PLEGARIA

David Simonián Afanasieva · VALENCIA 

Nos conocimos en una librería jurídica. Mi anhelo sólo era posible en sueños, pero no me importaba. El simple roce de sus dedos colmaba las oquedades de mi insulsa existencia. Fue mi amor platónico y yo su fiel consejero. Ducha en arbitraje y reticente a embarcarse en procesos penales, conquisté su simpatía al sugerirle que impugnara varias cédulas defectuosas. Un día partió a hacer las Américas sin despedirse, dejándome en manos de su padre, insigne penalista junto al que coseché cuantiosos triunfos. Las últimas páginas de mi vida las dediqué a aflojar las sogas que oprimían los cuellos de opositores desmotivados. Ahora languidezco entre las renegridas paredes de un chiringuito abandonado, rodeado de orines y podredumbre, ansiando que mi plegaria tope con la mirada de algún alma compasiva. Merezco descansar en una morada digna antes de que la vil carcoma devore los restos de mi identidad: Ley d… Enj… Crim…

 

 

 

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