VII Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Imagen de perfilABOGADO SOBRE RUEDAS

María del Mar Díez Martín 

Aparcó su coche, un modelo sin pretensiones, en el mismo lugar de siempre. En la luna trasera, sobre una cortinilla extendida, podía leerse LEXCAR -Abogado sobre ruedas- y un número de teléfono. No esperó mucho. Una morena de buena percha, pero renqueante, subió al vehículo: Buenas tardes Carmen, ¿cómo va esa pierna?... Traigo buenas noticias, el juez le ha concedido la indemnización que solicitamos…Tranquila, no le pasaré el cargo hasta que usted la cobre… Tres clientes más tarde, arrancaba satisfecho. Volvería aquí dentro de un mes, según las rutas que se había programado. Su decisión de no esperar sentado en la oficina y llevar la asistencia legal hasta la puerta de la gente sencilla había sido un acierto y le resultaba muy gratificante, a pesar del dolor de espalda y los cortos ingresos. La necesaria LEXVAN tendría que esperar unos meses. El soñado LEXBUS quedaba aún muy lejos.

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El más votado por la comunidad

Imagen de perfilCONFIANZA

JULIO HIERRO HERRERA · Madrid 

Acudí a comisaría rápidamente. El delito era grave. Mi cliente era el principal sospechoso. Colgué el abrigo en la percha y comencé a dar vueltas por la sala de interrogatorios. Lo traía un policía alto, moreno, orgulloso de su cargo. El caso estaba claro. Una declaración rápida, el traslado a la cárcel Modelo y a casa. Él arrastraba los pies. Su cuerpo se movía arrítmicamente, según iba recibiendo tirones del policía. Se derrumbó en la silla descargando su cansancio de tantas horas. -Buenos días, soy su abogado de oficio. Puede estar tranquilo. Mi pretensión es que tenga un trato justo y se respeten todos sus derechos. Estoy a su disposición para asistirle, siempre que lo desee. Levantó la mirada. Sus ojos, me observaron penetrantes. Fueron segundos interminables. Su gesto duro y cansado cambió levemente. Esbozó un gesto de aprobación. Supe que confiaba en mí.

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Relatos seleccionados

  • Imagen de perfilVerano legal

    tomas hernandez lecuona 

    Tras un duro año de trabajo, colgué la toga en la percha del despacho y con gran satisfaccion puse el cartel de cerrado por vacaciones. Con la pretensión de volver moreno y olvidarme del derecho durante un mes, decidí ir al Caribe. Una vez en el aeropuerto en las pantallas una siniestra palabra acompañaba nuestro destino: CANCELADO.
    No nos dieron ninguna explicación y a los pocos minutos de enfado razonado, tomé posesión del cargo de portavoz de los afectados. En el aeropuerto redacté un modelo de reclamación que rellenaron todos los pasajeros.
    Comencé esa misma tarde las negociaciones con la compañía mientras redactaba la demanda. El treinta y uno de agosto, conseguí un maravilloso acuerdo y el uno de septiembre la toga me esperaba de nuevo.

     
  • Imagen de perfilRobin ‘Juz’

    Teresa Angulo Alijarde 

    ‘¿Abogado de oficio?’ Recuerdo cuando me lo dijiste en aquel bar. ¡Qué chasco! Yo que pensaba que era mi día de suerte, que sin duda debías ser modelo y, además, internacional. Moreno, alto, guapo, con una percha de quitar el hipo y resultó ser que tu prenda más preciada era una rancia túnica negra. Eso sí, para ti era como una capa. Desde pequeño soñabas con hacerte cargo de los más vulnerables e inventaste a Robin ‘Juz’, cambiando bosques por juzgados. Cómo iba a quererte igual, muy a mi pesar. Sin photocalls, ni viajes de lujo, ni chófer, ni barras libres de impronunciables cócteles. Pero hoy te veo cada mañana, con la toga en el brazo y la misma pretensión que cuando te conocí. ‘Dignificar’, me decías. Y me sorprendo queriéndote más. Todavía un poco más. Sonrío perpleja, mojando sin darme cuenta una nueva factura en el café.

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  • Imagen de perfilDe cine

    Teresa Álvarez 

    Todo lo que sabía sobre abogados lo aprendí en las películas. «Les mandaré a mis abogados» (inexcusablemente en plural), «tiene derecho a que le represente un abogado….» frases míticas que siempre quise utilizar. Letradas rubias meneándose por los pasillos del juzgado como modelos, fiscales conduciendo cochazos imponentes, despachos colosales con vistas al Empire State. Cargos por asesinatos, demandas millonarias a multinacionales farmacéuticas, designaciones fraudulentas de jurados populares. Jurisprudencias sacadas de la manga en el último minuto, réplicas teatrales ante la Sala.
    Guionistas: la realidad supera la ficción. Observen a la abogada morena que consiguió desde su oficina de barrio sin pretensiones, la indemnización por despido a mi vecino, o conozcan a Miguel, que sólo tiene un traje, y ganó la pensión alimenticia para mis hijos, o descubran al gordito, que va en metro con su toga en una percha, corriendo a frenar la expulsión de unos desahuciados.

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  • Imagen de perfilTELESERIES

    Eva María Cardona Guasch 

    Cuando empezó a ejercer creyó que cada caso era como una de aquellas comedias de situación a las que era aficionada. De aquellas sin pretensiones, con trama de enredo y final tan previsible como feliz. Normal, en el bufete le encargaban los asuntos sencillos, fáciles de ganar. Encajaba en el papel de heroína televisiva: guapa, percha de modelo, tez morena, ojos claros y con desparpajo. Pronto se hizo cargo de pleitos más complejos. El reto le pareció similar a interpretar un guión elaborado, algo incierto, con toques de intriga. Y final feliz porque aún le confiaban litigios ganadores exclusivamente. Pero llegó un día en que comprendió que los pleitos también pueden asemejarse a los dramas cotidianos, con personajes desventurados y finales imprevistos, imprevisibles e indeseados. La Justicia es una gran guionista. Y lo más duro fue aprenderlo al defender, infructuosamente, al cliente al que más deseaba complacer: su padre.

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  • Imagen de perfilVACACIONES MENTALES

    Eduardo Martín Zurita 

    Elegir el modelo de maillot: a flores, a rayas o liso y plantarse en cualquier playa, con bandera azul, sin otra pretensión que tumbarse en la arena para ponerse moreno; incorporarse y dar un sorbo al refresco y saborear esas crujientes patatas fritas; pasear la percha de abogado defensor y hacerse cargo de lo que la raza mejora, contemplando a las bañistas; zambullirse en el agua, bucear fascinado por los colores del fondo marino, nadar a mariposa, como en los tiempos de estudiante; salir y sacudirse lo mismo que un perrillo. El yodo, la brisa, disponer del tiempo para poder ir uno a su bola...
    Todo eso está muy bien y resulta salutífero, pero no es para mí, Ulises surcando mares y océanos en busca de su Ítaca jurídica. Los repertorios de jurisprudencia y legislación están ahí, ajenos a las vacaciones judiciales, como sirenas a cuyos cantos no puedo sustraerme.

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  • Imagen de perfilEL MORENO JOSÉ

    MANUEL MACHARGO 

    Como me gustaría salir del despacho, después de haber dejado colgados en la percha, los problemas de los clientes, pero lo cierto es que salgo, con los pies fríos y la cabeza caliente, y es que soy un concupiscente recalcitrante, todos los días me acuesto con alguno de esos clientes y en ocasiones con más de uno a la vez. Me levanto tan cansado, como si realmente hubiere hecho el amor tres o cuatro veces con cada uno. Solo quien vive de verdad esta profesión, se hace cargo y entiende lo que digo. Ahora tengo una “nueva relación” “otra pareja nocturna”, su nombre es Mohamed Ali, pero en el barrio lo llaman “El Moreno José". Lleva seis meses en prisión, por el supuesto homicidio de una bella modelo, su pretensión, humana pretensión, es salir absuelto, y yo, …yo “soñando” con él, y como hacerlo... Y es que soy incorregible.

     
  • Imagen de perfilEl perro antes que el collar

    ROSA GALLARDO 

    ¡6:30! Me visto con mi modelo Armani, colocado en la percha al lado de mi sillón, me dirijo hacia la oficina. Por la calle me encuentro a Tomás, ¡está cada vez más moreno!, me pregunta varias cuestiones que le han surgido sobre la herencia de sus padres mientras ha estado veraneando en Mallorca; posteriormente me encuentro con Trini, cuya pretensión es ser readmitida en su trabajo, del cual ha sido despedida disciplinariamente, ¡treinta años para nada! solloza, la tranquilizo, tendrá solución. Desayuno en el bar donde he quedado con un famoso cargo político, el camarero me pregunta cómo va su divorcio, y el jefe del bar me plantea dudas sobre unos impuestos que según él no debe pagar. Salgo. Suena mi I-Phone, ¡ring ring! -¿Mama? +Dijiste que te ibas a levantar a las ocho para estudiar administrativo, son las diez y sigues durmiendo, ¡así no terminas derecho Manuel!

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  • Imagen de perfilLA DUDA DEL JURADO POPULAR

    ALEJO JESÚS LUCAS LÓPEZ 

    He notado sus miradas de asombro.
    Mi discurso les ha calado. La exposición ante un jurado popular es clave para entender una defensa durante la vista oral.
    Nunca tuve más pretensión que la de cumplir con mi cargo de abogado. Además, tampoco soy modelo de pasarela, más bien lo contrario: vulgar, bajito y moreno, en nada impresiono por mi físico. Pero el Derecho me apasiona, y me crezco. Entonces soy un titán que escupe bolas de fuego en forma de leyes.
    El magistrado me ha permitido exponer de pie. Lo he aprovechado para apoyar las palabras con enérgicos ademanes. De rabioso convencimiento.
    Me siento.
    Hasta mi patrocinado tiene los ojos como platos.
    -¿Alguna duda? –inquiere el juez mirando a los jurados
    Su portavoz se levanta.
    Noto una punzada en mi cabeza, en mi nuca.
    - ¿Es normal que el abogado defensor lleve la percha dentro de la toga?

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  • Imagen de perfilLA MISIÓN

    Manuel de la Peña Garrido 

    Me hicieron ver que no disfrutaría más del aire libre.
    - No importa. Me paso la vida encerrado en el despacho y los juzgados - repuse. - ¿No aprecian mi moreno californiano? - ironicé.
    Me repitieron que nunca podría despojarme del uniforme...
    - Pero si voy siempre trajeado, cual modelo italiano, revestido con la toga.
    Que tendría que abandonar familia, pareja, amigos...
    - Hace lustros que colgué en la percha del olvido cualquier rollo sentimental. Resultaba incompatible con mi profesión. Por no tener... ni perro tengo.
    Que debería cumplir a rajatabla rigurosos protocolos...
    - Si aplico a diario toda clase de códigos.
    Que no habría retorno...
    - Es igual. Ya saben: ninguna Penélope espera mi regreso.
    Que me lo pensara bien.
    Y aquí estoy, desempeñando el cargo de abogado en esta misión espacial. Metido en una nave. Rumbo a Marte. Mi pretensión: fundar allí un auténtico microestado de Derecho. "¡...3-2-1-0!"

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  • Imagen de perfilEl dilema

    Guillermo Sancho Hernández 

    La última vez que le vi, hace más de diez años, ni siquiera me saludó. Ya ocupaba un alto cargo público, iba vestido como un modelo de firmas exclusivas y apenas se bajaba del coche oficial. Con su pelo moreno peinado hacia atrás, parecía recién salido de una novela de Mario Puzo. Siempre había tenido una gran percha, y un poder de seducción aún mayor.
    Pero yo le conocía.
    Resonaba en mi mente su repetitivo discurso, siendo todavía compañeros de facultad: que no desaprovechara mi talento, que eso de la vocación de jurista era un cuento chino. En cambio, la política colmaría mi pretensión de luchar por una sociedad más justa…
    Hoy me ha llamado por teléfono. Con la voz quebrada, me ha preguntado si había visto las noticias; luego, sin esperar respuesta y apelando a nuestra vieja amistad, me ha suplicado que asuma su defensa procesal.

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  • Imagen de perfilSer o no ser

    FCO JAVIER HDEZ RODERO 

    Una toga en una percha de un ajado tinte moreno y bajo la ventana, sobre la tapa pulida de un sobrio secreter, una pluma de cisne con su tintero de cristal. No muy lejos, una estilográfica sheaffer en topacio ahumado esmaltado junto a un puñado de legajos en apariencia desordenados. Nunca quiso aceptar un cargo mayor que el de servir de auxilio legal a quien pudiera necesitarlo, remunerado o no. No importó. El derecho corrió por sus venas, latiendo sin otra pretensión que por la euforia del triunfo de la ley. Ojalá estuviera ahora aquí para aconsejarle, como hizo con tantas personas cuando de niño, sin apenas pestañear y apoyado tras la puerta de ese mismo despacho, escuchaba a su padre abogando por un modelo de justicia para todos. Se levantó, cogió la toga para dejar la suya y se dispuso a hacer honor a cuanto le habían enseñado

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  • Imagen de perfilJoven moderna

    Ana María Martín González 

    Trabajaba en un importante bufete de abogados. Su horario era de madrugada, excepto el jueves que tenía turno partido. Fue ese día cuando le propusieron un nuevo cargo. Trabajaría más horas, pero con un horario flexible. Después de tiras y aflojas aceptó las pretensiones del despacho. Echaría en falta a los seguritas de la mañana, verdaderos cachas con una percha que ya quisieran para si alguno de los esmirriados aspirantes a modelos.
    Se acercaba su hora de salida. Con dos brochazos de polvos de sol quedó deslumbrante, morena. Se calzó los tacones y con aire desenfadado salió del edificio. Aun tenía tiempo antes de llegar a la facultad de Derecho. Atrás quedaban la fregona y el paño del polvo.

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  • Imagen de perfilEL CARGO DEL HEREDERO

    MARIA DE GRACIA PERALTA MARTIN 

    Te miro a través del cristal y no puedo creerlo. Fuiste mi modelo. Alcanzaste la cima en tu profesión y te he admirado siempre.
    Ahora veo como te consumes en ese banco, donde tu piel se torna cetrina y tu tez cada vez más morena, por tus largas jornadas al sol. Te observo, alejado, y sonrío, al verte vestido con tu toga. Nadie es capaz de quitártela. La cuelgas en la percha de tu habitación cuando te asean, o te vas a la cama, agotado, para dejar libertad a tu mente atormentada.
    Tu culpa, no haber estimado la pretensión de la actora. Tras su muerte, dejando a dos niños huérfanos, olvidaste tu realidad. Pero no olvidaste imputarme un cargo. Esos niños ya disfrutan de la renta vitalicia que me encomendaste.
    Nunca faltaré a nuestra cita, sabes que aunque mis juicios se dilaten, al atardecer pasearemos juntos hasta y donde quieras.

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  • Imagen de perfilPoena mortis

    Lita Rivas Folgar 

    Cuando la vi, se me cayó el alma a los pies. La mujer, que solicitaba mis servicios como abogada, era apenas una sombra de lo que había sido, hacía tan sólo quince años. Entonces era una jovencita guapísima, cuya única pretensión era ser modelo, y a la que la naturaleza había obsequiado con un increíble despliegue de atributos. Inició una carrera fulgurante, pero el tiempo inmisericorde y la juventud pujante de nuevas competidoras la fue desplazando. Sucumbió a la desesperación: barbitúricos, anfetaminas…Y entonces conoció a un tipo que aprovechó su dependencia para someterla, como se hace con un loro en una percha.
    Ahora estaba ante mí, por un cargo de tráfico de drogas. Acabé morena de flexo, intentado conseguir una sentencia beneficiosa. Mi empeño no sirvió de nada. Al poco tiempo se suicidó con una dosis letal de barbitúricos. Era mi hermana.

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  • Imagen de perfilGano yo

    Felipe Alcalá-Santaella Llorens 

    Colgué el traje en la percha, cansado. Se acabó, empiezan las vacaciones. Con una sonrisa, pensé en las semanas de relax que tenía por delante. Un buen libro, mi hamaca favorita en el chalé –entre el olivo y la palmera, bajo la sombra de los pinos, sin otra pretensión que evadirme de las notificaciones, las llamadas telefónicas y la tiranía del whastapp. Desayunos en el jardín, con tostadas de mantequilla y naranja amarga, y un café bien cargado, con dos terrones de azúcar moreno. Al atardecer, un paseo bien largo por el camino de la huerta, rodeado de naranjos. Ése era mi modelo de vacaciones. Llevaba varios años sin poder hacerlo. Al día siguiente, una llamada del despacho, medio minuto. Es urgente. Los demás no están. Otra vez. Otro año igual. Sin cargo de conciencia, dije que no. Las amenazas, las discusiones… me da igual. Esta vez gano yo.

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  • Imagen de perfilPerseguida

    Juan Pablo Goñi Capurro 

    Atravesaba el momento de desorganización propio de los divorcios. En la puerta de tribunales, noté que un joven moreno me miraba intensamente. No tengo físico de modelo, vestía el trajecito que encontré en la primera percha, nada en mí podía despertar el interés de un joven. Llevaba un cargo, sobre la hora. Me acerqué a la cola de Mesa de Entradas. El moreno se puso detrás. Asustada, dejé el escrito en manos de una colega y corrí al baño de damas. Tres veces me asomé y lo vi de pie, atento a los sanitarios. Eran las diez, ya. Enojada, salí a enfrentarlo. Lo insulté y le pedí explicaciones. El joven, avergonzado, se identificó como el testigo para la audiencia de las ocho. Tarde recordé que su testimonio avalaba una pretensión que habíamos planteado la semana anterior. Fue mi turno para el bochorno. Y aún me quedaba enfrentar al cliente.

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  • Imagen de perfilCONFIANZA

    JULIO HIERRO HERRERA · Madrid 

    Acudí a comisaría rápidamente. El delito era grave. Mi cliente era el principal sospechoso. Colgué el abrigo en la percha y comencé a dar vueltas por la sala de interrogatorios.
    Lo traía un policía alto, moreno, orgulloso de su cargo. El caso estaba claro. Una declaración rápida, el traslado a la cárcel Modelo y a casa.
    Él arrastraba los pies. Su cuerpo se movía arrítmicamente, según iba recibiendo tirones del policía. Se derrumbó en la silla descargando su cansancio de tantas horas.
    -Buenos días, soy su abogado de oficio. Puede estar tranquilo. Mi pretensión es que tenga un trato justo y se respeten todos sus derechos. Estoy a su disposición para asistirle, siempre que lo desee.
    Levantó la mirada. Sus ojos, me observaron penetrantes. Fueron segundos interminables. Su gesto duro y cansado cambió levemente. Esbozó un gesto de aprobación. Supe que confiaba en mí.

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  • Imagen de perfilModelos

    Alejandra Hernández Balboa 

    - En su pretensión de recuperar su antiguo puesto como imagen de una prestigiosa firma, la acusada, modelo venida a menos en los últimos meses, agredió a mi clienta con un secador de pelo, para seguidamente golpearla repetidas veces con una percha de madera, un bote de laca y unos tacones, que clavó con encarnizamiento en el brazo de la víctima. No contenta con ello, le arrancó varios mechones de pelo al grito de "¡tú eres morena de bote!" y finalmente la amenazó con un contundente, y cito textualmente, "si no te apartas de mi camino me cargo a toda tu familia y a ti la primera". Creo que los hechos justifican por sí mismos una condena ejemplar.
    - Hija mía, me emociona que quieras seguir mis pasos como abogada, pero deberías dejar de ver tanta tele y jugar a otras cosas con tus barbies.

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