Consejos

Elena LLedó Alvarez · Murcia 

Aprendió pronto a conocer las diferencias entre delitos y faltas, a descubrir los matices entre el desistimiento y la renuncia, entre la caducidad y la prescripción, y a esgrimir argumentos que no admitiesen réplica. Sin embargo, nadie le advirtió que el ejercicio de aquella profesión llevaría aparejado aquel trajín de vida, gratificante pero agotadora, llena de señalamientos, juicios aplazados, clientes incómodos, citas a deshora e interminables vencimientos. Por eso, años después, cuando cambió la toga por el birrete, además de enseñar la teoría de los manuales, no dejó de aconsejar siempre a sus alumnos, compartiendo su experiencia profesional, que resumía en unas sencillas reglas: Para ser buen abogado hay que tener mucho ojo con los plazos, nunca escatimar en materia probatoria, y mantener siempre la calma en la sala, como lo hace un buen marinero incluso aunque haya mar de fondo.

 

 

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