UNA VIDA LETRADA

Juan Alberto Díaz López · MADRID 

Esgrimir argumentos, replicar con holgura y entrar al trapo en pos del mayor trajín. Jamás optó por el desistimiento: peleaba toda causa hasta la extenuación. Al concluir cada frase, irradiaban dos zafiros la quietud de un mar en calma, como antesala de un nuevo fulgor. Sin embargo, de cuando en cuando, se veía al abogado deambular abatido por los aledaños de los juzgados. Bien vestido y sin compañía, con un ojo rondaba esa negra y pequeña pantalla. Aguardando inquieto el alumbrado, la vibración, la melodía… En el entretanto, la pupila reflejaba su vacío, a la espera de su siguiente misión.

 

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