Persecución

ALEJANDRA RUSELL GIR¡µLDEZ · Madrid 

Cuando decidí trabajar sin ánimo de lucro sabía a qué me atenía. Había tomado tal decisión por querer darle a mi vida un giro radical tras haber sido testigo mudo del embargo de la casa de mi hijo. El caso que me ocupaba era por desgracia bastante habitual. Una madre joven quería denunciar a su marido por sufrir malos tratos, tanto ella como su bebé, al que llevaba en brazos cubierto por una roída toquilla. De repente mi despacho, donde predominaba madera noble, se tornó una habitación aséptica, blanca a excepción del plateado de las ventanas enrejadas. El único espejo que había en la estancia me devolvió una imagen desoladora, el bebé era un muñeco inerte. A través de la puerta entornada dos compañeros de bata blanca observan la escena con rictus de preocupación. El tratamiento dista mucho de ser el adecuado.

 

 

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