OJO DE AGUJA

Juan Carlos Somoza García · Bilbao 

En mis dos últimos juicios, también primeros, defendí como abogada de oficio a sendos traficantes. Leí cédulas, pensé en arbitrajes, saltarme las normas… pero no encontré argumentos sólidos. No logré pasar por el ojo de aguja de la justicia a mis dos camellos, cosechando sentencias condenatorias. Me sentí fracasada. Sin embargo, alguien en la sala me dijo que tenía una voz de precisa entonación, casi legalista, y que él pondría en ella la dialéctica evitando que frases afiladas del fiscal rasgaran la seda de la duda razonable. Propietario de un chiringuito financiero, confirmó su identidad: ladrón de cuello blanco. Me contrató en exclusiva y creí que trataba de seducirme. Me equivoqué. Era soltero y multimillonario. Hoy he ganado para él mi primer caso, y ya me atuso la toga con altanería. No creo que influya el hecho de que mi cliente rico compre las agujas de su tamaño.

 

 

 

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