EL PESO DE LA LEY

María Dolores Moya Gómez · Puente Tocinos (Murcia) 

Nací en una adinerada familia. Era un niño feliz. Mi abuelo solía decirme: “Lo más importante es cuidar la familia y la tierra que posees”. En ocasiones me llevaba con él a plantar o a recoger sus tomates, remolachas, patatas,… Le admiraba. En mi catorce cumpleaños me dijo: “Eres el heredero. Prométeme que nunca abandonarás ni a tu familia ni a esta tierra”. Se lo prometí. Cuatro años después me fui a la ciudad a estudiar derecho. Titulado, volví al pueblo. Mi abuelo me puso a trabajar en los asuntos familiares. Quedé sumido en una pesadilla al descubrir el mundo que tenía entre mis manos. Cuando desperté, entregué a mi abuelo dos instancias de renuncia; una como su abogado, otra como su heredero, a la que le acompañaba una nota de disculpa por la falta a mi promesa. Dos policías me seguían. Uno de ellos le expuso sus derechos.

 

 

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