Abogado Velacontento

MIGUEL MERCADO VIDAL · BARCELONA 

Al llegar al chiringuito, el abogado Velacontento alargó el cuello lo más que pudo hasta divisar en el local al personaje que le había citado para consultarle un delicado asunto. Cuando supo el tema, conoció las personas implicadas y adivinó el futuro desenlace, buscó desesperadamente la forma de decirle que rechazaba el encargo. Al fin encontró el cómo. Le pidió la cédula de identidad que en la época era obligatoria como ahora lo es el DNI y al carecer de ella le aconsejó sometiera su controversia judicial a un arbitraje de equidad. Velacontento, como su amigo Alatriste, estaba más satisfecho con la mediación que con la controversia y esperaba que el consejo profesional diera buen resultado.

 

 

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