EL ACUERDO

ANGEL JUAREZ ABEJARO · MADRID 

No he pegado ojo pero a las nueve en punto estoy en el Banco esgrimiendo las últimas razones y afianzando resultados para evitar desistimientos de última hora. Por fin, aparece el apoderado con el contrato firmado: todo resuelto. La mar de contento, me dirijo al Metro para evitar el trajín del tráfico. No puedo perder un segundo dada la gravedad de la situación. Subo por Mayor, giro por Estafeta, voy literalmente corriendo. Mi sensación es agridulce, entre el entusiasmo y la preocupación. Llego al portal y subo hasta el quinto a grandes zancadas. Varios vecinos con los rostros desencajados me miran de forma aterradora. El piso está abarrotado de gente. Me abro paso hasta la ventana del salón. En el patio, con la cabeza destrozada, yace mi cliente. Ya para nada sirve el acuerdo firmado con el Banco. Acaba de sumar a su activo otro piso y otro muerto.

 

 

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