Muda

Nadia Iglesias Pastor · Alicante 

Nunca la dejó hablar y aquella ocasión no fue diferente. Después del trajín de meses preparando aquel juicio, de días marcados por la rabia del ojo por ojo, Laura se vino abajo. No pudo esgrimir en aquella sala ni una sola palabra, ni una sílaba que describiera el horror de violencia en el que se había convertido su vida. Un mar embravecido y sin orilla que dejó paso al silencio, al desistimiento de la causa ante la sonrisa cobarde de su verdugo.

 

 

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