V Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Ilustración: Juan Hervás

Consejos de un maestro

María Luisa Serna Soler · Elche 

Aún recuerdo aquellas palabras de don Cristóbal Sanmiguel el primer día de mi pasantía: “Muchacho, te enseñaré los cinco pilares sobre los que descansa nuestra profesión. Uno (mostró su dedo pulgar), dedicación, sólo el estudio te permitirá esgrimir argumentos convincentes, la improvisación te sumirá en un mar de dudas y te empujará al desistimiento; dos (dedo índice), diligencia, nada de trajines, los papeles han de dormir en el juzgado, no en el bufete; tres (corazón), distanciamiento, trabaja duro, pero no olvides que es el cliente quien gana o pierde; y cuatro (anular), ojo con el cliente, puede comprometer el asunto más que el abogado contrario”. Se marchaba ya cuando, en mi candidez, llamé su atención. “Don Cristóbal, dijo usted cinco pilares y he contado cuatro”. Sonrió pícaro mostrándome su dedo meñique. “Tienes razón; el quinto, puede que el más importante: los cafés los paga el procurador”.

 

Relatos seleccionados

  • MUNDOS PARALELOS

    MAYTE CASTRO ALONSO · VALENCIA 

    Me encantaba el mar. Cuando era pequeño me sentaba todos los días en la arena y solo tenía ojos para aquel horizonte de ilusiones que se divisaba en la quietud de la orilla. Soñaba con ser el rey del océano. Quiso la guadaña sesgar inesperadamente la vida de mi padre y de su último hálito de vida salió su deseo de que fuera abogado. Y así fue como mi barco se quedó varado en el trajín del mundo justiciero, sin posibilidad de desistimiento ni de esgrimir una excusa contra aquel deseo pre mortem. Y así es por lo que todos los días subo al estrado y me pongo la toga. Su toga. Y aunque es cierto que amo aquello por lo que lucho, estoy cansado de tanta batalla, y por eso, cada noche espero en silencio que los sueños de aquella infancia perdida icen sus velas algún día.

     
  • Un día cualquiera

    IGNACIO DE LOYOLA GOMEZ RAIMINGUEZ · LOS PALACIOS Y VILLAFRANCA. SEVILLA 

    Un día cualquiera, un tribunal cualquiera,  una ciudad cualquiera…
    Desde su privilegiada posición de la defensa, observaba, con los ojos entrecerrados,  el trajín de  la estancia,  como si viera el mundo a través del ojo de buey de un crucero, salvo que no se encontraba en un camarote, no estaba de vacaciones, ni el horizonte era una línea de mar interminable.  Por el contrario, se encontraba en una Sala de Juzgados, no había dormido apenas la noche anterior debido al trabajo acumulado, y todo cuanto abarcaba la distorsionada visión de su  realidad  se limitaba a una confusión de rostros, borrosas y multicolores manchas animadas. Repasó mentalmente la causa,  respiró profundamente,  sacudió la cabeza, sacudió el cansancio, y se preparó para esgrimir en la Sala el derecho de su cliente al desistimiento.
    Un día cualquiera,  un tribunal cualquiera, una ciudad cualquiera… Un abogado cualquiera  comienza su ardua jornada.

     
  • LA LEY DEL MAR

    TERESA GALLART RAMIRO · GIJÓN (ASTURIAS) 

    Sr. Capitán, antes de ser lanzado al mar desde este hermoso bergantín, quisiera yo esgrimir las razones de lo que ahora es mi trajín. En mi defensa he de alegar que nunca antes perdí un botín y aunque soy bizco y cojo para las mujeres tengo buen ojo. Yo me apoderé del Tesoro de su Majestad, pero ella me robó la voluntad y a pesar de ser buen bucanero en sus redes caí prisionero. Ahora soy un pirata enamorado que la Ley del Mar ha vulnerado. No hay razón ni argumento que justifique mi desistimiento. Mas si un duro castigo me queréis imponer no me lancéis por sotavento dejadme vivir mi sufrimiento pues el amor es mi mayor tormento.

     
  • CUESTIÓN DE PRINCIPIOS

    GUILLERMO SANCHO HERNÁNDEZ · PILES (VALENCIA) 

    Cuando entré en el despacho principal del bufete, el socio fundador estaba de espaldas. Con el ojo puesto en el inmenso ventanal de acero y vidrio disfrutaba del panorama de la ciudad, que parecía de juguete. - Se ve hasta el mar – afirmó, sin esperar respuesta. Me acerqué tímidamente hacia su mesa, y vi que encima de ella había un sobre. Con mi nombre. Había rumores de cambios laborales. Pese a mi reconocida profesionalidad, el trajín de las últimas semanas me hacía temer lo peor. Él debió de leerme el pensamiento, pues me dijo: - Ábralo. Sin poder esgrimir razones para retrasar el momento, lo abrí. Dentro, una nota: “El desistimiento: la consecuencia lógica de la resolución de un conflicto cuando ya se ha obtenido la satisfacción extraprocesal de la pretensión del cliente. Aunque conlleve honorarios inferiores. Primero, nuestro cliente. Luego, la minuta. Enhorabuena.” Era un ascenso.

     
  • Erizo de vocación

    Laura López Aurrecoechea · Mungia Vizcaya 

    En mi casa no existía la calma tras la tormenta. No había ojo en aquel huracán de discusiones. No es que mis padres no se quisieran; supongo que la discusión era una actividad que disfrutaban en pareja. Sin embargo, la cosa jamás estaba igualada. Mi padre se ahogaba a sí mismo en un mar de excusas sin sentido, mientras mi madre le hundía aún más a base de esgrimir sus argumentos de peso. El resultado era siempre el mismo: Desistimiento por parte de mi padre. La única manera de no asumir otra derrota más. Era como ver a un perro ensañarse con un erizo. Ella dejaba que él se retirara a lamerse las heridas, y volvía a su trajín en la cocina. Al observar esto, decidí que de mayor sería erizo; como Mamá. Y así fue. Actualmente soy abogado; quien intenta morderme, se retira con la cara llena de púas.

     
  • MI «EX»

    ISABEL PÉREZ MOÑINO-ARANDA · MADRID 

    Ocurrió frente al mar una cálida noche de primavera. Inerte, pero más vivo que nunca, me miraba compasivo mendigándome un amor que ya no existía. ¡l intentó esgrimir sus argumentos de la mejor manera posible. Sus "ojos" de portada me suplicaban encarecidamente que no lo hiciera y los recuerdos de todos los instantes que habíamos vivido juntos, llegaron a mi mente intempestivamente. Pero ya no había marcha atrás, la decisión estaba calibrada. La carta de desistimiento se encontraba plasmada en el anverso de sí mismo y no se había dado cuenta hasta ese día. Me gustaba hacer bien las cosas, tal y como él me había inculcado. "Me despido de tí, y del trajín de los días sin descanso, y de los clientes que no pagan, y de los monitorios y de los verbales y de los divorcios... Lo siento mi querido Código Civil. Lo siento".

     
  • Truhanes…

    Antonio Capel Riera · MURCIA 

    Su Señoría siempre que podía se iba a navegar, le gustaba la mar; pero ¡ojo!, tenía que estar como un espejo. No le gustaba el trajín ni los meneos producidos por olas bravas. Sin embargo, dicha quietud y placidez le servía para concentrase y resolver casos espinosos. No era la primera vez que a bordo le acompañaba algún fiscal y el abogado del imputado. Y dirigiéndose al fiscal le pregunta “¿cómo se le ocurre llamar ‘sinvergüenza’ al abogado?”. Después volviéndose hacia el abogado, “¿y usted, como tuvo el valor de llamar ‘ladrón’ al fiscal?” Y soltando una carcajada dijo: “ya que ambas partes se han identificado plenamente, evitemos el desistimiento y busquemos argumentos para esgrimir este feo asunto” Su Señoría no podía contenerse; se reía de su ingeniosa frase.

     
  • ABOGADO DE FÁBULA

    Ignacio Rubio Arese · Moralzarzal, Madrid 

    Un mar de críticas ha perseguido hasta su muerte a aquel denostado leguleyo, que defendió, entre otros, al misógino Barbazul, o a la madrastra de Cenicienta, acusada de explotación infantil. Aquellos turbios procesos quedaron luego en segundo plano, con el trajín que supuso su discurso en favor del canibalismo de los ogros, llegando a esgrimir que “en tiempos de crisis, era lícito devorar a mendigos y huerfanitos para reducir costes". San Pedro examina incrédulo el expediente. Sigue sin explicarse qué demonios hace ahí aquel picapleitos, consagrado a la exculpación de los más canallas de las fábulas infantiles.¡Si hasta logró el desistimiento de una querella presentada contra los cuarenta ladrones, al obtener del gobierno la amnistía fiscal generalizada! Entre tanto, el abogado aguarda el veredicto mirándolo con ojos ladinos, sabedor de que sus influencias alcanzarán allá arriba el mismo efecto que obtuviese cierta flauta en Hamelín.

     
  • Acuerdo de divorcio

    Paola Andrea Rocca Targarona · Estepona (Málaga) 

    Cláusula adicional. Ambos cónyuges establecen, de mutuo acuerdo, dos días al año para recordar momentos felices, pudiendo ser estos días fechas señaladas o no. En ningún momento podrán esgrimir sentimientos de culpa jugando al ojo por ojo, ni excusar su desistimiento en el trajín del día a día o en el peso de las obligaciones. Queda fuera del alcance de este convenio regulador la capacidad de cada cónyuge para rehacer su vida. Se fijará un único instante para echar el último vistazo al mar mediterráneo retratado en las fotografías de boda. A partir de la aceptación y firma de las estipulaciones aquí recogidas, quedan prohibidas las miradas de arrepentimiento, siempre a petición de ambos cónyuges y de mutuo acuerdo. En Málaga, 14 de febrero de 2013

     
  • RECOMPENSA 48

    Mercedes Sáenz Blasco · Mérida (Badajoz) 

    Ojo al dato, señores. Cinco años de certamen. Cuarenta y siete microrrelatos. ¡Ni uno solo seleccionado! No se imaginan el trajín que, mes a mes, me he llevado para ser capaz de esgrimir un texto con el lenguaje propicio. Yo, un paleto de libro. Horas y horas en la biblioteca de la facultad de Derecho. Noches enteras aprendiendo el significado de palabras como: alegato, querella, sentencia, punible, ilícito, usufructo?Les odié. Sí, les odié a muerte. Pero no se alarmen, que no hay mal que por bien no venga y afortunadamente supe encauzar mi ira por un camino fructífero. A partir de hoy ya no volveré a molestarles con la mediocridad de mis letras. Valga pues esta carta como desistimiento de mi frustrado sueño de ser escritor y quedo a su entera disposición en mi nuevo bufete sito en la calle Recompensa 48. Y pelillos a la mar.

     
  • El proceso rutinario

    Ismael Gómez-Calcerrada Moreno-Manzanaro · HERENCIA (C. REAL) 

    … un hilo de consciencia. Pereza alerta sueño ring ring el deber el placer luz tenue colándose por entre los párpados. Pereza. Abro el ojo. Presiento la gélida mañana allí afuera. Llueve a mares. Es el inicio del careo matutino habitual, con el atenuante de ser viernes. Enfrentadas de nuevo mi conciencia y mi deseo, me siento un mero testigo accidental, ajeno a ese trajín de argumentos y refutaciones. Ni juez ni parte. Mis dos mitades pugnan, buscan el desistimiento de la contraria. Sigue lloviendo. El reloj avanza. La sala de vistas de mi cerebro aún con legañas. Nada más que esgrimir. Ring ring, alegaciones finales. Visto para sentencia. Alguien levanta la persiana. Entra el sol a raudales, la resolución es firme: se acuerda haber lugar a continuar con la tramitación de la vida. Comuníquese a todas las partes. Sin recurso posible procedo, en su virtud, a levantarme para trabajar.

     
  • LA TASA

    Raquel Tarancón Martínez · San Juan de Alicante 

    Comía papel, en blanco o impreso, pero a ser posible timbrado. Amaba los juzgados, le encantaba sumergirse en aquel mar de expedientes sin archivar y diligencias por firmar. Le habían detenido en varias ocasiones, la primera por tragarse el billete de lotería premiado de un amigo, en esta por digerir un pagaré cuando su acreedor se lo mostró con la estampilla de “sin saldo”. Solía esgrimir en su defensa “paperofilia”. Aquella mañana había varios detenidos. Aprovechando el trajín del momento buscó con ojo avezado cualquier escrito a mano: un desistimiento o un archivo le valían. Vió asomar en la cartera de su letrado un folio impreso y sin pensarlo se abalanzó, los agentes lo detuvieron pero fue tarde, intentó tragar sin masticar. El forense dictaminó asfixia y solo alcanzó a extraer de su garganta amoratada el impreso arrugado y húmedo de una tasa judicial pagada.

     
  • AD CAUTELAM

    María Piedad Pérez Moreno · Valencia 

    Mi familia, de larga tradición en la profesión de la abogacía, siempre se expresaba en casa como si estuviera en una sala de audiencia. La culpa la tuvo mi abuelo que no dejaba de esgrimir latinajos cada vez que se dirigía a alguien. Su preferido era “ad cautelam”, mi abuelo era muy prevenido. En el salón, mi hermano pretendía la venia de papá para marcharse en coche a un festival de rock que se celebraba en un pueblo bañado por el Mar Mediterráneo. Papá pretendía el desistimiento de mi hermano en su pretensión y, entre el trajín de protestos, resultandos y súplicas, se resolvió aprobar el viaje, condicionado a ir en transporte público -”si es que quedan plazas”- y a acompañarle yo como hermano mayor responsable. Mi hermano salió del salón mostrándome dos billetes de autobús para Benicásim mientras me guiñaba un ojo: -Ad cautelam – me susurró.

     
  • Consejos

    Elena LLedó Alvarez · Murcia 

    Aprendió pronto a conocer las diferencias entre delitos y faltas, a descubrir los matices entre el desistimiento y la renuncia, entre la caducidad y la prescripción, y a esgrimir argumentos que no admitiesen réplica. Sin embargo, nadie le advirtió que el ejercicio de aquella profesión llevaría aparejado aquel trajín de vida, gratificante pero agotadora, llena de señalamientos, juicios aplazados, clientes incómodos, citas a deshora e interminables vencimientos. Por eso, años después, cuando cambió la toga por el birrete, además de enseñar la teoría de los manuales, no dejó de aconsejar siempre a sus alumnos, compartiendo su experiencia profesional, que resumía en unas sencillas reglas: Para ser buen abogado hay que tener mucho ojo con los plazos, nunca escatimar en materia probatoria, y mantener siempre la calma en la sala, como lo hace un buen marinero incluso aunque haya mar de fondo.

     
  • UNA VIDA LETRADA

    Juan Alberto Díaz López · MADRID 

    Esgrimir argumentos, replicar con holgura y entrar al trapo en pos del mayor trajín. Jamás optó por el desistimiento: peleaba toda causa hasta la extenuación. Al concluir cada frase, irradiaban dos zafiros la quietud de un mar en calma, como antesala de un nuevo fulgor. Sin embargo, de cuando en cuando, se veía al abogado deambular abatido por los aledaños de los juzgados. Bien vestido y sin compañía, con un ojo rondaba esa negra y pequeña pantalla. Aguardando inquieto el alumbrado, la vibración, la melodía... En el entretanto, la pupila reflejaba su vacío, a la espera de su siguiente misión.

     
  • UN TALENTO SINGULAR

    JAVIER ACÍN BIOTA · BARCELONA 

    Mientras espero en la sala de embarque rememoro los años que llevo ejerciendo la abogacía, período en el que he desarrollado una habilidad inusual: el don de la predicción, un ojo clínico la mar de fiable. En el trajín del día a día, me basta leer la documentación correspondiente a cualquier caso para pronosticar cómo evolucionará: si con una solicitud de desistimiento o una moratoria; si con una sentencia de condena o una de absolució& tanto da la materia, pues mi†sexto sentid trabaja con la precisión de un escalpelo y siempre acaba dando en la diana. Por megafonía una voz argentada anuncia la†salida del vuelo 716 con destino Río de Janeir. Ahora sé que van a esgrimir razones de peso contra mí de las que no podré defenderme, de modo que ha llegado el momento de poner tierra de por medio. Las playas de Copacabana me aguardan.

     
  • Qué pasaría…

    Amparo Muñoz · Sevilla 

    Desde hace días me acompaña un dolor de cabeza que terminará convirtiéndose en mi mejor amigo. Mi ojo izquierdo parpadea y mi mano derecha no puede moverse. El trabajo me está matando, pienso, mientras vuelvo a la demanda sin saber qué redactar…. ¿Por qué todo debe judicializarse? Con lo fácil que sería solucionar la mayoría de los problemas, que no todos, porque moriríamos de hambre, hablando o tomándonos algo fresquito con el letrado contrario. Esgrimiríamos nuestras conclusiones recitando. No pensaríamos en el desistimiento ni en los posibles recursos… Que trajín nos ahorraríamos… Las idas y venidas al juzgado se espaciarían tanto que, cada vez que volviésemos, nos parecería como un mar en calma. Se cierra la puerta y vuelvo a notar en mi cabeza a mi viejo amigo. Quiero seguir soñando pero el cliente me espera. Creía que ya no vendría. Espero que al menos éste no quiera discutir…

     
  • DUDAS

    CARLOS ORTIZ GARCIA-VASO · Murcia 

    Menudo trajín. Mañana es el juicio y sigo sin tener definida la estrategia. Ni siquiera sé si podré esgrimir su responsabilidad. El testigo había sido muy preciso en su declaración. Cuando fue rescatado y el barco se hundía, partido por el temporal, pudo apreciar a través del ojo de buey que el Capitán se encontraba en su interior, y cómo lanzó una última mirada de orgullo por haber permanecido a bordo, cumpliendo con su deber y dejando que el mar lo arrastrara hasta el fondo. Lo mejor sería plantear el desistimiento, pero el armador insistía en reprochar su conducta para conseguir la indemnización por el valor de la nave. Lo siento. Tengo dudas. ¿Defender lo indefendible? Eso nos decían en la facultad, pero a veces me veo tan perdido, tan indeciso, que me gustaría tener el valor de aquel hombre para plantarme y saber perder... hundirme con dignidad.

     
  • El compromiso de un abogado

    Rosa María Lorente Gil · ALICANTE 

    Se había pasado toda su vida argumentando. Todo un experto en razonar, esgrimir, justificar y debatir. Como buen abogado cada palabra obedecía a un fin, disfrutaba con el trajín de organizar su mente, distribuir ideas y por fin, encontrar la solución jurídica adecuada a los intereses de su cliente. Pero sus demandas, excelentemente redactadas, y sus discursos ejecutados con maestría, carecían de pasión. Los ojos más melancólicos del juzgado. Alejado de la realidad social, y en plena búsqueda de sí mismo, el impecable orador, regresó al hogar. En un minuto, no se sabe cómo, y ante la inmensidad del horizonte marino de su niñez, comprendió que la lucha estaba en los Juzgados. Junto al mar presentó su más sentido desistimiento. Adiós al tedio. Y junto a él, un compromiso. Juró, por su conciencia y honor, defender una justicia para todos.

     
  • GENESIS TRIBUTARIA

    Angel Tormes Alberdi · Donostia-San Sebastián 

    El viento, inmerso en un trajín descontrolado, golpeó fuertemente el ojo izquierdo de mi cliente con espuma salada, pues no se fijó en cómo disfrutaba de la mar y de sus embates a las enormes piedras del espigón construido para intentar proteger la playa. Al desequilibrarse, cayó impactando su cabeza con la arista de una de esas moles. Para esgrimir la evidente negligencia del viento, le expliqué, has de pagar una tasa al alcance de pocos; debes entregar tu vida para pleitear con la creación, y tu ángel defensor se pondrá manos a la obra. Desde que el creador instauró la tasa, la mayoría opta por el desistimiento antes de ejercitar ninguna acción y esto se ha convertido en un paraíso?El Sr. Ruiz-Gallardón, ingresado en la unidad de cuidados intensivos, abrió los ojos con una sonrisa en la boca y una tasa en la cabeza.

     
  • ESENCIA

    Enrique Javier de Lara Fernández · Alcalá de Henares (Madrid) 

    Eché un ojo a la predicción meteorológica. Luego arranqué el coche y encendí la radio. La Autovía del Mar atestada. Llegaría tarde al despacho. Las noticias repasaban los sinsentidos de la política nacional y la falacia en que se mueve este puñetero mundo. Me detuve en el embotellamiento. Rodeado por el trajín cotidiano, examiné las caras de los conductores. Puede que alguno, hoy mismo engrosara las filas del paro, empujado por el ERE que estaba a punto de mandar tramitar. Esto no es para lo que me había preparado en la facultad de derecho; medité… …Afortunadamente, lo mío no era un desistimiento, sino una abstracción, fruto de mi capacidad para evadirme del tráfago en que cada mañana me veo inmerso. Y es que los sueños, ya se sabe, suelen teorizar, como le sucede a las fuentes de la justica que, en esencia, tiende a esgrimir planteamientos subversivos.

     
  • Mágico

    ISABEL FRAILE SANCHEZ · ARUCAS (LAS PALMAS) 

    La Sala llena de público, como siempre, esperando su aparición como si fuera un actor de moda. Todos los ojos fijos en él, y él se sumergía en el mar de admiración que despertaba su presencia. Era algo mágico. Ni siquiera preparaba el caso. Investido con su toga impecable, se sentía lleno de fuerza, decisión y hasta osadía para llevar a cabo su papel de abogado defensor.  Y lograba, sin esfuerzo,  esgrimir argumentos para el desistimiento de la causa imputada a  su cliente. Aquel trajín de gente que  aplaudía su discurso, la mirada extasiada de la acusación, la complacencia del juez… Todo desaparecía cuando se quitaba la toga,  entonces se convertía en un ser inseguro, pequeño e indefenso. Invisible.

     
  • Carne de Turno

    Gloria Franco Rodríguez · Ponferrada (León) 

    No le quito ojo al teléfono de la guardia, pero nada, no suena. Tres guardias ya sin asistencias, creo que este verano tampoco veré el mar. Aún recuerdo aquellas guardias con tanto trajín, llamadas a horas intempestivas, de comisaría al cuartel, del Juzgado al despacho, correr de un sitio a otro y recibir broncas en todos, “letrada, la estábamos esperando”. Cabrearme por lo inflexible que es el Fiscal, esgrimir la presunción de inocencia, repasar una y otra vez el 503 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal en busca de inspiración y sufrir con mi asistido porque todo indicaba una temporadita en Mansilla. ¡Qué buenos tiempos aquellos!. Mientras el teléfono siga empeñado en no sonar, me conformaré con la vía civil, las largas demandas, los señalamientos a muy largo plazo, los desistimientos del día de la vista, la condena en costas y las charlas con los procuradores durante las esperas. ¡Ay!.

     
  • De padres a hijos

    Maria Arrondo Murillo · Mutilva (Navarra) 

    Serás cortés en la sala, pero firme y con pasión, y, al esgrimir tus razones, lo harás desde el corazón, sin quitar ojo al contrario, que a buen seguro es mejor. Si un mar de dudas te asalta, cogerás firme el timón. No cabe el desistimiento cuando existe el pundonor, y, en el trajín del día a día, más estudio y ambición. Hijo, ha llegado el momento en que he de decir adiós. A ti te dejo la toga que el abuelo me entregó. No hagas caso de la plata, pues de oro es el honor. Mi legado es el buen juicio, la templanza y discreción, los tres valores sagrados de esta noble profesión que has de respetar seguro, como también lo hice yo.

     
  • ¡VAYA DÍA!

    ANA MARIA FERNANDEZ JIMENEZ · MADRID 

    Llegaba tarde. El trajín matutino habitual se había prolongado tras un inesperado incidente doméstico y había salido precipitadamente para adentrarse en un mar de coches del que parecía imposible emerger. Definitivamente iba a llegar tarde. Estaba acabada. Tuvo la oportunidad de terminar con esto hace unas semanas, pero aconsejó a su cliente que no aceptara el exiguo ofrecimiento económico de la aseguradora y decidieron seguir adelante. Estaba claro, el Juez acordaría el archivo por desistimiento. Su angustia se hizo insoportable cuando comprobó que el móvil no estaba en su bolso. Esgrimir una súbita indisposición podía salvarla, pero ¿cómo justificarlo ante el Juzgado?. Su corazón estallaba mientras corría escaleras arriba. Al acercarse oyó que voceaban su nombre. Allí estaba su cliente, esperando, estupefacto con su único ojo clavado en las zapatillas rosas de peluche que lucía su Abogada, regalo de su hija por Navidad.

     
  • OJALÁ

    Jesús Urbano Sojo · Silla - Valencia 

    Cerró los ojos y soñó que acababa la carrera de derecho y se convertía en un gran abogado. Que sería capaz de esgrimir convincentes argumentos, que nunca habría desistimiento, pues ganaría todos los juicios, que conocería las leyes al dedillo y cautivaría a jueces y jurados con su labia. Soñó que para aliviarse del trajín del bufete se compraría un apartamento frente al mar y allí descansaría en sus vacaciones. Se retiraría pronto, con grandes éxitos y dedicaría sus últimos años a ser profesor de Derecho Civil. Sin embargo, al despertar, no sabía si era un joven estudiante que soñaba con su futura vida o un viejo profesor que añoraba su vida pasada.

     
  • Se veía venir

    María del Pilar Acedo Vallejo · Madrid 

    Lo habíamos hablado: podíamos esgrimir tantos motivos, argumentos, razones… Pudiste mostrar tu cuerpo devastado, aquel ojo contusionado, tus heridas ocultas. Porque más difícil resultaba mostrar tu alma rota. Pudiste –debiste- enfrentarte, pero no fuiste capaz de afrontar ese trajín, dijiste en tu extraño castellano. Porque para ti esa palabra reflejaba tu vida (el trabajo, la casa, los hijos, la lucha por la integración). Todo era puro trajín. Y él complicándolo todo más aún. Optaste por el desistimiento a pesar de nuestros consejos, porque ya no podías soportar un proceso, asegurabas. Preferiste renunciar a nuestra defensa. Y no te lo podemos reprochar, porque sería culpabilizarte cuando tú has sido la víctima de este drama. Yo no quiero reprochártelo, es cierto, pero una mezcla de lástima y de rabia me invade en este momento en el que el televisor refleja cómo tu familia arrojan tus cenizas al mar.

     
  • CRECIMIENTO PERSONAL

    Pilar Clemente · Barcelona 

    Desconfiaba de los abogados, por eso mi profesor de crecimiento personal, después de esgrimir un sinfín de argumentos, me guiñó un ojo y me dijo: frecuéntelos, si quiere crecer tiene que saltar ese muro. Y así lo hice, en medio de un mar de recelo caminé hacia el juzgado de instrucción y me senté en el bar de enfrente a estudiar el trajín de aquellos cuervos. Tras un mes tomando café en la barra, conocía el nombre y apellido de los imputados, los acuerdos entre letrados, las sentencias antes de que se dictaran, quién hacía vacaciones en agost& Suficiente para saltar el muro, me dije, así que cuando recibí la factura de la academia de crecimiento personal me acogí al derecho de desistimiento, sin pestañear.

     
  • EL ACUERDO

    ANGEL JUAREZ ABEJARO · MADRID 

    No he pegado ojo pero a las nueve en punto estoy en el Banco esgrimiendo las últimas razones y afianzando resultados para evitar desistimientos de última hora. Por fin, aparece el apoderado con el contrato firmado: todo resuelto. La mar de contento, me dirijo al Metro para evitar el trajín del tráfico. No puedo perder un segundo dada la gravedad de la situación. Subo por Mayor, giro por Estafeta, voy literalmente corriendo. Mi sensación es agridulce, entre el entusiasmo y la preocupación. Llego al portal y subo hasta el quinto a grandes zancadas. Varios vecinos con los rostros desencajados me miran de forma aterradora. El piso está abarrotado de gente. Me abro paso hasta la ventana del salón. En el patio, con la cabeza destrozada, yace mi cliente. Ya para nada sirve el acuerdo firmado con el Banco. Acaba de sumar a su activo otro piso y otro muerto.

     
  • TERAPIA

    Eva María Braojos Moya · SEVILLA 

    Aquello parecía más una comunicación de desistimiento del contrato del móvil,que una propuesta de divorcio.En el bufete, mi abogado me mira a los ojos, sonríe y me pregunta : _¿Cómo está hoy la mar? ¿Picada, marejadilla o bajamar? Propósito conseguido: el cóctel de mi nombre de pila, combinado con mi profesión de meteoróloga y mi estado de ánimo me hace sonreír. _¿Hoy? Mar muerta,le espeté mostrándole el escrito recibido. _Tranquila, Mar,no puede esgrimir esta estrategia, sabiendo el trajín que tienes con el trabajo y los niños. La ley te ampara.Lo vamos a conseguir. Su empatía,explicándome mis derechos, la necesidad de animarme y aceptar la nueva situación, me reconforta. Al salir, miro hacia atrás de forma brusca, buscando la placa colgada en la pared, para comprobar,aliviada, que si, que era el bufete de mi abogado y no la consulta de mi psicólogo.

     
  • La primera vez nunca se olvida

    José Montesinos García · Murcia 

    "El Sr. Letrado de la Defensa tiene la palabra..."" Como un enorme martillo que me aplasta escucho esa voz que se aleja lentamente, a oleadas, retumbando en mi cerebro, por un túnel sin fin. Sé que tengo que hablar, pero un sudor frío me atenaza como mortaja opresora. Mi boca es un desierto infructuoso y mi garganta se ha secado hasta el dolor. Mis ojos buscan un apoyo, pero sólo encuentran un inmenso mar de ojos que se clavan en los míos. No sé por qué se ha detenido el confortador trajín de la Sala ni por qué quiere escaparse del pecho mi corazón. De que tenía argumentos para esgrimir, estoy seguro, pero ¿qué argumentos? Estoy solo y sólo encuentro una salida... mi propio desistimiento.

     
  • EL AUSENTE 51/1898

    EVA SÁNCHEZ MUÑOZ · Talavera de la Reina (Toledo) 

    '-Buenos días,es Ud nueva aquí ¿verdad?.Si lo desea puedo ayudarle a localizar cualquier expediente,los conozco todos.Mire,aquel de color verde mar contiene el mejor alegato que pueda esgrimir un letrado sobre una de las virtudes que debe acompañar a l

     
  • Muda

    Nadia Iglesias Pastor · Alicante 

    Nunca la dejó hablar y aquella ocasión no fue diferente. Después del trajín de meses preparando aquel juicio, de días marcados por la rabia del ojo por ojo, Laura se vino abajo. No pudo esgrimir en aquella sala ni una sola palabra, ni una sílaba que describiera el horror de violencia en el que se había convertido su vida. Un mar embravecido y sin orilla que dejó paso al silencio, al desistimiento de la causa ante la sonrisa cobarde de su verdugo.

     
  • El ojo acusador

    Gema Fanjul Fanjul · Noreña (Asturias) 

    Su testimonio fue una carga de profundidad. Todos los argumentos que me había esforzado en esgrimir en la demanda se habían hundido, de pronto, en el fondo del mar, arrastrando con ellos veinte años de ejercicio en estrados. Y, con su silencio, me seguía escrutando con aquel hermoso ojo, del color del océano en el que yo estaba sumergido, que, acusador, me decía: “presenta un desistimiento, letrado, no puedes seguir defendiendo que el trajín del tráfico de aquella mañana sea la causa de que esté tuerto”. Quise interrogarle, intenté rebuscar en las notas, pero el agua salada en la que me había hundido me inundaba la garganta y empañaba mis ojos ¿o eran lágrimas? Aquella noche, tras perder la iguala de la compañía de seguros me preguntaba ¿Cómo pudo vencerme en un juicio un niño de cuatro años? ¿Qué declaró? os preguntaréis: nada, se limitó a mirarnos.

     
  • Los esclavos del siglo XXI

    Alberto González Matilla · SALAMANCA 

    No sé cómo empezó todo. Lo que puedo contar es mi experiencia. La mía y la de otros compañeros. Cuando me llamaron para hacer mi primera pasantía fui la mar de contento. ¡Tengo un empleo!, pensé. No me importaba el trajín, yo quería trabajar. El tiempo pasó y el despacho cada vez tenía más beneficios, pero nunca hubo un detalle por mi esfuerzo, ni siquiera un ""gracias"". Me cansé de ver pasar ante mis ojos decenas de minutas donde cargaban conceptos que yo había realizado y por los que no vi un duro. Después de años sin un salario, sin cotizar... he aquí mi desistimiento. No voy a esgrimir que necesito hacer mi vida sin depender de nadie, que también (¿en qué oficio no se cobra? ¿para qué existen los contratos de formación?), simplemente lo dejo porque la profesión que amaba ahora la aborrezco... Quizás es lo que querían.

     
  • El abogado adicto

    Mª Isabel Soriano Vidal · Cheste (Valencia) 

    El cadáver del abogado flotaba boca abajo balanceado por las olas del mar. La policía, no encontrando indicios ni pruebas determinantes de lo sucedido, decidió pasar el caso al despacho de detectives Watson&Holmes Asociados. El analítico ojo de Holmes estudiaba la escena del crimen ajeno a los trajines y tejemanejes de las desconcertadas fuerzas del orden público, que por allí pululaban. Watson lo observaba perplejo sin imaginarse qué argumento podría esgrimir su socio para clarificar aquellos misteriosos hechos. —Estamos ante el desistimiento por excelencia—dictaminó. —Mi querido, Holmes, no consigo seguirle. —Este es el cadáver de un abogado adicto a enviar relatos al concurso mensual del Consejo General de la Abogacía Española. —Sigo sin entenderle... —Tendremos que tomarle declaración al jurado...sin duda, algo podrán explicarnos de los continuados rechazos que provocaron que este infeliz se lanzara de lleno a los brazos del abandono.