LA TASA

Raquel Tarancón Martínez · San Juan de Alicante 

Comía papel, en blanco o impreso, pero a ser posible timbrado. Amaba los juzgados, le encantaba sumergirse en aquel mar de expedientes sin archivar y diligencias por firmar. Le habían detenido en varias ocasiones, la primera por tragarse el billete de lotería premiado de un amigo, en esta por digerir un pagaré cuando su acreedor se lo mostró con la estampilla de “sin saldo”. Solía esgrimir en su defensa “paperofilia”. Aquella mañana había varios detenidos. Aprovechando el trajín del momento buscó con ojo avezado cualquier escrito a mano: un desistimiento o un archivo le valían. Vió asomar en la cartera de su letrado un folio impreso y sin pensarlo se abalanzó, los agentes lo detuvieron pero fue tarde, intentó tragar sin masticar. El forense dictaminó asfixia y solo alcanzó a extraer de su garganta amoratada el impreso arrugado y húmedo de una tasa judicial pagada.

 

 

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