis ayudarme. No hace mucho que he terminado la carrera y estoy con el agua al cuello. Me han fichado en un bufete especializado en arbitraje marítimo y estoy con mi primer caso. Ayer se presentó en el despacho un cliente que parecía salido de un cuadro de Velázquez y que no quiso desvelar su identidad. Me mostró una real cédula de 1743 que, según él, demuestra que es el legítimo heredero de todas las playas de la provincia de Málaga. La cosa es que el tipo pretende ponerse a montar chiringuitos, pasando totalmente de lo que le digo sobre la Ley de Costas. Yo ya no sé si llamar al manicomio o ponerme a mover papeles. ¡Socorro! RESPUESTA: Trabajas en López y Asociados. Veo que al Socio le sigue gustando disfrazarse y gastar bromas, novato.

     
  • ATRACO A LA NACIÓN

    BELÉN ZAMORA LOZANO · ZARAGOZA 

    Me robaron todo, incluso la cédula de identidad, y me tiraron al suelo. El cuello me dolía de lo lindo. Me acerqué corriendo al chiringuito a pedir ayuda pero los pibes no dejaron de hablar del arbitraje del partido de anoche; el fútbol sigue siendo más importante que cualquier cosa y la necesidad de un hombre al que le acaban de chorear no va a cambiar este orden de prioridades. Solo un caballero abandonó temporalmente su cerveza y se me acercó “estamos cerrados porque es agosto, pero pásese en septiembre que conseguiré que el que le hizo esto vaya a la cárcel”; al mismo tiempo me extendió una tarjeta con los datos de su bufete. Me fui a comisaría a denunciar los hechos y cuando el policía me preguntó qué me habían robado solo pude responder “a mi solo lo que llevaba encima, al país todos sus valores”

     

     
  • CLIENTES VARIOPINTOS

    Maria de la Vega Vidal · Cartagena (Murcia) 

    Era necesario someterlo a arbitraje, aquella controversia no se arreglaría nunca sin sentarnos todos alrededor de una mesa. El asunto no era complicado, algo sobre una cédula de habitabilidad, un chiringuito de paja o de madera, un viento extraño que hizo volar el tejado… eso me contaron deprisa y entrecortadamente por teléfono… Al día siguiente, al abrir la puerta del despacho advertí que el verdadero problema estribaba en la identidad de mis clientes… 3 cerditos con el cuello magullado responsabilizando a un tal Sr. Lobo.

     

     
  • HASTí–O

    Iván Martínez Palacios · Cuenca 

    Hay veces en las que mi trabajo me plantea muchas dudas. Soy fiscal desde hace muchos años, ¡quizás demasiados! La semana pasada tuve un caso sobre la concesión de una nueva identidad a un testigo protegido, que tras delatar a sus socios narcotraficantes obtuvo una cédula de indulto del juez. A veces me siento como en medio de un arbitraje entre el deber moral y el profesional y no siempre gana el primero. Este trabajo en ocasiones, me oprime como soga en cuello del ahorcado. Cuando empecé creía en la justicia, pero con el paso del tiempo me he dado cuenta de que la justicia no siempre es justa y no todo el mundo que lo merece acaba en la cárcel. Cada vez tengo más presente en mi cabeza un tema que tarde o temprano tendré que abordar: cerrar el chiringuito y dejar paso a sangre nueva.

     
  • Un problema de vivienda

    Agustín de las Heras Martínez · Madrid 

    Me había contratado porque deseaba obtener la cédula de habitabilidad de la portería y eso era prácticamente imposible. Por más que hablaba con él no me escuchaba. Había traído todos sus cachivaches y tenía un chiringuito montado que ocupaba toda la superficie. Me daban ganas de agarrarle del cuello y zarandearle para que entrara en razón pero no estaba bien que un abogado como yo hiciera eso. El plazo terminó el domingo. Había mucho público expectante y para que comenzara el arbitraje llamaron a las fuerzas del orden público que comprobaron la identidad de mi cliente. Le sacaron en volandas, limpiaron la portería... y comenzó el partido de fútbol.

     
  • OJO DE AGUJA

    Juan Carlos Somoza García · Bilbao 

    En mis dos últimos juicios, también primeros, defendí como abogada de oficio a sendos traficantes. Leí cédulas, pensé en arbitrajes, saltarme las normas… pero no encontré argumentos sólidos. No logré pasar por el ojo de aguja de la justicia a mis dos camellos, cosechando sentencias condenatorias. Me sentí fracasada. Sin embargo, alguien en la sala me dijo que tenía una voz de precisa entonación, casi legalista, y que él pondría en ella la dialéctica evitando que frases afiladas del fiscal rasgaran la seda de la duda razonable. Propietario de un chiringuito financiero, confirmó su identidad: ladrón de cuello blanco. Me contrató en exclusiva y creí que trataba de seducirme. Me equivoqué. Era soltero y multimillonario. Hoy he ganado para él mi primer caso, y ya me atuso la toga con altanería. No creo que influya el hecho de que mi cliente rico compre las agujas de su tamaño.

     

     
  • GARANTíAS PROCESALES

    Ferran Varela Navarro · BARCELONA 

    Estaba sentado en una mesa de chiringuito, cuando el viento arrastró una carta hasta mi regazo. Era una cédula de citación de la Corte Celestial. Para esa misma mañana. A mi nombre. La sorpresa me atragantó la cerveza y morí agarrándome el cuello. Seguí la luz al final del túnel y, allí, entregué el carnet de identidad a un oficial que me aseguró que enseguida entraríamos en sala. “Enseguida” tardó tres horas en llegar. Su Señoría, a quien identifiqué por los puñetes en la toga y porque era un triángulo con un ojo, me indicó que se me acusaba de defender en innumerables ocasiones a criminales y pecadores. Me defendí alegando que no reconocía la competencia de un juzgador que era a la vez legislador, testigo y verdugo, y cuyo arbitraje irrecurrible favorecía a una religión por encima del resto. Gané. Ahora soy Abogado de Oficio en el Cielo.