Lágrimas de cocodrilo

Marcos Dios Almeida · Vilaboa (Pontevedra) 

El exministro frenó su deportivo ante el semáforo zambulléndose en los recuerdos de sus vacaciones en las Caimán… Al abrirlos, vio reflejado en el espejo retrovisor al negro coche que lo seguía. El Supremo alentaba su persecución en la ultramarina Florida porque el embargo de sus bienes no satisfacía a Hacienda. Su abogada había tirado la toalla, y del lucro reportado por la fraudulenta concesión de contratas solo restaban dos cuentas en paraísos fiscales. De poco había valido que pagara la fianza y luego huyera al extranjero para cambiarse la cara. Se fijó en el carrito que empujaba una portorriqueña y envidió al inocente bebé, pero no existía guarida en la Tierra para semejante aligátor. Por eso apretó el acelerador cuando se puso en verde y condujo hacia el crepúsculo. Ya vislumbraba las barras sin estrellas… Ya sentía en el tuétano la ausencia de libertad…

 

 

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