El arte de morir

Manuel Montesinos Moreno · San Agustín de Guadalix (Madrid) 

Suena como un taconazo hueco, percutido, luego un silbido cortante y fugaz. Después, el certero impacto, áspero, perforándome. El espejo del despacho del Sr. Abogado transmite mi señal muda de dolor y refleja el daño de una herida que aún respira. Al fondo, una toga arrugada y sobre la mesa, vestigios de un lucro esfumado y el expediente de embargo. Un silencio tirante da paso al esperado gemido, una lastimera sacudida que ya presagia la gravedad de la situación. Para evitar la hemorragia coloco las manos, una sobre otra, en el vientre pero, incapaz de frenar los envites de la sangre, me doblo y ruedo por el suelo. Fin de la persecución, mamá, sopla sobre su dedo índice disipando el humeante olor a pólvora del imaginario revólver y con la otra sujeta al bebé que ahora me guiña un ojo. El abogado entra y yo dejo de hacerme el muerto.

 

 

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