V Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

Ganador del Mes

Ilustración: Juan Hervás

El gozo

Eduardo Rivera Gómez-Arevalillo · Jaén 

Soy abogado y gozo al escribir. Preparo los asuntos, y disfruto, cuidando como a un bebé mis obras, en persecución del texto bello, preciso, equilibrado, que resulte muy ameno y atractivo. Lo bueno, además de la justicia o el lucro que consiga, es que tengo al menos dos lectores obligados; lo malo, que concluido el proceso, esos textos ya no sirven, y se olvidan… Sin embargo, con vocación de permanencia, robando tiempo al sueño y al descanso, rodeado de mis pleitos, he ido escribiendo una novela: “Espejo”, que envié a un concurso literario. Van a decir los ganadores por la radio. ¡Vaya!, llaman del Juzgado. Que no saben qué hacer con el escrito que presenté, titulado “Espejo”… ¡Qué desastre!... ¿qué pasó con la demanda?. Dan los ganadores por la radio: es mi nombre, ¡ganador!, por la obra titulada: “Al Juzgado de lo Social de Madrid que por turno corresponda”

 

Relatos seleccionados

  • LA PSICOSIS DEL MAGISTRADO

    MAYTE GONZ¡µLEZ-MOZOS · Toledo 

    Diariamente al salir lo ve, en el espejo de la entradita. También al mirar el cristal de la ventana en la Sala de Vistas. Qué este acoso siga el resto de su vida es lo inaguantable. Cuando concentrado deja caer el mazo, sin embargo nunca aparece. Con sus ingresos, exentos de lucro, viajó en barco para huir de él; pero lo vio flotando, saludándole con su misma sonrisa. De no ser por el temor a la guasa de sus colegas, le hubiera puesto una denuncia por persecución. Verlo en un reflejo, le hizo abandonar aquel juicio al sentirse vigilado como un bebé. Y llegó a una feria en las afueras de la ciudad. Allí estaba, multiplicada su imagen en el pilar poligonal del tío-vivo. Viejo, descaradamente mirándole aquel careto acartonado, con la toga de las puñetas que le regaló su ex para el primer juicio. La misma que él lleva.

     
  • PEPITO GRILLO

    Arantza Portabales Santomé 

    Hay un tipo en el espejo que me somete a una persecución constante. Comienza el día escupiéndome un "Buenos días, gilipollas" y me recuerda que soy un mierda. Que defiendo a violadores, asesinos de bebés y proxenetas. Toma y daca. Él me insulta y yo lo hago desaparecer, engullido por nubes de vaho. Una vez le acribillé el rostro con la maquinilla de afeitar. Realmente disfruté viendo sangrar a ese cerdo, aunque durante días tuve la cara como un mapa. Sin embargo, últimamente estoy empezando a pensar que quizá tiene razón. Hoy se ha enterado de lo de la defensa del tesorero corrupto. Me ha agarrado por la pechera y me ha dicho que se larga. Que no me soporta. Que se va de asesor jurídico a una entidad sin ánimo de lucro. Y aquí estoy. Enterrando náuseas en la taza del baño. Reuniendo el valor necesario para seguirlo.

     
  • LA CITA DE LAS SEIS

    Mariano Álvaro Martínez · GUADALAJARA 

    Ana estaba desconcertada. Una desconocida voz al otro lado del hilo telefónico le decía que su cita se había cancelado. Rosa llevaba un año asistiendo a su bufete semanalmente. Se habían conocido cuando Ana colaboraba con una asociación sin ánimo de lucro. -No sabía que Rosa tenía otra hija, nunca me lo dijo –su aseveración era más una pregunta velada-. Al principio me hablaba de su bebé robado, aunque creo que se conformó y luego no quiso encontrarlo. Yo sabía que ponía excusas para venir: una persecución, un inminente embargo,… Creí que estaba sola. -No lo buscaba porque hace un año la encontró. En ese momento Ana levantó la vista de la agenda que tenía en su mesa hasta posarla en el espejo que presidía la pared de enfrente. Descubrió un rostro conocido, envejecido por el paso del tiempo. En esa imagen reconoció a su cita de las seis.

     
  • NEGLIGENCIA M¡DICA

    GERMAN GIMENEZ IMIRIZALDU · Sabadell (Barcelona) 

    En el espejo, la mirada vidriosa del anciano abogado aún conservaba la intuición que siempre le caracterizase. Seguía convencido de que algo no cuadraba. No sabía el qué, pero debía averiguarlo. Localizó su vieja lupa entre las fotografías de cuando era bebé, que llenaban el cajón de la cómoda. Con ochenta años, había dejado atrás dos tumores, un infarto, una rótula y varias intervenciones de cadera: el legado fisiológico de años recorriendo las calles en ardua tarea de reclamar honorarios, persecución a morosos, diligencias de embargo y algún susto con subasteros capaces de lo peor con tal de adjudicarse el remate de una finca por cuatro pesetas. Pero conservaba intacto su olfato innato para destapar el lucro escondido dentro de cualquier asunto. Y lo encontró en el parte médico de su última visita al oftalmólogo: error de diagnóstico, con resultado de pérdida de visión. Su jubilación estaba ahora asegurada.

     
  • PERFECTO PREFECTO

    MARIA LUISA VENTURA SANCHEZ · TALAVERA DE LA REINA (TOLEDO) 

    Al magistrado del juzgado número siete le apodábamos “su listeza”. En la sala de procuradores especulábamos con que cuando se miraba al espejo, se veía a sí mismo como un dios ostentando el báculo de la justicia. Investigaba escrupulosamente los expedientes de embargos y hacía una minuciosa persecución de la autenticidad de las pruebas. Su padre, también juez, y reputado noble, le había inculcado desde bebé todo cuanto alcanzaba a saber sobre la honestidad que debía presidir su cargo, y esperaba de él que llevara su apellido a lo más alto. Sin embargo, ese ambicioso proyecto le había jugado una mala pasada cuando le bautizaron, aquél nombre tan grande: Máximo, se veía vejado con sus honorables apellidos: Lucro y Perpetuo.

     
  • EL SOBRESALTO

    Mª ISABEL DOMINGUEZ AGUDO · MADRID 

    Luis, perspicaz abogado salmantino, ojea el reloj, pasan unos minutos de la hora señalada para la vista oral y, como si fuese objeto de una persecución policial, camina con paso firme al ascensor, una vez dentro, se mira de refilón en el espejo mientras pulsa el botón que le llevara al segundo piso, donde tendrá que paralizar un embargo. El recorrido es breve, pero con tiempo suficiente para atusarse el pelo y estirarse la camisa. A la salida, al final del pasillo, frente a la puerta del Juzgado, le espera su clienta, una joven desaliñada que sostiene un bebe entre sus brazos, ajeno a todo cuanto va a ocurrir. Luis inhala aire profundamente, mientras repasa los conceptos de "reintegro de importe" y "carencia de lucro", empuja el pomo, abre la puerta y observa perplejo un cartel estratégicamente instalado donde se lee "embargos suspendidos por horario de verano".

     
  • El arte de morir

    Manuel Montesinos Moreno · San Agustín de Guadalix (Madrid) 

    Suena como un taconazo hueco, percutido, luego un silbido cortante y fugaz. Después, el certero impacto, áspero, perforándome. El espejo del despacho del Sr. Abogado transmite mi señal muda de dolor y refleja el daño de una herida que aún respira. Al fondo, una toga arrugada y sobre la mesa, vestigios de un lucro esfumado y el expediente de embargo. Un silencio tirante da paso al esperado gemido, una lastimera sacudida que ya presagia la gravedad de la situación. Para evitar la hemorragia coloco las manos, una sobre otra, en el vientre pero, incapaz de frenar los envites de la sangre, me doblo y ruedo por el suelo. Fin de la persecución, mamá, sopla sobre su dedo índice disipando el humeante olor a pólvora del imaginario revólver y con la otra sujeta al bebé que ahora me guiña un ojo. El abogado entra y yo dejo de hacerme el muerto.

     
  • Tras las mafias

    Manuel Sánchez de Diego Fernández RiVa · Madrid 

    Fue una intensa persecución a lo largo de varios continentes. Una red internacional que proporcionaba niños a matrimonios que querían tener hijos y no podían. No, no eran altruistas, su interés era el lucro por el lucro. Llegaron a vender bebés al peso. A organizar en los orfanatos pases de niños que eran examinados por los compradores detrás de un espejo ahumado. Por eso, cuando en una operación sincronizada, policías y jueces de varios países irrumpieron en despachos, gestorías, orfanatos y hospitales, me embargó una sensación de triunfo. Ahora con el bufete vacío, contemplo mis pies apoyados en el cajón de un archivador y pienso que todo el esfuerzo ha merecido la pena. Ya sé que soy adoptado y que nunca conoceré a mis padres, pero voy cumpliendo mis objetivos: luchar contra las mafias que trafican con bebés.

     
  • Mi salvación

    Carmen García -Gancedo García · Avilés ASTURIAS 

    '-Dígame señor letrado, ¿Puede probar usted que su cliente actuó sin ánimo de lucro? Ya sabe que, de lo contrario, la acusación podrá pedir la persecución y embargo de los productos, etiquetas u otros documentos en los que se haya materializado la

     
  • La estrella de sheriff

    federico perez de las heras · Segovia 

    Mi madre siempre cuenta que ya desde bebé se me notaba la vocación por la justicia. Luego pasé toda mi niñez disfrazado de sheriff, en constante persecución de los forajidos más malvados. Ahora, cuando me miro al espejo y veo al joven abogado que soy, pienso que no he cambiado tanto. He modernizado mis técnicas, por supuesto. He sustituido las esposas con las que inmovilizaba a mis enemigos de la infancia por los embargos, que bien pensado, cumplen la misma función. Tampoco me ajusto a mis caderas las pistolas de plástico nacaradas, pero me enfrento con igual valor a los modernos pistoleros, que, a mis ojos, tienen tantas cicatrices y parecido afán de lucro que los que habitaban en mi imaginación infantil. Por eso cuando me pongo la toga, y entro a batirme en duelo en las vistas, llevo siempre conmigo aquella estrella de sheriff.

     
  • Persecución

    ALEJANDRA RUSELL GIR¡µLDEZ · Madrid 

    Cuando decidí trabajar sin ánimo de lucro sabía a qué me atenía. Había tomado tal decisión por querer darle a mi vida un giro radical tras haber sido testigo mudo del embargo de la casa de mi hijo. El caso que me ocupaba era por desgracia bastante habitual. Una madre joven quería denunciar a su marido por sufrir malos tratos, tanto ella como su bebé, al que llevaba en brazos cubierto por una roída toquilla. De repente mi despacho, donde predominaba madera noble, se tornó una habitación aséptica, blanca a excepción del plateado de las ventanas enrejadas. El único espejo que había en la estancia me devolvió una imagen desoladora, el bebé era un muñeco inerte. A través de la puerta entornada dos compañeros de bata blanca observan la escena con rictus de preocupación. El tratamiento dista mucho de ser el adecuado.

     
  • Aranjuez (Madrid)

    Sagrario Loinaz Huarte · LA NOTA 

    Mientras su marido pintaba la puerta del jardín, ella se miraba en el espejo como si fuera un bebe o un orador ensayando cada gesto y movimiento. Había conseguido la persecución de su meta: ser abogada. Sin embargo no se conformaba con ello; quería ser la mejor y tenía que demostrarlo en público. Estaba muy bien documentada sobre normativas, artículos y leyes sobre`` Lucro cesante´´. El caso estaba ganado. Por la mañana, al cerrar la puerta del jardín, una araña juguetona corría a sus anchas por su cara. Tras varios intentos fallidos la apartó de su rostro y se dirigió al juzgado andando. Al entrar en la sala, sintió una lluvia de miradas y, como un trueno, las carcajadas rompieron el silencio del recinto. Un compañero le dijo: ¿Te has visto la cara? Sacó un pequeño espejo del maletín. ¡Tenía la cara llena de pintura verde!

     
  • EXODO

    Angel Tormes Alberdi · Donostia-San Sebastián 

    El bebé se formaba en el vientre de Justicia; la demanda nacía, crecía siguiendo el procedimiento adecuado, alcanzaba la mayoría de edad con la sentencia, y seguía sus estudios mediante los recursos para mejorar el fallo, o accedía al mercado laboral con la ejecución, embargo arriba, embargo abajo, toda su vida hasta fallecer archivada. El reflejo del archivo medio vacío en el espejo del despacho del abogado mostraba el fruto de la persecución a los inocentes emprendida por un descendiente de Herodes, instaurando una tasa por nacimiento, con encubierto ánimo de lucro, que había provocado el éxodo de Justicia con su prole.

     
  • ¿ESTRADO O PASARELA?

    Belén Sáenz Montero · MADRID 

    Suelo decir que soy abogada por persecución, no por vocación. Desde que era un bebé, mis padres él civilista, ella penalista insistieron en convertirme en el espejo de sus aspiraciones. Además de elegir para mí el feo nombre de Justa, en los cuentos que se inventaba mi padre siempre aparecía una tal princesa Demanda, y mi madre se empeñó en que nuestra gata se llamara Querella. Un día me pillaron jugando a ser modelo, sosteniendo un aburrido código sobre la cabeza y avanzando airosa envuelta en sus fúnebres togas. Cuando se repusieron del disgusto, me castigaron con el embargo de la paga de los domingos. Pataleé durante varios días y juré que solo sería para mí una afición sin ánimo de lucro, pero tuve que claudicar y licenciarme en Derecho. Aún no he decidido a cuál de las vías voy a recurrir, pero me tomaré la revancha.

     
  • La repartidora de currículum

    ESTEBAN TORRES SAGRA · ÚBEDA 

    Estudios: Licenciada en Derecho por la Universidad de Gürtel (Alemania). Minimáster uno: Cómo impedir un embargo con una sonrisa en tres horas. Minimáster dos: La persecución de delitos fiscales en Islas Caimán. Dos módulos de seis minutos. Doctorado: ERE cum laude por la Universidad Internacional de Andalucía. Trabajo primero: Azafata en unas elecciones, doce días. Perdimos, claro. Trabajo segundo: Cajera. Campaña de Navidad año 4 D.C. (Después de la Crisis). Trabajo tercero: Limpiadora de cristaleras y espejos. (Sustitución durante un verano a razón de tres horas semanales.) Experiencia: Besar bebés. Sonreír. Dar gracias. Hacer desaparecer cagadas de mosca en el vidrio. Igualdad: Minifalda innegociable. Sueldo: A ser posible Salario Mínimo Interprofesional. (No me mueve el lucro.) Aficiones: La ópera en casete y el cine en casita. Leer biografías de perdedores. Hacer currículum y repartirlos por empresas por si alguien como usted -que necesita una abogada- tiene sentido del humor.

     
  • Deshonra

    Haizea González Barreira · Vitoria - Gasteiz 

    ¡ramos, desde siempre, una familia de ladrones. Era un honor. Para mí, participar en robos y algunos asuntos más movidos era algo natural, mamado desde bebé. Ir contra la ley y sentir que la ley iba en contra mia estaba interiorizado, no me provocaba estrés, no lo vivía como una persecución. Era nuestro estilo de vida, y el lucro obtenido lo justificaba todo. Tras morir mi padre "el negocio" decayó, pero nunca creí que hasta tal punto. Si él hubiera vivido para ver el embargo de todos sus tesoros... Si él supiera lo que ahora me planteo, delante del espejo, resumiendo el pasado y mirando, solo y valiente, al futuro... Iba a hacer lo que más podría deshonrarle. Lo veía claro, remontar, darle un giro a la vida. Tener razón, ganar "a su manera". Mi padre se removería en su tumba si se enterara de mis propósitos de hacerme abogado.

     
  • EMULANDO A PROTÁGORAS

    Salvador Soler Campos · ELCHE 

    El día que terminé la carrera, mi novia sugirió que nos casáramos y tuviéramos un bebé. Cierto que nuestra relación iba para diez años, pero ahora que había ingresado yo en un bufete, y disponía de algún dinerillo, deseaba alargar mi soltería. Ensayé frente al espejo: “¡cariño, más adelante!”, no sirvió. Incluso la tenté: “con el tiempo tendremos más recursos”, pero no la movía el lucro y no cejó en su particular persecución: el casamiento. Al fin la convencí diciéndole: “Mi vida, te lo prometo: en cuanto gane el primer juicio nos casamos”. Aceptó. Cuando regresé al bufete supliqué encargarme de las causas perdidas, y al cabo de dos años aún no había obtenido sentencia favorable. Sin embargo mi novia, oliéndose el percal, acabó poniéndome un pleito para que cumpliera mi promesa. “Si gano -me dijo-, tendrás que casarte; si pierdo, habrás ganado tu primer juicio”. ¿Me pilló?

     

     
  • En un rincón del espejo

    Joaquín Rodríguez Hurtado · Mutxamel 

    En el Olimpo, Zeus mira con tedio el espejo del mundo donde se reflejan las vidas de los hombres desde que son bebés hasta que las parcas cortan sus hilos. Una historia siempre repetida: búsqueda de honores, persecución de lucro, anhelo de felicidad, .... Mil y un actores para una misma e insensata representación. Desde su trono piensa en el día que los creó y en aquel instante en que comprendió la futilidad de su creación. Sin embargo una ligera sonrisa ilumina su rostro, al contemplar, en un rincón del espejo, esa rara estirpe que trabaja, lucha y vive dignamente defendiendo al indigno, asesorando al avaro y ayudando en cuanto puede al que es infeliz bien por su matrimonio bien por su trabajo. “Ahí está el abogado” piensa Zeus sonriendo al recordar que con este al menos se divierte.

     
  • DECONSTRUCCIí N DE CUENTO DE HADAS 2.0

    Daniel Aznar Alonso · MADRID 

    ¡rase una vez siete hombres, que tenían la estatura casi de un bebé y que recurrieron a un abogado penalista porque una muchacha les había demandado por secuestro. Pedía, además, una cuantiosa indemnización por daños morales. Los hombrecillos, en cambio, contaron al abogado una historia bien diferente: que una malvada reina preguntó un día a su espejo quién era la más bella, y al responder que era la demandante, inició una persecución que la llevó a refugiarse en la casa del bosque de los demandados, que cuidaron de ella. Finalmente el juez no se creyó esa historia absurda que su abogado tuvo que defender en el juicio, no sin pasar una verg¡enza atroz. Fueron condenados a cinco años de prisión y, para el pago de la indemnización, se procedió al embargo de una mina de diamantes que poseían y que les otorgaba enorme lucro. Y fueron desgraciados y comieron acelgas.

     
  • A TRAVÉS DEL RECUERDO

    Guillermo Sancho Hernández · Piles (Valencia) 

    Siempre fue un abogado ejemplar. El que anteponía la satisfacción del cliente a la mera persecución del lucro. El que prefería acordar un plan de pago con un deudor apurado a trabar sin más un contraproducente embargo. El que por su profesionalidad y honradez se convirtió en el asesor jurídico más prestigioso y respetado de la ciudad. El espejo en el que los abogados más jóvenes nos mirábamos. Hoy, como casi todos los días, paso la tarde con él. Como siempre, menos tiempo del que me gustaría. Cuando le observo, recuerdo con frecuencia aquella vieja foto que todavía preside su despacho. En la imagen, tremendamente joven y radiante de felicidad, está abrazado a su bebé recién nacido. Atardece. Ahora soy yo el que se abraza a él, para despedirme. Y cuando me mira, en silencio, esbozando una sonrisa de bondad infinita, quiero pensar que todavía recuerda que soy aquel hijo.

     

     
  • Alicia

    Victoriano Ángel Río Herrero · ZAMORA 

    Se presentó en mi Despacho con su bebé en brazos. Era la pura imagen de la desesperanza. Unas enormes gafas de sol eclipsaban sus preciosos ojos azules amoratados. Me sonrió de la forma más triste que jamás he visto, y me contó su historia: una infancia feliz, una adolescencia feliz y un matrimonio casi feliz el primer año; a partir de entonces... el infierno. Los celos corrompieron el corazón de quien le había prometido hacerla feliz y desembridaron su lado oscuro. Insultos, golpes, persecuciones, amenazas... Viendo aquéllos dos seres indefensos, me embargó un sentimiento de pura conmiseración. Alicia, se llamaba Alicia, acudía a mí, no con afán de venganza, y, mucho menos de lucro, sino para que la ayudase a cruzar al otro lado del espejo, donde pudiese sentirse feliz y segura con su pequeño. Soy abogado, seré su cicerone.

     
  • Lágrimas de cocodrilo

    Marcos Dios Almeida · Vilaboa (Pontevedra) 

    El exministro frenó su deportivo ante el semáforo zambulléndose en los recuerdos de sus vacaciones en las Caimán... Al abrirlos, vio reflejado en el espejo retrovisor al negro coche que lo seguía. El Supremo alentaba su persecución en la ultramarina Florida porque el embargo de sus bienes no satisfacía a Hacienda. Su abogada había tirado la toalla, y del lucro reportado por la fraudulenta concesión de contratas solo restaban dos cuentas en paraísos fiscales. De poco había valido que pagara la fianza y luego huyera al extranjero para cambiarse la cara. Se fijó en el carrito que empujaba una portorriqueña y envidió al inocente bebé, pero no existía guarida en la Tierra para semejante aligátor. Por eso apretó el acelerador cuando se puso en verde y condujo hacia el crepúsculo. Ya vislumbraba las barras sin estrellas... Ya sentía en el tuétano la ausencia de libertad...

     
  • La obsesión

    Kalton Bruhl · Honduras 

    Los insistentes golpes en la puerta, amplificados por la bruma de la resaca, parecían a punto de hacerme estallar la cabeza. Abrí la puerta. Era un compañero en el que había sido mi bufete. -Ya llevas dos semanas encerrado –me recriminó. -Debo intentarlo otra vez –le dije-, y si no pasa nada te juro que será la última. Sonrió preocupado. Muchas veces había hecho ese mismo juramento. -Esa maldita obsesión te ha hecho perderlo todo- dijo. Yo quedé en silencio. Mira en lo que has quedado- continuó, y no supe si me señalaba a mí o al desorden en mi habitación. Al marcharse quedé pensando. Quizás, al principio, podría haberme detenido, pero ya era demasiado tarde. Regresé al escritorio. Desde el ordenador las palabras obligatorias del concurso de microrrelatos de abogados: “lucro, embargo, persecución, espejo, bebé”, brillaban triunfantes, como una burla. Como una condena.

     
  • Compañeros

    Inmaculada del Villar Marzo 

    Como abogado, tenía fama de no tener escrúpulos, él pregonaba que jamás tuvo ánimo de lucro. Su vocación, decía, era desmesurada. A mí me explicó una vez que su madre le contaba que ya desde que era un bebé tenía cara de hombre de leyes. El caso es que ese día, cuando apareció en mi puerta, además de horror, sentí indignación por su insolidaridad. Hacía un mes que se estaba ejecutando la hipoteca de mi despacho y decretado el embargo de mis cuentas. Todo eran deudas. Se quitó las gafas de espejo, levantó su chistera, dejó su maletín en el suelo y se acarició la pajarita. —Vas a ser objeto de mi persecución hasta que pagues. Compañero...no pongas esa cara, primero,la Ley, luego, la elegancia—. Sonrió, dándome una palmadita en la espalda. —Mírame.