VI Concurso de Microrrelatos sobre abogados

Ganador del Mes

Ilustración: Juan Hervás

La diosa

Patricia Bueno Perarnau · Barcelona 

Mi padre era un anticuario respetado y respetable. Menos cuando olfateaba el rastro de una antigüedad egipcia, su talón de Aquiles. Entonces perdía totalmente la cabeza y era capaz de todo para conseguirla. Como no tenía dinero, ya que jamás vendía sus piezas predilectas, la opción de licitar en subastas quedaba descartada. Su método favorito para ampliar su colección era el chantaje. Si no funcionaba, era capaz de matar. Esto lo supe después de su entierro, cuando encontré entre sus papeles un antiguo recorte de periódico con la noticia del asesinato del abogado Jules Champollion. La prensa dijo que había sido un cliente que había enloquecido al ver la minuta del abogado, pero la noticia se ilustraba con una foto del fallecido mostrando orgulloso la famosa estatuilla de la diosa Isis heredada de su bisabuelo. La misma diosa que me servía como pisapapeles desde hacía años…

 

Relatos seleccionados

  • LA LICITACION

    KALTON BRUHL · HONDURAS 

    De pronto, el arqueólogo, sintió que la cabeza se le llenaba de espuma. Había entrado a aquella tienda de antig¡edades en Bagdad sin mucha convicción y, ahora, tenía frente a él una tabilla de arcilla que parecía mencionar al rey Nimrod. Pagó por ella y corrió hacia el hotel, como si tuviera a las mismísimas hordas del infierno pisándole los talones. Examinó la tablilla y confirmó sus sospechas. Tras muchos esfuerzos descifró las siguientes palabras. Era la minuta de un abogado cobrando sus honorarios por haber detenido la construcción de una obra pública. Continuó leyendo y estuvo a punto de sufrir un infarto. No hubo tal confusión de lenguas, murmuró asombrado, sino que todo se paralizó porque un abogado había demostrado que la edificación de la torre de Babel se había iniciado sin licitar.

     
  • Desde la antigüedad

    Alejandra Rusell Giráldez · TUI, PONTEVEDRA 

    Con la cabeza en otro sitio, atiendo la llamada de mi fiel secretaria. Me confirma que el talón no tiene fondos, más de lo mismo, pienso, mientras firmo distraído una minuta, muy por encima de las posibilidades de mi cliente. Cojo la gabardina y el paraguas del perchero y con paso firme, decido poner en marcha lo que me viene rondando desde hace meses. No debo echar la vista atrás,aunque siento cierta desazón, lo admito, pero hay que ser honesto con uno mismo. Sin más preámbulos me dispongo a licitar la explotación de un pequeño kiosco en el Retiro, pero antes recojo en la imprenta el cartel de "se traspasa negocio".

     
  • ESTADO DE CUENTAS

    M. PILAR RUBIO PEREZ · ZARAGOZA 

    ¿Cómo tenemos la cuenta de Martínez? –preguntó el abogado a Blanca, su secretaria-. Estos del banco me traen de cabeza con el descubierto. No tengo tiempo para acabar el plazo de mañana. - Le mandé la última minuta hace más de tres meses. Se la he reclamado todas las semanas y nada. -¿Cómo podemos tener impagos con tanta antigüedad? Así no llegamos muy lejos. Insístele de nuevo. - He hablado con él y dice que ha estado muy liado con los trimestrales y el 390 pero que le queda un sólo talón sin fondos, que lo va a sacar a subasta y me pregunta si vamos a licitar, y aunque no va a hacer publicidad me adelanta que hay mucha concurrencia. - Licitaremos Blanca, licitaremos. Prepare la documentación para esa subasta, -decía el abogado entrando a su despacho, cabizbajo y lamentándose de no haber estudiado Economía y Finanzas.

     
  • IMPAGABLE

    Eva María Cardona Guasch · Ibiza (Islas Baleares) 

    Soy un excelente abogado, capaz de cuidar de los intereses, negocios y finanzas del más exigente de los clientes. Mis minutas suelen ser importantes, sí; pero no se engañe: el dinero no es mi talón de Aquiles. En todo caso, peco de una vanidad que inunda mi alma, mi cabeza y mi lenguaje. Sé que la jactancia está mal vista desde la antig¡edad pero no pecaré de modestia fingida. Soy bueno, se lo repito, y mi reputación es aún mejor. He ganado el privilegio de elegir para quien trabajo. Por eso no acepto su encargo de dar cobertura jurídica o apariencia legal a lo que considero una estafa. No lo haré, aunque doble mis honorarios habituales. No, tampoco por el triple, no se esfuerce en aumentar la oferta. Mi honorabilidad no es cosa de licitar. Mi tiempo tiene un precio; mi conciencia, no.

     
  • LA CARTA

    ANGEL TOMÁS HERRERA PELÁEZ · ALGECIRAS ( CÁDIZ ) 

    Firmó el expediente con aquella pluma llena de antigüedad y secretos inconfesables, y de un sorbo tomo el café, que irreverente, reposaba sobre un talón con muchos ceros, al borde de una cordillera de documentos tintados de propósitos. Bajó las escaleras del despacho, y antes de encaminarse al CIE, rescató del buzón una arrinconada carta. En aquel hacinado lugar, regía la rutina de los papeles trenzados de vidas rotas, que olían a lágrimas secas. No quiso mirarle a los ojos, a duras penas atisbó su tez oscura, estrechando su mano con la suya, áspera y surcada de heridas. Sólo la minuta del próximo juicio que iba a licitar su corazón al mejor postor, le liberó de remordimientos. Alejándose, recordó el sobre dormido en su bolsillo, escondía un “gracias por ayudarme”, que le hizo girar la cabeza. Buscó entonces aquella mirada furtiva, rechazada… ya no había nadie.

     
  • CREER

    Ivan Garcia Corrales · Málaga 

    Juan cerró el arrugado periódico que estaba leyendo y pasó una mano por su pelo cano. Supongo que aquella lectura sobre minutas ilegales, talones sin fondos, como licitar en subasta… acabó de minar su ya de por si desgastada paciencia. Juan ofrecía un aspecto imponente; bajo su poblada barba dormía la antigüedad de una juventud ya mermada. No era un hombre excesivamente viejo, pero era evidente que durante su estancia en prisión el tiempo lo había ido consumiendo, lentamente, a su antojo. Ese día, cuando asomó la cabeza por la cristalina ventana del bar, aquel traje negro con camisa blanca y corbata rojo fuego consiguió arrancarle una profunda sonrisa. Lo reconoció al instante: tras él se erguía, imperial, la figura del joven abogado de ojos claros que había conseguido su liberación. Todavía recuerda aquella conversación: “Juan yo creo en ti, y para quien cree no es necesaria ninguna explicación”.

     
  • La magistrada deportista

    Mayte González-Mozos · Toledo 

    La última persona que se hizo tres propósitos fue mi abuela. El 7 de enero se dispuso a cumplirlos y tras el esfuerzo de sus agrietados talones superó el kilómetro y medio, saliéndose del recorrido del colesterol. La Unidad de Vigilancia del Ministerio de los Límites Personales la detuvo, haciéndola volver sobre sus pasos. En consecuencia tuvo que pagar una considerable minuta para quedar absuelta. La pobre yaya, pese a su antig¡edad la cabeza le rige, y sigue viniendo al bufete cada día. Desordena legajos, estira la toga de mi padre, se interesa por algún proceso, pero vive en su mundo; sorda como una tapia. Todos los demás sabíamos que el recién estrenado Ministerio de Trabajo y Rendimiento, ya había promulgado licitar dos únicos propósitos a partir del Año Nuevo: Trabajar y dormir.

     
  • VENTAJAS DE ACOSTARSE PRONTO

    Sol García de Herreros · SEGOVIA 

    No me pregunten cómo, pero he descubierto algo prodigioso: el mundo se transforma en cuanto yo me duermo. En ese preciso momento, el país en el que vivo empieza a funcionar como una maquinaria justa y perfecta, desaparece mi trabajo en la asesoría -esa tediosa redacción de ofertas para licitar, el seguimiento de expedientes, la realización de talones,?- y me convierto en un prestigioso criminalista de minutas escalofriantes y despacho propio en un palacete con siglos de antig¡edad. Mi mujer, por su parte, vuelve a los veinte años y me susurra canciones en francés con la cabeza sobre mi pecho, y ese adolescente eterno que es mi hijo abandona inmediatamente las redes sociales y su natural apatía para acabar de escribir una saga de niños magos que le hará millonario. Cuando me despierto todos disimulan, pero ya no me engañan. Cada día me voy a dormir antes.

     
  • Peccata minuta

    Jesús Jiménez · ZARAGOZA 

    Me llaman abogado del diablo porque los casos “moralmente indefendibles” son mi preferencia, mi especialidad. Tengo más antigüedad en el bufete que el polvo del mundo. Implacablemente racional, no permito que el corazón se me suba a la cabeza como un mal champán. Un amigo, médico forense, dice que es más fácil practicarle la autopsia a un abogado que a un contable. “A los contables los abres y, hasta la última ternilla, todo lo traen ordenado, numerado, indexado; pero los abogados, algunos abogados… ¡simplemente no tienen entrañas!” Tanto me llamaron abogado del diablo que anoche el Diablo en persona me llamó a mí: “¿Cuándo vas a licitar la gestión de ese alma que no usas ni administras? Deseo adjudicarme un contrato de su servicio”. Mi cabeza confirma que nuevamente impediré que el corazón sea mi talón de Aquiles. "Peccata minuta": yo, que gané todos los juicios, perderé el Juicio Final.

     
  • ABOGAUTO

    MIGUEL ÁNGEL GARCíA RODRíGUEZ · Valladolid 

    Mi abogado funciona a pilas. Lo compré en una subasta en la que me animé a licitar por él. En origen creo que era un maniquí de escaparate, pero el dueño lo había vestido con un traje y colocado un maletín. A pesar de ser una antigüedad, había introducido en su cabeza un dispositivo mediante el cual reproduce todas las frases necesarias en un juicio. Desgraciadamente, su talón de Aquiles es la voz de ultratumba cuando se va quedando sin pilas, pero lo que me ahorro en la minuta compensa con creces el presupuesto en baterías. Hace tiempo tenía uno de verdad, de esos que comen, duermen y van al baño. De los que quieren comprarse una casa y un coche. Sí, de los que cuestan dinero. Pero como nunca me ganó ningún juicio, decidí pasarme a este otro. ¡Bastante tengo ya con pagar las tasas!

     
  • Con la luz apagada

    VICTORIA Perdomo Gómez · Las Palmas de Gran Canaria 

    Con la cabeza tintineante, la Sra. Roger rubricaba impertérrita el talón de cargo en concepto de minuta por mis servicios prestados aquellos años. Ella se mostraba tan fría y displicente como la ranciedad que desprendía la antig¡edad de sus arrugas. Encorsetada en su traje de firma expelía olor a dinero allí por dónde pasaba. Su mirada se mantenía pétrea. Nunca pude conseguir mantenerle un pulso a sus ojos más tiempo del que tarda un animal en erizar su lomo cuando acecha el enemigo. Había conseguido licitar aquellas obras de arte tan valiosas para ella y sus vástagos de sangre en el que iba a ser su último mes de vida. Mis ojos se humedecieron. Apreté la mandíbula convencido de que fue otro talón como ese el que uniría nuestros destinos cuarenta años atrás en aquel orfanato, cuando por primera y última vez la llamé mamá.

     
  • Un gran descubrimiento

    Juan Carlos Colás Ruiz de Azagra · ZARAGOZA 

    Año 2.120. Los ojos del paleontólogo brillaban al compás del tenue temblor de las candelas. Había costado mucho licitar aquel trabajo, pero la recompensa,¡ah! la recompensa. Obervaba aquel cuerpo con deleite. Convencido y seguro. El desgaste del lateral izquierdo del frontal de la cabeza, junto a la erosión de los metacarpianos de la mano de ese mismo lado, acreditaba indubitadamente la persistencia en el tiempo de abudantes pensamientos y dudas. La curva del talón con el astrágalo evidenciaba el uso abusivo e incómodo de un calzado tortuoso. La antig¡edad del papiro y aquellos restos de texto casi ilegibles, certificaban que se trataba de una minuta y sin atisbo de equivocación, de la primera mujer letrada de la historia.

     
  • Tres años y un día

    Juan Pedro Ortega Sánchez · MADRID 

    ¡Vino a pagar! ¡Rafael Rivera Martín vino a pagar! El otro día apareció de repente y pidió verme. La secretaria le dijo que yo estaba ocupado, que no podría atenderle, pero él irrumpió en mi despacho y me arrojó un talón. –Vengo a saldar deudas –me dijo. ¡Increíble! Hacía tres, cuatro años que le había pasado la minuta y desde entonces no había sabido nada de él. Casi lo había sacado de mi cabeza. Al mirarle, me di cuenta de que había envejecido. Era menos alto de lo que recordaba. –¿Cómo está, don Rafael? Le había llevado varios asuntos, escrituras, una herencia, creo, aquel problema para licitar el edificio de la calle Sorolla. Sus facturas habían acumulado antigüedad en la carpeta de impagados. –¿Está todo ahí? –Le diré a Sonia que lo revise. Venga, siéntese. ¿Qué ha hecho durante todos estos años? Parecía cansado. –¿De verdad no lo sabes?

     
  • VOLVER AL SER

    DIEGO MUÑOZ GÓMEZ · Córdoba 

    Esta mañana leí en el periódico mientras desayunaba... ANUNCIO de licitación: Anuncio de formalización de contrato para prestar servicio de abogado a personas sin esperanza, rotas por la vida o la sociedad. CONDICIONES: Abogado en ejercicio con cabeza bien amueblada, idealista, soñador, iluso. Con al menos mil horas de antig¡edad en desvelos, angustias, plazos, expectativas, triunfos y fracasos. La minuta correspondiente será abonada con cargo al agradecimiento y satisfacción personal del licitante. Abstenerse de licitar aquellos cuyo talón de Aquiles sea el lucro personal sobre la función social de la abogacía. Bajé el diario y con la mirada perdida rememoré años de facultad, utopías, quimeras y recordé por qué quise ser ABOGADO.

     
  • Caminos opuestos

    JOSE ANTONIO FLORES VERA · Granada 

    Cuando ambos acabamos la carrera, me dijo: "vente conmigo". "¡¨Adónde?" le pregunté. "Al despacho de mi padre". Rehusé. Le dije que iba a opositar para Inspector de Policía. ¡l se rió despectivo. Era mi mejor amigo. Con el paso del tiempo, mientras yo apenas podía pagar mi hipoteca y mi primer y único coche me traía de cabeza, él invertía sus elevadas minutas en inmuebles y coches de alta cilindrada. El lujo era su talón de Aquiles. Hacía mucho tiempo que no le veía, pero sabía por la prensa que a pesar de su antig¡edad y prestigio como abogado, sus negocios le habían apartado de los tribunales. Hoy todo el mundo lo ha visto en televisión esposado y con la cabeza cabizbaja. Hacienda acaba de licitar todos sus bienes. Ha sido mi detención más difícil desde que entré en la policía.

     
  • CÓMO CAVAR TU PROPIA TUMBA

    SANTIAGO J. LORENTE CASTILLO · LAS PEDROÑERAS (Cuenca) 

    Servicio común de notificaciones y embargos. Firma aquí, dijo sin mirarme el funcionario de turno antes de entregarme la copia de una demanda cambiaria. Tienes diez días. Un ejército de hormigas recorrió mi estómago y atravesó mi cuerpo hasta la nuca. Me estaban reclamando 45.850 euros más otros 13.755 para intereses y costas en una acción regreso, por un talón que me entregó aquella constructora para la que tan duro trabajé y concurrí en tantas ocasiones para, en su nombre, licitar todas aquellas obras públicas. A pesar de mi antigüedad y experiencia en la profesión, me sentí como un necio, más bien como un novato. La cabeza se me iba. Probablemente tendría que afrontar aquella deuda. El trabajo realizado y la minuta sin cobrar, pues la constructora ya había entrado en el concurso de acreedores que yo mismo había solicitado ante el Juzgado de lo Mercantil de Albacete.

     
  • Nueve letras: nostalgia

    Mikel Aboitiz · BERLIN (ALEMANIA) 

    Tres vertical: «licitar», rellena don Anselmo Segura y, aburrido, abandona el crucigrama. Lo coloca junto a la copia de una minuta varada entre capas de legajos superpuestos como placas tectónicas de remota antigüedad. Don Anselmo —nonagenario cansado de resolver crucigramas encerrado en su bufete— deja escapar una nube de humo por entre sus barbas amarillentas. Sus ojos azulados se entrecierran persiguiendo un rayo de sol que saetea la persiana bajada. El haz de luz se estrella en la puerta que conduce directa a sus recuerdos. Por ella entra frau Recht, la bellísima clienta que, medio siglo atrás, pusiera en sus manos un generoso talón y el caso que le dio nombre como abogado. El ventilador remueve en vano el aire viciado y don Anselmo, fatigado, ha descansado la cabeza sobre documentos jurídicos de valor arqueológico. De sus labios escapa un hilito de saliva y una sonrisa congelada en el pasado.

     
  • PRINCIPIO Y FIN

    ESTELA BRU SEMPERE · Elche (Alicante) 

    Aquella mañana se miró al espejo y comprendió que seguía siendo la misma. Tantos años de esfuerzo, de sacrificios, de noches en vela habían merecido la pena. Rememoró con nostalgia su primera entrada en la sala, sus nervios contenidos, su mirada que intentaba parecer segura. Su primer caso contra un ayuntamiento que pretendía licitar unas obras de forma fraudulenta. Su primera minuta, un talón de cien mil pesetas con el que pagó su viejo coche. Ladeó la cabeza hacia la luz, unas ligeras líneas recorrían su piel alrededor de los ojos. 35 años de antig¡edad, ¡¨quién lo iba a decir?. No sabía con qué llenaría, a partir de ahora, tanto tiempo libre.

     
  • ERROR DE CÁLCULO

    Joaquín Valls Arnau · Barcelona 

    Ayer se presentó en mi despacho, en un estado de gran agitación, el alcalde en persona. Según él, mi excelente reputación en la ciudad me convertía en el profesional idóneo para sacarle de un pequeño embrollo. Sin licitar, había adjudicado directamente el servicio de recogida de basuras a la empresa de su yerno; pero varios vecinos lo habían denunciado, advirtiendo que no descansarían hasta hacer rodar su cabeza. Dijo que por la minuta no íbamos a discutir, y depositó un talón en blanco sobre la mesa para que yo mismo escribiera la cantidad. Lo rechacé con un gesto, arguyendo que siempre le había votado y que mi admiración hacia su persona me impedía cobrarle. Él, sonriendo de medio lado, anunció que me enviaría a domicilio una de las valiosas antigüedades que colecciona. Se había tragado el anzuelo: hace años que sueño con ver a ese sinvergüenza entre rejas.

     
  • En la sala

    Joaquin Rodríguez Hurtado · Mutxamel 

    Relájate, tranquilo, espalda recta, cabeza en alto. Minuta de prueba preparada. Toga ajustada. Móvil apagado. Respira hondo. Recuerda: talón sin fondos, presentado al cobro. Relación subyacente: minuta de honorarios, inexistencia de presupuesto, antigüedad como cliente. Empieza: “Con la venia de Su Señoría...” El letrado comenzó su alegato con tono vibrante y convicción en la voz. Frente a él el Juez miraba distraído el expediente de una ejecución hipotecaria para licitar y el secretario ajustaba el contraste de la grabación sin atender. A su lado el procurador consultaba la pantalla iluminada de su móvil. Al fondo de la sala el agente tachaba de su lista el procedimiento.. En la sala solo el letrado, su ansiedad y el eco de su voz

     
  • Por los viejos tiempos

    Cristina Jover Acosta · MURCIA 

    Allí estaba de nuevo, intentando hacer la pelota al politicucho de turno, recién llegado al Consistorio, con esos aires de grandeza que gritaban a los cuatro vientos su disposición a corromperse. La antig¡edad allí era un plus pero para su objetivo, mejor un novel. Licitar unos terrenos que habían sido protegidos durante tantos siglos era difícil pero no imposible, el dinero lo pagaba todo y su talón estaba preparado. Ser abogado de una constructora tenía esas cosas, igual reclamabas un impago que buscabas los favores de los poderosos, la prevaricación y el cohecho no eran obstáculo y la minuta era sustanciosa. "¡Guzmán, su turno!", el grito le sacó de su ensimismamiento, le tocaba declarar. Movió las muñecas despacio, las esposas estaban demasiado ajustadas. La cabeza le explotaba.

     
  • QUÉ TONTERÍA, ¿VERDAD?

    ANTONIO TORIBIOS GARCIA · LEÓN 

    Le presenté la minuta y me miró de hito en hito, entre avieso y sorprendido. Se diría que dudaba entre clavarme una daga envenenada en el talón de aquiles o sacar la pistola y dispararme directamente en la cabeza. Metió la mano derecha en el bolsillo interior de la americana cruzada, pero emergió sin arma alguna; muy al contrario, portaba un buen fajo de billetes nuevos que fue depositando con parsimonia sobre mi escritorio de caoba, una antigüedad heredada que alguna vez había pensado licitar. En cuanto yo guardé el crujiente botín en la gaveta, se levantó, me estrechó la mano gravemente, y se despidió con un “hasta pronto” que me sonó amenazador. Una vez solo, corrí al salón y puse una película de Al Pacino en el reproductor. Vanesa dice que lo mío con el cine negro americano es ya adicción.

     
  • EL PAYASO

    Yolanda Nava Miguélez · León 

    Tenía la cuenta en números rojos y era casi fin de mes, así que, se olvidó de sus escrúpulos, marcó el teléfono y aceptó la oferta pensando en el talón que llenaría su nevera. Con una enorme peluca multicolor en la cabeza y el pantalón por encima del tobillo, no encontró rastro del abogado que era, qué sencillo había sido cargárselo –pensó-; para animarse se repitió que era algo temporal, pronto estaría otra vez en el bufete, licitando a favor de importantes clientes, con jugosas minutas, como antes. Cuando llegó a la fiesta, una niña rubia de ojos azules lo recibió crítica y protestona: “abuelo, abuelo, no me gusta este payaso, no parece de verdad”, el abuelo se acercó, examinándolo como se examina una valiosa antigüedad, lo olisqueó, y le susurró con disimulo: “Vázquez, quiero a estos niños felices, o no volverá a trabajar en el bufete”.

     
  • San Raiumundo de Peñafort del año 2014

    JoséLuis Gómez Gusí · MADRID 

    Era ya un acto típico en la mañana de la festividad del patrón de los Abogados, que un año más traía de cabeza a los organizadores, un rastrillo donde colegiados y extraños estaban invitados a licitar por aquellos objetos que llevaban a tal fin aquellos que se jubilaban y que no les importaba desprenderse de algunos de sus recuerdos. Se acumulaban libros y códigos obsoletos, derogados por la prolífica verborrea del legislador, minutas manuscritas de antiguos documentos, de caligrafía clara y olvidada, birretes, togas, plumas, tinteros, títulos, medallas y emblemas.., antig¡edades cubiertas de polvo, incluso el talón sin fondos que para abono de mis honorarios entregó mi propio cliente cuando el hecho era un delito tipificado en el Codigo Penal. Todo estaba allí, al final de mi vida, con la esperanza de obtener algún dinero que ayudara a mitigar mi magra pensión.

     
  • EXTRACCIÓN MORTAL

    JOSE VICENTE PÉREZ BRIS · Bilbao 

    El fiscal antidroga se enfrenta al mayor reto de la carrera profesional. Ha conseguido procesar al narco con más antigüedad dentro del cartel. Sin embargo, tiene el pensamiento en otra parte. Una muela le trae de cabeza. Pide cita en el odontólogo, sin saber que está siendo vigilado. Un sicario ocupará el lugar del galeno y el fiscal tendrá que licitar su vida con la muerte. En el sillón del dentista, todo hombre está indefenso. Es el talón de Aquiles del más valiente. El médico se presenta embozado con la mascarilla. Tras ella, sonríe enigmático. Reconoce la dentadura del letrado y le inyecta una dosis mortal de procaína en la encía. Tendrá el tiempo justo de abandonar la consulta, para morir en la audiencia. Una vez sentenciado y mientras se felicita por haber mitigado el dolor, el verdugo le entrega la minuta por el macabro trabajo.

     
  • Borrando huellas

    Carmen Agusti Grediaga · Barcelona 

    Aquello olía siempre a rancio. Las montañas de polvorientos expedientes se apilaban de tal forma que podrían licitar en un concurso para torres de Pisa, y más que un bufete penalista parecía un muestrario de antigüedades. Nervioso, eché el cuerpo hacia atrás, apoyándome en los talones, para comprobar de reojo a la recepcionista. Guardándome de que no levantara la cabeza, me puse a escudriñar disimuladamente el suelo. - Señor Gómez, ¿viene a pagarnos la minuta?– saludó mi abogado. - Así es- contesté sin apartar la vista de las baldosas. - Ha venido a buena hora, antes de que lleguen los agentes. Ayer entraron a robar dinero de la caja, pero por suerte no fue mucho. Em… de lo suyo… si lo necesita podemos resolverlo a plazos. - No, tranquilo, pero muchas gracias- le contesté eufórico. En un rincón de la habitación brillaba algo: ¡había encontrado el botón de mi chaqueta!