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tomas hernandez lecuona 

Tras un duro año de trabajo, colgué la toga en la percha del despacho y con gran satisfaccion puse el cartel de cerrado por vacaciones. Con la pretensión de volver moreno y olvidarme del derecho durante un mes, decidí ir al Caribe. Una vez en el aeropuerto en las pantallas una siniestra palabra acompañaba nuestro destino: CANCELADO.
No nos dieron ninguna explicación y a los pocos minutos de enfado razonado, tomé posesión del cargo de portavoz de los afectados. En el aeropuerto redacté un modelo de reclamación que rellenaron todos los pasajeros.
Comencé esa misma tarde las negociaciones con la compañía mientras redactaba la demanda. El treinta y uno de agosto, conseguí un maravilloso acuerdo y el uno de septiembre la toga me esperaba de nuevo.

 

 

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