ERROR DE CÁLCULO

Joaquín Valls Arnau · Barcelona 

Ayer se presentó en mi despacho, en un estado de gran agitación, el alcalde en persona. Según él, mi excelente reputación en la ciudad me convertía en el profesional idóneo para sacarle de un pequeño embrollo. Sin licitar, había adjudicado directamente el servicio de recogida de basuras a la empresa de su yerno; pero varios vecinos lo habían denunciado, advirtiendo que no descansarían hasta hacer rodar su cabeza. Dijo que por la minuta no íbamos a discutir, y depositó un talón en blanco sobre la mesa para que yo mismo escribiera la cantidad. Lo rechacé con un gesto, arguyendo que siempre le había votado y que mi admiración hacia su persona me impedía cobrarle. Él, sonriendo de medio lado, anunció que me enviaría a domicilio una de las valiosas antigüedades que colecciona. Se había tragado el anzuelo: hace años que sueño con ver a ese sinvergüenza entre rejas.

 

 

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