CREER

Ivan Garcia Corrales · Málaga 

Juan cerró el arrugado periódico que estaba leyendo y pasó una mano por su pelo cano. Supongo que aquella lectura sobre minutas ilegales, talones sin fondos, como licitar en subasta… acabó de minar su ya de por si desgastada paciencia. Juan ofrecía un aspecto imponente; bajo su poblada barba dormía la antigüedad de una juventud ya mermada. No era un hombre excesivamente viejo, pero era evidente que durante su estancia en prisión el tiempo lo había ido consumiendo, lentamente, a su antojo. Ese día, cuando asomó la cabeza por la cristalina ventana del bar, aquel traje negro con camisa blanca y corbata rojo fuego consiguió arrancarle una profunda sonrisa. Lo reconoció al instante: tras él se erguía, imperial, la figura del joven abogado de ojos claros que había conseguido su liberación. Todavía recuerda aquella conversación: “Juan yo creo en ti, y para quien cree no es necesaria ninguna explicación”.

 

 

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