¿ESTRADO O PASARELA?

Belén Sáenz Montero · MADRID 

Suelo decir que soy abogada por persecución, no por vocación. Desde que era un bebé, mis padres él civilista, ella penalista insistieron en convertirme en el espejo de sus aspiraciones. Además de elegir para mí el feo nombre de Justa, en los cuentos que se inventaba mi padre siempre aparecía una tal princesa Demanda, y mi madre se empeñó en que nuestra gata se llamara Querella. Un día me pillaron jugando a ser modelo, sosteniendo un aburrido código sobre la cabeza y avanzando airosa envuelta en sus fúnebres togas. Cuando se repusieron del disgusto, me castigaron con el embargo de la paga de los domingos. Pataleé durante varios días y juré que solo sería para mí una afición sin ánimo de lucro, pero tuve que claudicar y licenciarme en Derecho. Aún no he decidido a cuál de las vías voy a recurrir, pero me tomaré la revancha.

 

 

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