LA CARTA

ANGEL TOMÁS HERRERA PELÁEZ · ALGECIRAS ( CÁDIZ ) 

Firmó el expediente con aquella pluma llena de antigüedad y secretos inconfesables, y de un sorbo tomo el café, que irreverente, reposaba sobre un talón con muchos ceros, al borde de una cordillera de documentos tintados de propósitos. Bajó las escaleras del despacho, y antes de encaminarse al CIE, rescató del buzón una arrinconada carta. En aquel hacinado lugar, regía la rutina de los papeles trenzados de vidas rotas, que olían a lágrimas secas. No quiso mirarle a los ojos, a duras penas atisbó su tez oscura, estrechando su mano con la suya, áspera y surcada de heridas. Sólo la minuta del próximo juicio que iba a licitar su corazón al mejor postor, le liberó de remordimientos. Alejándose, recordó el sobre dormido en su bolsillo, escondía un “gracias por ayudarme”, que le hizo girar la cabeza. Buscó entonces aquella mirada furtiva, rechazada… ya no había nadie.

 

 

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