LA PSICOSIS DEL MAGISTRADO

MAYTE GONZ¡µLEZ-MOZOS · Toledo 

Diariamente al salir lo ve, en el espejo de la entradita. También al mirar el cristal de la ventana en la Sala de Vistas. Qué este acoso siga el resto de su vida es lo inaguantable. Cuando concentrado deja caer el mazo, sin embargo nunca aparece. Con sus ingresos, exentos de lucro, viajó en barco para huir de él; pero lo vio flotando, saludándole con su misma sonrisa. De no ser por el temor a la guasa de sus colegas, le hubiera puesto una denuncia por persecución. Verlo en un reflejo, le hizo abandonar aquel juicio al sentirse vigilado como un bebé. Y llegó a una feria en las afueras de la ciudad. Allí estaba, multiplicada su imagen en el pilar poligonal del tío-vivo. Viejo, descaradamente mirándole aquel careto acartonado, con la toga de las puñetas que le regaló su ex para el primer juicio. La misma que él lleva.

 

 

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