V Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Ilustración: Juan Hervás

SU SEÑORÍA LA ABUELA JULIA

Miguel Ángel García Rodríguez · VALLADOLID 

Siempre paso las navidades en el pueblo, en casa de la abuela Julia. En primera instancia es afable, pero sus veredictos son demoledores. Nunca falta la ensalada de remolacha. La detesto y, cuando era pequeño, decidí protestar. Veredicto: este niño es un comistrajos. Nunca volví a quejarme. En el último año de instituto, me preguntó qué iba a hacer. Bellas Artes, respondí. Veredicto: este niño será un muerto de hambre. Al año siguiente opté por la carrera de Derecho. Al acabar la carrera, me preguntó si tenía mi propio despacho. Le dije que trabajaba para otro. Veredicto: este niño es un mandado. Las pasadas navidades, me preguntó si tenía novia. Mi disculpa fue que no tenía tiempo para esas cosas. El veredicto fue contundente: este niño será un solterón. Así pues, encontré pareja. Estas navidades vendrá al pueblo. Se llama Antonio. Espero el veredicto.

 

Relatos seleccionados

  • Un caso imaginario

    LITA RIVAS FOLGAR · Teo (La Coruña) 

    Nada tienen en común las palabras remolacha, disculpa, instancia, falta y pueblo. Así que se me ocurrió requerir la ayuda de mi bufete para ver como podrían incardinar esas palabras en un caso imaginario. Un pobre diablo llamado Andrés, natural de un pequeño pueblo, sin antecedentes, ni una sola falta, es sospechoso de asesinar a su hermano Ramiro. En el domicilio de la victima había un reguero de sangre y un cuchillo, junto con una prenda del sospechoso. No había cadáver, pero el hermano había desaparecido. Así que a instancia de la Fiscalía se cita a declarar a Andrés, que se disculpa alegando que era una broma macabra: había mezclado remolacha, con kétchup y cola cao, como un sucedáneo de la sangre, así que su bohemio hermano se habría largado. Pero en el huerto de Andrés, las patatas tenían un nuevo vecino: el cuerpo sin vida de Ramiro.

     
  • PROFESION FRUSTRADA

    GLORIA CUTILLAS PRIETO · Jaén 

    Quise ser bibliotecario, pero soy un torpe e indeciso abogado. Me azora hablar en público, y rezuma vulnerabilidad la falta de convicción de mis alegatos, lo que me hace vivir en una eterna petición de disculpas con clientes, jueces y colegas. Los asuntos de instrucción me atemorizan, los de 1ª instancia me desazonan… No hablemos de los penales: ésos ya son el acabóse. El estrés se ha aposentado en mi alma como un huésped indeseable; mi psiquiatra me ha recomendado ansiolíticos y unas vacaciones para sosegarme. Mi mujer se ha empeñado en sanarme con una dieta vegetariana, y únicamente comemos lechuga, tomate y remolacha. Ahora no sólo me queda grande la profesión, sino también la toga….Algunas noches me libero soñando con la penumbra silenciosa de cualquier pequeña biblioteca de pueblo, y con un grueso chuletón al terminar una pacífica jornada laboral….se me hace la boca agua!

     
  • CUESTIÓN DE TIEMPO

    Sagrario Loinaz Huarte · ARANJUEZ (MADRID) 

    La noche recoge su manta nocturna para dar paso a las primeras luces del alba. Antonio, procurando no hacer ruido, se dirige al salón para coger la toga y el cartapacio. Regresa a su habitación. Entre el silencio de las paredes pueden escucharse los latidos de su corazón. Está nervioso ¡no es para menos! ser juez es algo grandioso e inefable. Se viste lentamente; las piernas le tiemblan, las manos le sudan como a los recolectores de remolacha de su pueblo. Se mira en el espejo y éste le devuelve la imagen de una cara adormecida y una toga amplia ¿Me falta altura o me sobran tallas? se dice a sí mismo. Antonio sonríe ¡el espejo no sabe de ilusiones! Su concentración es interrumpida por unas voces: ¡OTRA VEZ! ¡NIÑO, VETE A LA CAMA Y QUÍTATE LA TOGA DE TU ABUELO! Instancia de la disculpa: aceptada.

     
  • CUESTIÓN PREJUDICIAL

    JOSE MIGUEL RUBIO POLO · MURCIA 

    Tras bajar del coche y antes del entrar a la justicia, el Letrado de guardia sondea a los potenciales clientes, mientras apura un cigarrillo políticamente incorrecto a las puertas del Juzgado de Instancia, sito en las afueras del pueblo, junto a las plantaciones de remolacha. Trastornado por la visión, el Abogado se afloja el nudo de la corbata pues, con la disculpa del viento, a una linda morita se le alza con fiereza el velo, el cual cubría pudorosamente su cabeza de posibles y lascivas miradas masculinas, poniendo involuntariamente al descubierto la singular belleza de su larga cabellera flotando al albur del aire, a la par que todo el hermoso conjunto de su rostro. Mientras la azorada joven procura sin suerte recuperar del vuelo la prenda, para recomponer la falta contra su virtuosa apariencia, hace un cuadro de extravagante hermosura esta venus africana, casi erótica por su inocencia juvenil.

     
  • UN SOPLO DE OPTIMISMO

    Cristina Cobo Santiago · Madrid 

    La batalla judicial estaba servida. El pueblo contra el Estado. El pinchazo de la burbuja inmobiliaria sirvió como disculpa para elevar la presión fiscal sobre la ciudadanía. Hacía falta un cambio en el modus vivendi, y muchas personas recurrieron al campo, un retorno obligado al pasado, volvíamos a vivir de lo que la tierra producía. La investigación descubrió que la remolacha era un eficaz anticancerígeno, y esto la catapultó como producto estrella. El país mejoró todos los indicadores económicos, la crisis era historia. Ahora, el actual gobierno pretendía gravar la producción agrícola con un nuevo impuesto, para sufragar dietas y prebendas de la clase política, suprimidas en 2013, año en que comenzó la recuperación española. Parecía como si nada hubiera cambiado, ahora se lucharía en la instancia judicial contra una decisión injusta, pero en 2017 el sistema se había regenerado, los jueces estaban despolitizados y ya no había tasas judiciales.

     
  • Rebelión en la huerta

    Pedro José Prieto Alvarez · Noreña (Asturias) 

    A instancia de mis defendidas, Señoría, pido en su nombre disculpas si alguna falta o perjuicio causaron al ocupar algunas calles del pueblo. Solo reclamaban justicia, ya que de justicia es reconocer la marginación que las Artes les otorgan. El acuarelista atrapa el tiempo en algún lugar solitario, siente nostalgia de la campiña, y pinta campos de arroz, maíz o centeno bajo un cielo intensamente azul. El novelista sueña con una joven de piel trigueña, o recuerda su niñez y el olor a avena de la brisa al atardecer. ¿Y por qué no pintar campos de remolacha brillando al sol? ¿Por qué no recordar el olor de la cebolla o la suave piel del calabacín? Se margina a mis defendidas, Señoría, y por ello merecen la libre absolución. Un grupo de hortalizas aplaudió con entusiasmo el brillante alegato del señor Espárrago. Mientras, algunos cereales, malhumorados, abandonaron la sala.

     
  • EL NIETO

    María del Mar Suárez Sanabria · NAVARRA 

    Bajé las luces, prendí las velas, pedí disculpas a mi abuelo, abogado de reconocido prestigio, coloqué la güija e invoqué a mi fantasma favorito, mi abuela, jueza de primera instancia que, cansada de leyes y soledades, dejó la judicatura y a mi abuelo para cultivar remolachas en un pueblo del mar Negro con un musculoso hombre turco. Mi abuelo nunca se lo perdonó. Dejó claro en su testamento que cualquier descendiente que osara presentarse a una oposición de judicaturas sería tratado como un proscrito y desheredado. Espero que mi abuelo no se revuelva en su tumba y perdone mi falta, porque no estoy dispuesto a renunciar a la legítima, ya que hoy, con la ayuda del “Más allá” y las nuevas tecnologías, el testamento de mi abuelo va a desaparecer. Mañana, en el BOE, va a publicarse mi nombramiento como juez titular y número uno de la oposición.

     
  • CARNET (L)

    Greta Valencia Fernández · Madrid 

    Que el pueblo grita y actúa en el país de la libertad, INTERNET, es ya un hecho. A él le debo que un buen día se rompa la monotonía del despacho, los robos con fuerza y las faltas por hurto dejan paso a los delitos informáticos. Los veteranos letrados tiemblan y desorientados como ya no recordaban apuestan por la joven becaria conocedora del medio, hambrienta de oportunidades y con el carnet que exigían sin estrenar. No hay nube que pueda almacenar mi alegría. Pese a estar colorada cual remolacha camino airosa por el juzgado, voy directa a la planta 6ª, 1ª Instancia nº37, allí comienza mi sueño. Disculpa ¿La Letrada? Si, ¿Su carnet?

     
  • Pancracio y la hortaliza lesiva

    Antonio Zamora Rodríguez · Odena (Barcelona) 

    El pueblo contra Pancracio-Sumario 1/2015. Así se conoció el primer proceso penal visto por el Tribunal Supremo de Torremolinos, una vez proclamada su independencia y secesión del Reino de España. En la soberana Corte se dirimió, ya en segunda instancia, si Pancracio, funcionario de piscinas, bañeras y duchas, según la Ley de playas y protección del turismo 23/14, debía ser condenado por lesiones al confundir una remolacha con un juguete erótico, produciéndole graves lesiones a su esposa en las partes pudendas.Su letrado suplicó que el ilícito debía quedar en falta, alegando falta de dolo y exceso de alcohol. La disculpa no progresó y Pancracio sería condenado a dos años de prisión. La noticia corrió como la pólvora y todas los sex-shop se apresuraron a retirar tan noble hortaliza de sus escaparates.

     
  • PRIMUM VIVERE

    Joaquín Valls Arnau · BARCELONA 

    En vida, nuestros padres tuvieron como única propiedad una finca en el pueblo; en ella cultivaban remolacha azucarera y obtenían lo justo para mantenernos los cuatro. Lucas, mi hermano mayor, quiso continuar la tradición familiar y dedicarse a la agricultura. Yo en cambio detestaba el campo, así que convinimos que si me pagaban los estudios de Derecho, la finca pasaría a él. Una década después, mi bufete comenzó a hundirse. En la misma época Lucas hizo excavar un pozo en la finca en busca de agua, y apareció por sorpresa una gran bolsa de gas natural. Decidí impugnar el testamento. Por supuesto gané, y ahora me embolso la mitad de los beneficios del yacimiento. Aunque le pedí disculpas, Lucas, enfurecido, me imputó falta de ética. Hemos dejado de hablarnos y conste que lo lamento, porque la familia es importante. Pero en última instancia, lo esencial es la supervivencia.

     
  • PREPOSICIONES DE UNA RUTINA

    SILVIA ECHEVARRIA SANCHEZ · BILBAO 

    A, trabajar; ante, el ordenador; bajo, presión; cabe, recurso de apelación y café; con, azúcar de ¿remolacha?; contra, sentencia; de, Juzgado Primera Instancia; desde, mañana; en, veinte días; entre, papeles; hacia, el bufete vuelvo; hasta, la hora de salir; para, besarte; por, costumbre; según, la rutina; sin, falta; so, pena de ser engañado; sobre, el cansancio; tras, la jornada.

    Siempre he deseado estudiar Derecho para ser abogado y vivir aventuras como las de los libros de John Grisham que de pequeño leía los veranos que pasaba en el pueblo de mi madre, en las que el protagonista cambiaba la vida a la gente defendiendo sus derechos con la Ley en la mano.
    Hoy me pido disculpas todos los días por traicionar diariamente mi sueño y a ti, al haberme convertido en un simple oficinista de un despacho de abogados e infiel además.

     
  • EL PESO DE LA LEY

    María Dolores Moya Gómez · Puente Tocinos (Murcia) 

    Nací en una adinerada familia. Era un niño feliz. Mi abuelo solía decirme: “Lo más importante es cuidar la familia y la tierra que posees”. En ocasiones me llevaba con él a plantar o a recoger sus tomates, remolachas, patatas,… Le admiraba. En mi catorce cumpleaños me dijo: “Eres el heredero. Prométeme que nunca abandonarás ni a tu familia ni a esta tierra”. Se lo prometí. Cuatro años después me fui a la ciudad a estudiar derecho. Titulado, volví al pueblo. Mi abuelo me puso a trabajar en los asuntos familiares. Quedé sumido en una pesadilla al descubrir el mundo que tenía entre mis manos. Cuando desperté, entregué a mi abuelo dos instancias de renuncia; una como su abogado, otra como su heredero, a la que le acompañaba una nota de disculpa por la falta a mi promesa. Dos policías me seguían. Uno de ellos le expuso sus derechos.

     
  • EL ALMA AL DIABLO

    GUILLERMO SANCHO HERNÁNDEZ · PILES (VALENCIA). 

    Desesperado, el abogado viajó desde su pueblo hasta el mismísimo Infierno, y allí presentó una instancia. Ante la inminente caducidad de un plazo procesal, quería trabajar setenta horas seguidas, sin tener que descansar. Y ofrecía su alma a cambio. Le atendió un administrativo, que le pidió disculpas por la momentánea ausencia de su jefe, y le ofreció un jugo de remolacha con queroseno, mientras aguardaba en la sala de espera. A la media hora apareció un tipo con pinta de banquero, traje negro de raya diplomática, camisa blanca y corbata roja. Se saludaron. - No me hacen falta más almas ahora mismo – le dijo al abogado. Pero si me asesora (el Infierno tenía un problema de lindes con el Purgatorio, que duraba ya una eternidad), le puedo ofrecer una ventajosa línea de crédito… El diagnóstico del médico interrumpió la duermevela del abogado: “Agotamiento: origen laboral. Administrar vitaminas. Evitar gestiones bancarias.”

     
  • La cosecha

    Pablo Ruben Martin de Pablos · Torrelodones (Madrid) 

    Heredamos mi 6 hermanos y yo una parcela en zamora de mi tía Purificación.Nunca habíamos ido a Benavente, ni conocíamos la finca, ni tampoco a mi tía. Estaba a las afueras del pueblo, 10 hectáreas de remolacha. Viajé para ver donde estaba, cuánto podría valer y en última instancia negociar con los aparceros para echarles y poderla vender (ya que para algo era el abogado de la familia).Me encontré allí al menos 8 familias de trabajadores agrícolas con numerosos hijos en 8 barracones llenos de podredumbre y me dió una impresión de subdesarrollo enorme, como si hubiese vuelto a la posguerra. Por las ropas, por las caras de hambre, por los cortes de pelo, por esa enorme falta de higiene. Pedí disculpas por la intromisión, volví a Madrid esa misma tarde y les mandé un correo a mis hermanos: la tierra no se vende, es para quien la trabaja.

     
  • Abogado de prestigio

    Jesus Urbano Sojo · Silla- Valencia 

    '-¡Disculpa! Falta el ticket.- Me dice la cajera, cuando ya salía del supermercado. Tengo la mente puesta en el juicio y no estoy atento a lo demás. Hoy es viernes y voy a mi pueblo. En la carretera, no dejo de pensar en lo que tendré que declamar el l

     
  • ¡TOMA VITAMINAS!

    Coral Gándara Adán · Madrid 

    Ser el abogado de un pueblo es algo peculiar. Nos falta tiempo para resolver las continuas rencillas enquistadas desde la infancia, pero a veces, incluso ejercemos nuestra profesión teniendo los resultados más sorprendentes . Recuerdo a Don Ambrosio, orgulloso de sus tierras como nadie, que fue demandado en primera instancia por su vecino por una disputa entres las lindes de sus respectivas fincas, y tras una ardua negociación, conseguí que éste último desistiera de la demanda. Mi cliente, lleno de gozo ante tan feliz desenlace y en pago de mis honorarios me trajo una remolacha. Atónita, le miré y le dije: ""Hombre disculpa, comprendo que la crisis es muy dura, pero ¿una remolacha?"". El hombre se marchó cabizbajo y volvió al día siguiente con un melón. ¡Vivir para ver!

     
  • EL CIELO DE LOS ABOGADOS

    Isabel García Rafanell · Matadepera (Terrassa) 

    Estoy llegando al cielo. Deduzco, a falta de otra explicación mejor, que debo haber muerto, aunque no lo recuerdo. Hay una larga cola:
    -Disculpa, ¿eres el último?. Espero.
    Cuando llega mi turno un ángel me interroga:
    -Explíqueme, ¿qué ha hecho ud. en la vida?
    -He sido abogado.
    -Oiga ! y que hace ud. aquí?, este grupo va directamente al infierno!.
    -No, no ! yo he sido muy justo y muy bueno, he ayudado al pueblo defendiendo a personas sin recursos, participé en la huelga de la remolacha, enseñé…
    -¿La huelga de la remolacha?- interrumpió el ángel- ¿Y eso que es?
    -La que hicieron en mi pueblo, para derrocar al alcalde corrupto.
    El ángel se queda pensando.
    -Bien, rellene la instancia, aunque deberá ir a la otra cola, la de los que resucitan, a ver si, de mientras, acondicionamos un lugar en el cielo para los abogados.

     
  • CONCILIACIÓN DE LA VIDA LABORAL Y FAMILIAR

    Juana Cortés Camacho · Almería 

    Querido compañero: Gracias por sustituirme en el juicio de faltas. La consulta médica se ha retrasado. El diagnóstico ya me lo temía; tú también. Otra vez el dichoso antojo por la remolacha. No falla. ¡¡Qué horror!!  Y ahora ¿qué vamos a hacer? De momento me voy al pueblo. Necesito estar sola; hundir los pies en la arena de la playa;  tomar baños de sol y espuma para enjuagar las neuronas; despertar de esta pesadilla. Disculpa por la nota.  Sé que lo entiendes. Cuando recupere la cordura -y la voz- te llamaré. Mi madre recogerá a los gemelos de la guardería. A Jaime le he enviado un whatsapp. Recuerda el monitorio de mañana a las doce (Juzgado de Primera Instancia Nº 2). Consulta en mi agenda los señalamientos y citas de la semana. Te quiero. ¿Y si esta vez viene una niña…?

     
  • Divina verdulera

    Pilar Blázquez · Madrid 

    Tras conocer otra bochornosa sentencia absolviendo corruptelas, acusó una terrible falta de aliento para continuar. Estaba cansada de consagrar toda su existencia a impedir que los platillos de la balanza se inclinaran siempre del lado de los poderosos. Tanto es así que cada vez que alguna instancia judicial quebrantaba el principio de igualdad, dudaba si no le habría ido mejor cultivando remolacha que ejerciendo la justicia. Aquel vergonzoso veredicto fue el detonante, decidió que ya no cabían más disculpas, que debía abandonar su fatigosa misión en el mundo del Derecho y retirarse a un pueblo a practicar la agricultura ecológica. Ahora vive de sus cultivos, feliz porque en el mercadillo de los jueves siente que regresa al Olimpo. Allí, a la diosa Justicia le brillan los ojillos en su tenderete, cuando pesa las verduras y comprueba cómo, en armoniosa perfección, se equilibran los brazos de su calibrada balanza

     
  • PLAGA DE TASAS

    Angel Tormes Alberdi · Donostia (San Sebastián) 

    La sentencia de instancia estimó sustancialmente la demanda sin incluir los ochocientos euros por la pérdida de la cosecha tras la inundación del pueblo. Intentada la corrección de la falta a través de una aclaración, el Juez admitió la procedencia del importe y su errónea omisión involuntaria a modo de disculpa, pero entendió que no podía alterar la resolución. Le expliqué al cliente la reciente creación de una tasa de ochocientos euros para interponer un recurso de apelación, importe nunca recuperable en los recursos, cuya finalidad era, según sostenía su creador, financiar la administración de justicia. Lógicamente no hubo recurso. A los años recordé el caso leyendo en el periódico: “Perplejidad en el Ministerio de Justicia ante la recepción anual de un kilo de remolachas podridas con una nota anónima del siguiente tenor: PERDIDAS POR LA INJUSTICIA DE LA TASA PARA FINANCIAR LA JUSTICIA”.

     
  • CONFLICTO

    Francisco Sánchez Egea · LORCA (MURCIA) 

    La remolacha sangraba y Alfred imaginó, como tantas veces, los cuerpos atados sobre un charco rojo. Abatido y con falta de sueño, se sinceraba con su confidente, psicóloga las más de las veces y madre de sus hijos. “Ni tengo cartas para hacerlo, ni quiero jugar esta partida. En fin, ese tipo ha reconocido haber matado a la familia sin pestañear. Su voz no tembló una sola vez en la hora y media de declaración. Siento la necesidad de pedir disculpas cuando me cruzo con un vecino del pueblo al que tanto tiempo tuvo con todas las luces encendidas en plena noche. Entré al turno de oficio a falta de algo mejor y mírame, buscando expertos y psiquiatras que puedan alegar que está loco. En última instancia, con suerte, conseguiré que no le ahorquen. Ni siquiera estoy seguro de que no lo merezca. Pero debo intentarlo”.

     
  • Al estilo inglés

    Eva Braojos Moya · Madrid 

    Primero fue el amor… Mi español de cien palabras fue la disculpa perfecta, para pedir ayuda con la dichosa instancia de descargo a aquél chico sentado en la plaza del pueblo. Después fue la profesión… Siendo mi nuevo novio, y abogado, no hizo falta que le pidiera que me asesorara con el papeleo de la hipoteca. Luego, la fiesta de cumpleaños, con el bizcocho de remolacha al cava, y todos mis amigos, incluído mi exnovio inglés. Y por último, sus celos, el portazo y la inflada factura de sus honorarios… Si quieres un buen abogado, nunca te acuestes con él...

     
  • Ad sidera visus

    Alba Mª López López · Madrid 

    A falta de otra distracción en aquella sala ocre, María Luisa se sintió llamada a romper el silencio: - Ayer, al ponerse, el sol parecía una remolacha, ¿sabe?. Una pelota grande y oscura cayendo al suelo, salpicándolo todo. La indiferencia de su compañera de asiento no pareció importarle y prosiguió: - Hoy, sin embargo, hay viento y las nubes están altas… - Disculpa… [Giró la cabeza y, tras ella, vio unas gafas que ocultaban un rostro de estopa]. Sí, tú. ¿Es que en tu pueblo habláis siempre a voces? Esto es un juzgado de primera instancia, no una feria. Con los labios apretados y la mirada baja, María Luisa atinó a musitar un levísimo “Estoy esperando a mi abogado”, al tiempo que imaginaba la marea del crepúsculo tiñendo aquellos sucios pasillos de violencia carmesí

     
  • LA TASA

    ANGEL JUAREZ ABEJARO · MADRID 

    Este año he vuelto desmoralizado. Ni las fiestas navideñas que siempre me ilusionaron, ni la excelente salud de mi madre ya nonagenaria, ni las deliciosas ensaladillas multicolores de mi hermana, la última además con remolacha, ni los largos paseos por el pueblo que tantos recuerdos y encuentros me deparan, consiguen hacerme olvidar que para proseguir la instancia, ahora no bastan legítimas pretensiones ni sólidos argumentos jurídicos... Y es que no paro de pensar en esos clientes del despacho que me han llamado la última semana para pedir disculpas por solicitar que me olvide de recurrir sus asuntos porque les falta el dinero para pagar la tasa; aunque no el derecho, las razones ni las ganas.

     
  • SIEMPRE NOS QUEDARAN LOS BARES

    Elena Lázaro · Sacramenia Segovia 

    La nave aterrizó sobre una petrificada superficie vítrea. Don Herminio, letrado ilustre, aspiraciones visionarias de científico interestelar iniciaba La Comitiva de negociaciones. Tendió al primer ser endémico emergido una remolacha terrícola a modo de ofrenda -prueba de tecnología avanzada- y dos mil folios de instancia de solicitud de asilo que el ser rechazó espantado. “Acepte mi disculpa por nuestra falta de invasión, nuestro pueblo, aquejado de Crisis, precisa espacio…¿ sería mucha molestia si les colonizáramos?” Como el ser, tipo ameba, no fuera muy comunicativo continuó…”ya saben, hipoteca, prima de riesgo, iva…” Regresó triunfante Herminio con el permiso tácito de los extraterrestres para mudar el Planeta Azul al Nuevo Mundo. Olvidó que habiendo viajado a la velocidad de la luz, el tiempo se había detenido para él y sus colegas, no así para La Tierra y sus habitantes. Nada ni nadie quedaba. -Manolo, y ahora qué hacemos…!ni un bar!-gimió desconsolado

     
  • Error irreparable

    Antonia Mª Galán Bañó · Alicante 

    Cuando llegaron al pueblo, cargados de niños, perros y enseres, los vecinos ya los vieron con malos ojos. Ahora y pese a los lamentos y disculpas, se les echaba en falta. Eran buena gente, serviciales y trabajadores dispuestos a trabajar en el campo si hiciera falta. Cuando a raíz de la denuncia presentada por los vecinos y acompañando a la comisión del juzgado se entró en la casa, no había restos de droga alguna, solo dos macetas con plantas de remolacha que pretendían cultivar en las tierras arrendadas. No era marihuana. Se les echó del pueblo, literalmente. Ya no habría niños jugando en la plaza, ni se abriría el colegio el próximo curso por falta de niños. Ahora y como última instancia solo cabía esperar que se aceptara el perdón de un pueblo, que como tantos otros, solo ven lo que se aparenta y no como realmente somos.

     
  • El campesino

    Francisco Pérez Bes · Madrid 

    Miré a mi cliente. Parecía asustado, aunque trataba de ocultarlo repitiendo una y otra vez, a modo de disculpa, que “todo es culpa de esta maldita crisis”. ¿Qué había llevado a ese afable campesino a cultivar remolachas en el campo de fútbol del pueblo? Le tranquilicé, pues el coste de iniciar un proceso contra él era demasiado elevado para el afectado por culpa de las tasas judiciales que ahora se exigen. En cualquier caso, su acción estaba tipificada como falta leve, por lo que en última instancia siempre podríamos reconocer los hechos y aceptar la sanción, aunque probablemente tenga que volver a dejar el área pequeña con su aspecto original…

     
  • A LA ESPERA

    PEDRO PABLO NEIRA ROMERAL · Madrid 

    El tacto almidonado de la butaca es agradable. Aquí me hallo, con la ilusoria apariencia de no haber roto un plato en mi vida, como un niño con aversión a la verdura ante un guiso de remolacha.
    Soy un asesino, pero me gusta creer en los principios Freudianos y explicar mi necesidad homicida de forma más elegante, donde mi Thánatos aplasta cualquier atisbo de pulsión vital residente en mi subconsciente. Podría desolar un pueblo únicamente con un cuchillo pero no me considero un monstruo.
    Entre murmullos, distingo un golpe de martillo, me levanto y miro a los familiares de las víctimas. Sonrío, puedo apreciar su asombro. ¿Qué esperaban?, ¿Una disculpa?, me temo que no. Al menos no de mi mano, falta de cualquier resquicio de moralidad humana.
    En primera instancia me declaro culpable. Observo el desconcierto de mi abogado mientras firma mi pasaje a una vida de aislamiento entre rejas.

     
  • QUIERO SER ABOGADO

    Alberto Artaza Varasa · La Coruña 

    Papá, quiero ser abogado. El padre se encolerizó ante la constante insistencia del hijo en aquellos días en que poco faltaba para acabar el bachillerato. El que su único hijo se negara a prolongar una brillante saga de médicos le producía una mezcla de irritación y frustración. En el pueblo, donde la condición de médico era vista con un aura reverencial, la saga de los Aguirre era casi venerada. Era tanta la contrariedad que le causaba la obcecación del chico, que hasta tuvo que costearse la carrera de derecho el mismo a base de compaginar duras jornadas en la recogida de la remolacha. Algunos años después el padre abandonó prematuramente el ejercicio de la medicina. Lo hizo intencionadamente, como el mejor tributo de disculpa y gratitud que podía dedicarle a su hijo. ¡ste había conseguido su absolución en doble instancia por un caso de error médico con resultado de muerte.

     
  • Subvención fraudulenta

    Francisco Pi Martinez · Santander (Cantabria) 

    Desorientado por completo, sin entender nada, un pobre campesino arrancado de su entorno y lanzado, casi violentamente, a la sala de aquel juzgado de primera instancia, apretaba la boina entre sus manos, pedía disculpas, balbuceaba y tardaba en contestar las preguntas de los abogados. “Sí, él siempre había vivido en el pueblo”. “No, nunca se había dedicado al cultivo de la remolacha. Le habían dicho que obtendría un buen beneficio y decidió cambiar”. “No, no sabía lo que era una subvención”. “No, él nunca había hecho mal uso del dinero”. “¿Multa? ¿25.000 euros? Pero, ¿cuál era la falta? Él no había hecho nada. ¿De dónde iba a sacar ese dinero?”. Prácticamente lo empujaron fuera de la sala. Su causa estaba ya sentenciada. Estorbaba allí con su boina y su patético desamparo. En otro lugar, un politiquillo sin escrúpulos saboreaba satisfecho un gin-tonic. Él sí sabía dónde estaban aquellos 25.000 euros.

     
  • Dinosaurio por remolacha

    AGUSTIN DE LAS HERAS MARTINEZ · MADRID 

    "Cuando desperté en el juzgado de primera instancia de aquel pueblo para dar una disculpa por la desaparición de la hortaliza, les dije que... la remolacha seguía ahí"". El abogado volvió a leer el microrrelato mientras esperaba su juicio, pero seguía echando en falta algo. En su interior una voz le decía, que no, que esta vez tampoco ganaría el concurso.

     
  • LA JUSTICIA NO ENTIENDE DE ECONOMÍA

    PEDRO ANTONIO GONZALEZ JIMENEZ · ALCALÁ DEL JÚCAR (ALBACETE) 

    Sentado frente a mi escritorio, reviso con desazón algunos documentos, con continuas miradas a la entrada buscando al cliente que me salvará el día o por qué no... la semana. La bucólica idea de abrir un despacho en un pequeño pueblo a media hora del Juzgado de Primera Instancia más cercano, pretendiendo acercar la justicia a la zona rural, comienza a difuminarse, y empiezo a añorar el bullicio de la ciudad. De repente, llaman a la puerta, es Pascual, un viejo hortelano que vive calle abajo. Le han quitado del huerto unas plantas de remolacha y me trae como presente, como si tuviera que pedirme una disculpa al solicitar mis servicios por tan nimia falta, tanta o más remolacha de la que le han hurtado. Perplejo, hallo en su mirada la razón por la que abrí el despacho en esta pequeña localidad... la justicia no entiende de economía.

     
  • SU PRIMER CASO

    Mayte Campos Anglés · Blanes (Girona) 

    Falta poco para que mi hijo se convierta en un señor licenciado en derecho. Todos me felicitan anticipadamente, pero yo estoy cada día más caviloso. Me he pasado la vida trabajando en el cultivo y en la recolección de la remolacha; me satisfacía pensar que endulzaba la vida a la gente. Pero ahora resulta que, según mi hijo, soy un hombre explotado. Tal es mi desasosiego que prefiero que no venga a visitarme. Cuando anda por casa no para de repetirme que yo seré su primer caso. He pasado de ser un padre a ser un caso, y de ser un feliz trabajador a ser un esclavo. Sé que le voy a decepcionar, y en última instancia estoy dispuesto a pedirle disculpas porque me encanta que me exploten, pero su primer cliente se lo tendrá que buscar en otra parte, lo más lejos posible del pueblo.

     
  • ¡Viva San Mateo!

    Carlos Brage Tuñón · Madrid 

    En primer lugar he de pedirles disculpas por mi torpe uso del lenguaje, algo pobre dada mi condición de letrado. Intentaré suplir mis carencias dialécticas gracias a mi dominio de las leyes. Falta decir que mi esfuerzo me ha costado, no en vano pasé cinco años de mi vida encerrado en el cuarto de mi infancia, frente a un viejo escritorio demodé. Cada 21 de septiembre, mientras el pueblo entero festejaba a San Mateo, yo acompañaba a mi abuelo en la cosecha de la remolacha. Mi único día de descanso se convertía así en una agotadora rutina, que siempre terminaba de la misma manera: instancia en el ayuntamiento reclamando una indemnización por los daños ocasionados en el campo de la familia durante los festejos a nuestro patrón....y la misma respuesta desde el consistorio:†Desestimada por un error de forma, al incluir un lenguaje soez e inapropiado.

     
  • MI PRIMER NOVIO

    ESTEBAN TORRES SAGRA · Úbeda (Jaén) 

    Yo soñaba con revolucionar el mundo de la instancia y los recursos cuando él comenzó a lanzar las faltas con barrera en el equipo de mi pueblo. Estudié leyes ocho horas al día durante toda mi juventud, mientras él se lo pasaba en grande entrenando un par de veces por semana. Fuimos novios un verano. Nunca aprobó tercero de la ESO. Yo he acabado la carrera con sobresaliente. A mí lo mismo me toca defender a un traficante de poca monta, como abogada de oficio, que visitar en su celda a un ladrón de remolacha por poco más de mil euros mensuales. Él ahora se codea con Messi, lo entrevista la Carbonero cada dos por tres y se va de vacaciones a las Seychelles con una modelo distinta cada año. Yo vuelvo cada estío a la casa de mis padres. Creo, sinceramente, que la vida me debe una disculpa

     
  • CARTA AL SR. MINISTRO

    MARTA MARIA RODIL DÍAZ · GIJÓN- ASTURIAS 

    Estimado Sr. Ministro: A falta de algo mejor que hacer, le escribo desde mi pueblo, contemplando los campos de remolacha, para pedirle que reconsidere su decisión. No soy hombre de letras, y no se si esto es un recurso, una instancia o simplemente un ruego. Supongo que tanto usted como su chofer cumplen escrupulosamente con los límites de velocidad. Como experto en el tema, debo decirle que eso no es suficiente para impedir que sea multado. Si ello ocurriera, necesitará de mi labor. Ahora estoy en paro porque ya nadie recurre las sanciones. No lo entiendo. ¿Acaso lo que antes era injusto ahora ha dejado de serlo? No soy abogado, pero su causa es la mía. Hay leyes para las que no hay razón o disculpa que valga. Como ahora estoy sin trabajo me manifiesto con ellos y grito: NO A LAS TASAS!. Juan Pérez (Calibrador de radares en paro).